Autor: Cort, César. 
   Todavía quedan cornisas     
 
 ABC.    19/03/1960.  Página: 46. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

19 DE MARZO DE 1960.

TODAVÍA QUEDAN CORNISAS

Quedan muchas cornisas que no se han caído. Pero ya se caerán. Y quizá algunas no puedan esperar,

amablemente, a que no pase nadie por la callo, para, decidir su desprendimiento, como por fortuna ha

ocurrido tantas veces. Como si la Providencia quisiera prodigar sus avisos antes as que se produzca una

catástrofe espantosa, de la que todo esto son indicios racionales.

Porque las casas no están integradas por aleros, balcones, voladizos y leves adornos de fachadas, de los

que poco a, poco se van aligerando, sino que el fallo puede sobrevenir en elementos fundamentales de la

estructura, desde la techumbre hasta los cimientos.

A fuerza de repetir con obstinada machaconería una serie de conceptos erróneos, que convendrá

reconsiderar, las gentes se han llegado a convencer de que las casas no pueden caerse nunca. Se ha creado

un estado general de insensatez pública que ojalá no tengamos ocasión de lamentar. Y nadie se va de las

casas que se están cayendo, porque ellos tienen derecho a vivir, cuando en realidad parecen defender el

derecho a morir aplastados.

Un día—de esto hace ya cerca de cuarenta años—recibí la llamada angustiosa de un cliente al que se le

caía un edificio en los barrios bajos. "¡Venga, por favor! ¡Se ha derrumbado la esquina en la planta baja "

Me quedé aterrado. Parecía milagroso que no se hubiera caído del todo, Se sostenía por la clavazón, que

.permite que estén en pie esas casas entramadas de madera, desplomadas por todos lados, como las sillas

desvencijadas que no se acaban de romper.

El proyecto para una finca capaz para diez familias en el lugar donde ¡habitaban cuatro hacía tiempo que

estaba corriente, pero las obras no se podían comenzar porque los inquilinos no se marchaban. Los

moradores debieron creer que la declaración de ruina era una habilidad del casero para echarles. Fue inútil

cuanto hice para convencerles de la temeridad que suponía permanecer allí. Entregué sendos oficios en el

Juzgado de guardia y en la Tenencia de Alcaldía del distrito. Me hicieron tanto caso como los inquilinos.

Yo creo que los consideraron como una audaz martingala de técnico.

Cuando fui a ¡ratificarme ante el Juzgado competente, siguiendo la rutinaria y cachazuda fórmula judicial,

la casa se había derrumbado. Pero sin. víctimas.

Continuamos igual. A las casas ruinosas se les sigue un expediente que durar meses y años, con el

plausible propósito de amparar a los inquilinos en ciertos derechos menores, con olvido del fundamental,

que es el de existir, para el que no so les ofrece garantía alguna.

Hay que albergar con urgencia, en edificios que ofrezcan seguridad, a aquellos que viven en tales

condiciones, aunque de momento se les causen molestias o incomodidades. Pero lo que no se puede

permitir es que vivan en amenaza constante de perder sus vidas. Por otro lado, se impide o retrasa la

construcción de viviendas nuevas y quizá en mayor número do las que han de desaparecer.

¿Dónde está en estos casos el verdadera interés social? Es urgente poner coto a una serie de falsos

conceptos que son perniciosos para el buen orden de la sociedad, Y entre ellos ocupa lugar preeminente la

restitución de la equidad, por causa de utilidad pública, en las relaciones contractuales de la propiedad´

urbana. Hay que separar el concepto de vivienda, para, los efectos de la congelación de alquileres, de

todos los locales de negocio, sean do la naturaleza que sean. Y hay que permitir rápidamente el aumento

de alquileres, tomando como base lo que se paga actualmente por todos conceptos, habilitando fórmulas

sencillas. Porque hacer un recibo de inquilinato en estos tiempos exige más cálculos que los que con"

gran base científica emplea un funcionario técnico de Aduanas para cobrar los derechos de importación

de una mercancía.

Toda la sociedad está interesada en qua las casas que existen se conserven lo mejor posible, tanto las

viejas como las nuevas, y eso no se logrará mientras los propietarios no dispongan de medios económicos

¡para sostenerlas, es decir, sin que los alquileres tengan el nivel que les corresponde en la coyuntura

económica de cada momento. Si en el comercio y en la industria se estima que la liberación es

conveniente para todos, en la edificación ocurre otro tanto.

los arquitectos tenemos el deber de hablar claro al público y a las autoridades. El problema de la vivienda,

después del inmenso número de las construidas últimamente, está en sazón para ser-acometido de frente y

sin miedo, a los que voceferan sin saber muchas veces cuál es su verdadera conveniencia.

Y, por añadidura, ante las desgracias que un día y otro se producen como consecuencia de que los

edificios se desmoronan por no -¡poder soportar condiciones climatológicas adversas, debemos insistir en

que se tomen medidas drásticas para impedir que continúen habitadas las casas peligrosas, aunque

parezca que de momento puedan sostenerse. Por mi parte, no quiero aceptar la más leve responsabilidad

ante el caso, muy posible, de hundimientos de edificios insensatamente ocupados—César CORT.

 

< Volver