Autor: Dávila, Carlos. 
 Aunque ni el PNV ni la opinión pública le han ayudado. 
 Suárez ha ganado la batalla de la comprensión     
 
 ABC.    12/12/1980.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

Aunque ni ei PNV ni la opinión pública le han ayudado

Suárez ha ganado la batalla de la comprensión

SAN SEBASTIAN (Carlos Dávila, enviado especial).

En mal momento de las negociaciones ha tenido que cumplimentar Adolfo Suárez su encuentro con los medios informativos. Los niveles de disparidad en posturas enfrentadas han inducido al presidente a plantear una rueda de Prensa demasiado cauta, en ia que no se ha atrevido, diplomáticamente, a marcar distancias con sus interlocutores de estos días pasados. Han sido, pues, unas manifestaciones escasas de contenido que no han desvelado ni uno solo de los puntos oscuros que enturbian todavía el proceso estatutario y la misma vida política del País Vasco. Suárez se fia mostrado generoso y complaciente con el PNV y fo ha hecho con la intención, quizá, de enviar un mensaje de comprensión que sirva para despojar de las últimas tensiones los contenciosos que subsisten en dos aspectos clave que se están tratando Irenéticamente de resolver: la Policía autónoma y ios conciertos económicos.

El presidente ha tenido: sin embargo, ocasiones concretas de ofrecer información específica sobre ios avances en la lucha contra el terrorismo y ha contado también con más de una oportunidad, a mi juicio desperdiciada, para explicar los componentes que enmarañan y haoei muy poco intelegible el concierto económico del Estarjo con el Pais Vasco. Sin embargo Suárez, pienso que conscientemente, se ha quedado en la superficie. Ha insistido, sí, en que se opone radicalmente a la negociación con ETA, y ha dicho también que la única forma de conseguir la pacificación real del País Vasco es profundizar en la vía del desarrolló autonómico.

Ni siquiera su mención expresa a la dimensión temporal, que es precisamente objetivar para acabar con ia guerra terrorista, ha añadido un ápice de novedad ai problema. Le ha quedado al presidente por analizar cómo y en qué medida la última actitud, ciertamente más beligerante del PNV y ei cambio de mentalidad política que se está cejando ver en algunos dirigentes de EuskadiKo Ezkerra,. como Mano Onaíndía, pueden contribuir a conseguir el preciso aislamiento del fenómeno terrorista que se plantea corno inicia! bastión para su posterior derrota. Le ha faltado también, y al pronunciarse inequívoca, aunque prudentemente en contra de las medidas de gracia («no hay circunstancias ni motivaciones gue permitan siquiera programarlas como hipótesis de trabajo»), detenerse en el análisis de la resolución del Parlamento vasco, resolución prácticamente inédita y desconocida en estos días que proclama, precisamente, la adecuación de tales medicas a la actual situación vasca. Recuérdese que la mayoría de este Parlamento, y mayoría no relativa, la ostenta precisamente el Partido Nacionalista Vasco. Por esto su proclama encendida; vamos a erradicar el terrorismo sin la menor duda» suena en este tiempo y en este ambiente más a, una aspiración, quizá optimizada por los últimos y evidentes éxitos policiales, que a una posibilidad concreta de lograr el objetivo que se persigue. La repetición de esta frase, a rni juicio, no va a ayudar a que el pais tranquilice su exasperación por el machaque constarle de las organizaciones armadas.

«ENTENDER EL DESENTENDIMIENTO»

En los dos puntos en los que Suárez ha sido necesariamente más críptico ha sido el de Pericia y si de conciertos Las negociaciones prosiguen, aunque el miércoles, desde Vitoria, se lanzará un mensaje de nueva ruptura. Suárez, en el lema del Tráfico, clave para «entender el desentendimiento»,ha asegurado ambiguamente que «espera que en corto plazo se solventen las discrepancias y pueda suscribirse un acuerdo». No obstante y a pesar del positivo protagonismo de Manir Villa en las negociaciones, no existen ahora mismo buenas noticias que ofrecer para este problema. Los vascos continúan insistiendo en su intención de exclusividad en el control de tránsito por las carreteras del territorio, mientras el Estado pretende lograr que sus fuerzas puedan actuar siempre y cuando Sas circunstancias lo aconsejen. En el fondo, los negociadores madrileños desconfían de que las Fuerzas de Seguridad autónomas se basten y sobren para evitar que los terroristas campen por sus respetos por los caminos rodados de estas tienas. Tal argumenta basado quizá en la razón, se opone, sin embargo, a la letra de) Estatuto, concedido, firmado y aprobado, sin medir desde el Gobierno Central cuál sería, como está siendo, el auténtico alcance del articulado inscrito en él.

Suárez: «Mi estancia en el País Vasco ha servido para establecer un nuevo factor de normalidad»

En ef tema de ios conciertos, cada oda parece que más oscurecido por la complejidad, Suárez ha sido algo más explícito. Pero no lo suficiente. Ha asegurado que «se Jrata de un mandato constitucional y estatutario que hay que cumplir» y que «el retraso se debe a dificultades técnicas» y qje, «en t^imo caso, los conciertos una vez consensuados bílateralmente tendrán que pasar por el trámite de un proyecto de ley en las Cortes Españolas». Se Je ha preguntado cómo habrá que explicar al resto de España e) auténtico contenido de un régimen económico que es absolutamente diferencial. Y e! presidente, sin entrar en consideraciones específicas, fia afirmado «que el Gobierno defenderá con cariño y firmeza unos conciertos que se deben por ley» y que «no cree que puedan existir denuncias de í¡> solidaridad por parte de otras regiones-, menos favorecidas con tratos preferenciales en las que, desde luego —esto hay que pensarlo de antemano—, se suscitarán recelos y fundadas envidias». En directa relación cor este lema Suárez ha contestado a una pregunta sobre )a actualidad económica de esta comunidad autónoma Hay cue recordar a este respecto que el presidente se Iteva a

pendiendo a otra cuestión, definir sustantivamente su via^e ai País Vasco, aunque, naturalmente, ha negado que «hubiera resultado un fracaso". Ha insistido, desde Juego, en que «no he venido aquí para llegar necesariamente a un acuerdo», también en que «deseo profundamente que la ley de Conciertos- pueda ser enviada cuanto antes al Parlamento» y, finalmente, en que creo que mi estancia aquí ha servido para establecer un nuevo factor de normalidad al proceso autonómico». Ésta afirmación es, según me parece, ta más correcta de las pronunciadas por ei presidente. Dejando a un lado los éxitos concretos, que no existen por ahora, se debe valorar positivamente este viaje de la distensión que puede haber servido, creo que ha stóa así. para disipar algunos recelos, pero no lorias Jas desconfianzas mutuas. Falta ahora que el Estado, -según ha prometido públicamente al presídeme, se haga más presente en el País Vasco» y que exista en adelante una mayor y más cualificada sensibilidad para tratar a estos hombres y estas tierras que padecen, esto es indudable, de crónica incomprensión en el resto de España.

Poco más han dado de si tos cuarenta minutos de esta tercera conferencia de Prensa desde que Suárez decidió salir de su aislamiento palaciego. Es pronto para realizar con justeza un balance dei viaje «de Estado y de Gobierno» que se ha cumplido —¡qué importante es entender esto para enjuiciar ios resultados!— en condiciones poco propicias. Ni ei PNV, si que Adolfo .Suárez ha tratado con exquisita cordialidad en este contacto con los penodistas («he encontrado la máxima colaboración»), ni fa opinión pública, ausente de la actualidad más comprometida, han ayudado a una estancia, traumatizada mínimamente por mil contratiempos cotidianos, que deben ser explicados en posteriores días. Óesóe eí País Vasco ha marchado un Suárez afónico, que ha ganado la batalla de la comprensión, y algún «round» Birla credibilidad, y ha perdido, ante los medios informativos. Ja de la claridad. Su política de no aumentar las tensiones es, en asle preciso irstarile pofdíco, aceptable, pero su (aitá de concreción pública y, sobre todo, la escasa profundización en la problemática que está impidiendo el acuerdo no es buena terapia para infundir más confianza. Y ésta se precisa tanto, al menos, con la culminación pronta de unas conversaciones largas y densas que parecen no acabar por bagatelas semánticas o temores mutuos.

 

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