Bombas contra la cultura     
 
 ABC.    13/07/1980.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Bombas contra la cultura

El salvaje atentado terrorista contra ia Universidad de Navarra, algunas de cuyas dependencias han resultado prácticamente destruidas por las cargas explosivas "de ETA, eleva hoy a una imprevista cúspide de indignación los sentimientos de la opinión pública.

El terrorismo, a su vez, acaba de alcanzar, con este crimen, una de sus culminaciones más repulsivas y más degradadas.

Las bombas terroristas atacan ahora y arrasan las instituciones culturales. Porque la Universidad de Navarra —con independencia de la particular ideología que fue motor de su fundación— era centro cultural de indiscutible importancia y de prestigio indiscutible.

Agotados no en su número, pero sí en su significación cualitativa, todos ios crímenes contra las personas, ejercidas todas las extorsiones criminales contra sus propiedades por la vía del impuesto revolucionario, con acciones directas e indirectas, ensayada la criminalidad contra el bien común de la economía nacional, herida ya gravamente en el sector turístico, sólo le quedaba al terrorismo arremeter de modo enloquecido, con decisión brutal, contra la cultura. Y también, lamentablemente, el terrorismo ha conseguido este objetivo.

La suma abrumadora, increíble, escandalosa, de los ataques del terrorismo etarra contra la vida, contra la subsistencia de la comunidad nacional, de España entera, de la cual es una parte el País Vasco, toda esta sangrienta y criminal suma está demandando a gritos una rápida reacción de las autoridades que agote las posibilidades todas de una lícita aplicación a los terroristas del máximo rigor de la Ley. Es decir, de la única respuesta que por serlo en defensa de la Ley, del orden, de la sociedad, ni puede ser discutida ni puede ser equivocada o confundida con ninguna de las manifestaciones de violencia en las que se consuman los delitos, los crímenes, los asesinatos, las voladuras, las explosiones, los incendios.

Para vergüenza y cuipa de quienes se hayan acogido a esa fórmula de confusión e inmoral maquiavelismo, al amparo de la hipócrita declaración de condena de la violencia, «venga de donde viniere», se han consumado todas las violencias del crimen y se han contenido todos los legítimos castigos a los criminales.

El país entero, la ciudadanía española en números de mayoría absoluta, está ya mucho más que harta del intento inútil, siempre frustrado, de corregir el terrorismo, de intentar desactivarlo con la estúpida utopía de los remedios políticos. Por lo que se clama en todas las calles españolas, en todas las ágoras de honrada ciudadanía, es por la aplicación al terrorismo de remedios policiales, de castigos penales, que termine aterrorizando a los terroristas.

Y, naturalmente, también clama la opinión pública en favor de una valiente y decidida acción gubernamental que haga caer todo el peso punitivo de la Ley sobre los partidos políticos que encubren y disculpan a los terroristas, que tienen vinculaciones con ellos. Contra las personas que hacen apología del terrorismo, sea donde fuere el lugar en el que plantan su tribuna y ponen paño al pulpito.

Alguna vez será obligado decir de verdad y con todas las consecuencias: «¡Basta ya!» Algún día deberá lanzarse en el Congreso la clásica indignada pregunta que expulsó a Catilina. Algún día, antes de que la ETA dinamite a España entera, quienes representan a la entera España, tendrá que responder a la guerra terrorista con adecuados medios de réplica.

 

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