La Iglesia quiere atenerse también a las reglas de juego de una sociedad democrática  :   
 Carta cristiana del cardenal Tarancón sobre la libertad religiosa en la escuela. 
 Ya.    19/11/1977.  Página: 36. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

YA — Pag. 36

INFORMACIÓN RELIGIOSA

"La Iglesia quiere atenerse a las reglas de juego de sociedad democrática"

"En cualquier modelo educativo que se establezca deberá ofrecerse una opción

clara para que los alumnos no católicos y aun los católicos cuyos padres

renuncien libremente a la enseñanza religiosa en el ámbito escolar, puedan

escoger una formación moral apropiada"

CARTA CRISTIANA DEL CARDENAL TARANCÓN SOBRE LA LIBERTAD RELIGIOSA

EN LA ESCUELA

I9-XI-77

Bajo el titulo "La libertad religiosa en la escuela", el cardenal Tarancón

publica esta semana en "Iglesia en Madrid" su octava carta de la serie "La

educación en una sociedad democrática". Dicha carta dice así:

"El reconocimiento de la libertad religiosa es un deber primario de toda

autoridad político-social. Es la base de un régimen auténticamente democrático

que, al defender las libertades de todos los ciudadanos, debe proteger, ante

todo, la libertad del hombre a obrar según su propia conciencia.

Si en otras épocas, por razones político-religiosas -en nuestro caso concreto de

España porque se confundió prácticamente catolicismo y patriotismo-, tan sólo se

toleraban, y de mala gana, otras afirmaciones o confesiones religiosas,

actualmente -y la postura del Concilio Vaticano ha sido clara y explícita-, aun

en el caso concreto en que una confesión religiosa fuese mayoritaria y mereciese

una consideración especial por razones de bien común, se ha de salvar siempre y

eficazmente el principio fundamental que es el reconocimiento de la libertad

religiosa en el ordenamiento civil.

LIBERTAD RELIGIOSA Y ESCUELA

Es lógico, por lo tanto, que en el modelo educativo que se establezca y en el

que la enseñanza

de la religión católica forme parte de los planes de estudio de los niveles

educativos correspondientes a niños y adolescentes, se ofrezca una opción clara

para que los alumnos no católicos y aun los alumnos católicos, cuyos padres

renuncien libremente a la enseñanza religiosa en el ámbito del centro escolar,

puedan escoger una formación moral apropiada, sin que se establezcan

discriminaciones de ninguna clase.

La fe ni debe ni puede imponerse. Y la educación en la fe católica es

exclusivamente para aquellos que la han aceptado libremente y quieren

comprometerse con ella.

La Iglesia no quiere ninguna situación de privilegio. Tiene, sin embargo, la

obligación de defender los derechos de sus miembros y de cumplir con su deber

respecto a ellos.

No sirven modelos antiguos ni procedimientos preconciliares para solucionar loa

problemas actuales. La Iglesia quiere atenerse también a las reglas de juego de

una sociedad democrática. Pero sin renunciar, como es lógico, a lo que no puede

renunciar: a predicar libremente el Evangelio y a formar a todos sus miembros

según la fe que han aceptado.

No puede olvidarse tampoco la tradición cultural y religiosa de un pueblo, como

no pueden ni deben olvidarse los distintos elementos que han configurado su

carácter y su historia. Sería una traición histórica que siempre se paga cara.

LA ENSEÑANZA RELIGIOSA

COMPETENCIA DE LA IGLESIA

Es evidente que la enseñanza de la religión católica en las es-cuelas debe

impartirse "en conformidad con la doctrina de la Iglesia", reconociendo

explícitamente la competencia que corresponde a la Iglesia sobre la misma y

sin reducirla a una mera información descriptiva del fenómeno religioso.

No es difícil encontrar la solución adecuada para que el Estado y la Iglesia

cumplan con su propio y específico deber, sin injerencias inaceptables por

ninguna de las partes, pero con la suficiente autonomía y libertad para que

pueda conseguirse el objetivo que está reclamado por la conciencia y la voluntad

de los padres.

GARANTIZAR LA LIBERTAD

Y es relativamente fácil como en otros países, garantizar la libertad de los

padres para que puedan escoger, en este aspecto, la formación que prefieran para

sus hijos, en igualdad de oportunidades para todos y sin coaccionar en lo más

mínimo a unos o a otros.

Es verdad que la mentalidad de muchos españoles esta condicionada por hechos y

prácticas anteriores. Y no todos comprenden fácilmente ese clima de libertad que

la misma Iglesia proclama. Todos habremos de irnos acostumbrando a las nuevas

exigencias de esta sociedad democrática que ha elegido claramente el pueblo

español y a las nuevas orientaciones que ha proclamado el Concilio.

Será tarea de todos el ir formando, poco a poco, la conciencia de los españoles

-católicos y no católicos- para que sepamos respetarnos mutuamente y sepamos

atenernos a las exigencias del nuevo estado de cosas."

 

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