Autor: Urbano, Pilar. 
 Un ex ministro, procurador para la prorroga reformadora. 
 Monreal Luque: primero, que se formen los partidos políticos     
 
 ABC.    24/02/1976.  Página: 9-10. Páginas: 2. Párrafos: 45. 

ABC. MARTES 24 DE FEBRERO DE 1976. PAG. 9.

ENTREVISTA POLÍTICA

UN EX MINISTRO PROCURADOR PARA LA PRORROGA REFORMADORA

MONREAL LUQUE: PRIMERO, QUE SE FORMEN LOS PARTIDOS POLÍTICOS

• «La apertura por rendijas no la quiere nadie»

• «Europa es una vocación y una necesidad, pero no una imposición democrática»

• «Urge definir una política económica coherente»

Ex ministro de Hacienda, economista de insoslayable vocación política, demócrata-cristiano —

«cristiano» sin equívocos—, directivo de la asociación U. D. E. Es un hombre cordial, sensitivo, capaz de la impasibilidad y de la vehemencia. Concilla fácilmente su devoción al logaritmo matemático y su respeto al silogismo filosófico.

Tiene la estupenda virtud de hablar bien de los ausentes. Y de los ausentes de otro color político. El Rey Don Juan Carlos le ha designado como procurador de una legislatura parlamentaria doblemente prorrogada, sin duda para que apreste su talento y experiencia en la fase «constituyente» de la .reforma ya en marcha.

Hablamos en un salón de su casa madrileña, octavo piso sobre la avenida del Generalísimo. Son tas ocho menos veinte de la tarde.

—El Rey le ha designado procurador en la difícil prórroga de la reforma constitucional. ¿Cómo se conseguirán unos cauces representativos más vitalizados? ¿De qué forma se logrará que las voces parlamentarias sean las voces del pueblo español?

—Creo que eso se ha de conseguir con el establecimiento de una verdadera democracia, que para mí consiste esencialmente en la trasposición de los intereses Individuales en un orden conjunto.

—Concrete un poco más, señor Monreal.

—Concreto más: se ha llegado a un momento en que la representatividad sólo puede alcanzarse mediante la elección por sufragio universal directo y secreto de la Cámara Legislativa, que —como usted apuntaba— ha de desempeñar la función básica en la difícil y necesaria tarea de transformar el País políticamente.

ESPAÑA i EUROPA

—¿Cree usted en la viabilidad de una transformación democratizadora resultante de un desafio exterior?

—La transformación de nuestra estructura política no debe entenderse de ninguna manera como el cumplimiento de condiciones exigidas por otros países. La democratización de la vida política española viene impuesta por nuestro propio pueblo, que ye en ella una fórmula adecuada de convivencia política y la única vía en nuestro tiempo de legitimación del Poder. Europa es otro tema. Europa es una vocación y una necesidad; pero, sobre todo, una participación real ya efectiva.

Pensar que Europa nos impone una democracia en contra de nuestra voluntad es un falso enfoque del problema que trataría de crear un conflicto donde no existe. Lo que ocurre es que la mayoría de los españoles participamos en una perspectiva común, en una idea común, con los demás • europeos de Occidente de lo que debe ser la democracia y de cómo puede organizarse nuestra libertad.

—Y ¿cómo «organizar la libertad»? ¿Asociaciones a la española o partidos a la europea?

—Yo creo en la necesidad del pluralismo y de la participación política a través de grupos que se articulen en torno de una ideología común y ofrezcan un conjunto coherente de respuestas a la realidad española. La situación política española es lo suficientemente delicada para que resulte obvia cualquier disquisición de carácter terminológico.

Lo realmente importante es que se reconozca a todos los españoles el derecho a agruparse para la acción política, que no se- niegue a ninguna ideología este derecho siempre que acepte unas • normas básicas de convivencia social y los principios fundamentales del juego democrático.

—Sean asociaciones, sean partidos, ¿cuántos?

—El número de partidos no puede prefigurarse. Personalmente creo que en cuatro o cinco formaciones políticas podrían encontrar los españoles un espectro suficiente de ideas y soluciones capaces de representar sus posturas personales.

LA REFORMA

—Como usted no forma parte d« «los dieciocho», sin cargo de conciencia ni obligación de «reserva» puede opinar sobre los aspectos en que deba operarse la reforma constitucional.... según su leal entender. ¿Qué cirugía ha de aplicarse al sistema para dulcifica´- el autoritarismo aún vigente?

—Mire, Pilar, yo creo que los tiempos del despotismo ilustrado ya han pasado. Una reforma constitucional en que no participen debidamente representados todos los españoles, ni es justa, ni puede ser eficaz. Ahora bien, yo me atrevería a distinguir en la reforma aquellos aspectos que .se refieren a los cauces de participación y de manifestación política, del resto de su problemática. Para los primeros existen y» unos valores objetivos, un cierto consenso que permite que sean abordados con carácter previo.

La reforma constitucional debe comenzar con la organización de la participación política a través de todas

las agrupaciones y partidos en que los españoles quieran encuadrarse y en una generosa apertura de medios para . !a Ubre expresión de las opiniones de todos. De esta manera puede habilitarse una primera línea de participación y de legitimidad en la acción; ya que, a mi juicio, avanzar en los derechos1 individuales de carácter social, sin darse cauce a que se formen los partidos políticos, es tanto como avanzar en la disolución de la sociedad; dejarla en manos de unas minorías activistas.

—¿Le panece que los españoles, en su mayoría, son partidarios de Imprimir celeridad al cambio... o. más bien, se indinan hacia un conservadurismo de «las cosas como están», con una apertura por rendijas y sin riesgos?

—Creo que existe la conciencia generalizada de la necesidad de un profundo cambia político en el país. El español quiere una pronta transformación de nuestra, vida política, porque está ansioso ff vivir un presente estable. La apertura por rendijas no la quiere nadie. Existen, como en todos los países, conservadores y reformistas. Las situaciones equívocas no son buenas. No se trata de rechazar nuestra propia historia, sino de alcanzar sobre ella una. nueva etapa; de crear sobre su aportación una nueva sociedad.

—¿Pregunto ahora al economista, ex mi-

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ENTREVISTA POLÍTICA

• « U. D. E.: Nos gustaría constituir un gran partido poli-tico en esta línea demócrata cristiana»

• «A partir de ahora, el pueblo español marcará la pauta de nuestra historia»

• «No se puede despojar al individuo de la iniciativa empresarial... de otro modo se destruirían su responsabilidad y su libertad»

nistro de Hacienda, sobre un tema preocupante: el tema.

—¿El momento económico?

—Exacto. La Inflación, el paro... el fantasma de un paquete de medidas que nos hace temblar aun antes de

conocerlo. ¿Qué opina usted, sinceramente?

—Considero, en efecto, que nuestra actual situación económica es lo suficientemente delicada como para que deba reclamar una atención verdaderamente primordial por parte del Gobierno. Me preocupa el proceso de aguda inflación a que está cometido el país y el grado de desocupación creciente de nuestra estructura productiva, especialmente en lo que se refiere a los altos niveles de desempleo que sufre nuestra clase trabajadora, alarmante en algunas regiones españolas. En sectores de Andalucía se registra ya el 9 por 100 de paro. A mi juicio, resulta de extremada urgencia la definición de los objetivos coherentes de, una política económica que aborde con´decisión ambos problemas. Hoy más que nunca nuestra economía está exigiendo el establecimiento de un marco definido y estable en el que nuestras empresas, sin sobresaltos, puedan desarrollar adecuadamente su actividad.

—Y la devaluación de nuestra moneda, ¿soluciona la situación; aunque sea como parche de coyuntura, o la agrava más?

—Aunque el efecto inmediato es la agravación de la inflación, hay que esperar a ver el resto de las medidas económicas para evaluar el impacto estimulante que pueda llegar a tener sobre nuestra actividad económica. Pero si se quiere lograr uta recuperación económica a corto plazo, en mi opinión, son los componentes de la demanda interna los que han de jugar un papel decisivo. Y esa recuperación de actividad económica es imprescindible hoy para mitigar el desempleo.

GRUPOS PARLAMENTARIOS

—Volvamos al tema de las Cortes. ¿Qué significará, realmente, la presencia de grupos parlamentarlos dentro de la Cámara? (Observo en Alberto Monreal una cierta timidez a la hora de pronunciarse sobre el tema de las Cortes. Una especie de prudente respeto por no ejercer... antes de jurar. Me parece bien.)

—La agrupación de parlamentarlos, según su participación en una cierta perspectiva de la realidad española y una base común de pensamiento, representa un paso muy positivo en el proceso de articulación pluralista de la acción política en España.

Los grupos parlamentarios, por otra parte, racionalizan y agilizan el desenvolvimiento del poder legislativo, al tiempo que identifican y definen a los procuradores, aclarando y enriqueciendo su actuación pública.

—¿Es usted partidario de fusionar la tJ. D. E. a otros grupos políticos ya existentes, o de mantenerla en solitario, «ver-sus» partido político Independiente? . —Unión Democrática Española es un partido de ideología democratacristiana.

Hemos dicho en reiteradas ocasiones, tanto a nivel personal como a nivel de grupo, que nuestro deseo es el entendimiento con todas las formaciones políticas que participan de esta misma ideología. No tenemos, como ve, vocación de «independencia»; por el contrario, nos gustaría llegar a constituir un gran partido político en esta línea.

(Me había parecido oír «U. D. E. es un partido de ideología...». Después, al rebo-binar la cinta, compruebo que escuché bien. Monreal Luque dijo que U. D. E. es un partido. ¡Bien: las cosas, por sus nombres y sus apellidos, y así nos entenderemos todos!)

ESQUEMAS DE PARTICIPACIÓN

—Usted fue ministro de Franco. Desde dentro del «franquismo», ¿quién frenó en su momento la reforma? ¿Por qué se pusieron cerrojos a la democracia?

—Cuando la estructura institucional del poder político está disociada de la verdadera base política es difícil que puedan llevarse a cabo reformas profundas. Yo podría hablarle muy extensamente acerca de este tema, pero mis conclusiones no serían significativamente distintas de las

que están en la mente de todos. Las reformas necesitan de apoyo democrático institucionalizado que las haga posibles, y por eso resulta necesario poner a punto cuanto antes unos esquemas de participación política que permitan adecuar la estructura del poder a la voluntad ciudadana.

(Ha gallegueado Monreal Luque en la respuesta. Se lo digo v sonríe; pero insiste: «está en la mente de todos...»)

—El cambio democrático aún es esperanza. Pero cuando llegue, ¿exigirá un cambio de piel política a los hombres —tantos, tantos— que sirvieron al régimen de Franco?

(Hace una pausa larga. Incluso llego a creer que no me ha oído. Juguetea con su bolígrafo de oro.

Después, mientras se lo guarda, me habla con voz grave, reflexiva, slncerísirna.),

—Creo que todos los que ´hayan sido honradamente consecuentes con sus ideas no sólo no tendrán que cambiar de piel, sino que deberán mostrarla con el legítimo orgullo de quien ha puesto sus/esfuerzos y sus creencias al servicia del país.

EL PUEBLO MARCARA LA PAUTA

—¿Se piensa en contentar al país? ¿Se hará política para el pueblo y con el pueblo? ¿Lo cree usted?

—Hoy, -en España, cualquier planteamiento político que no reciba el apoyo de la mayoría está condenado de antemano al fracaso porque, como ya se ha dicho hasta la saciedad, la época de los personalismos ha terminado definitivamente. El pueblo español, en el pleno ejercicio de sus libertades democráticas, es quien, u partir de ahora, ha de marcar la pauta de ia .historia. Eso es Irreversible.

Monreal Luque es un hombre que viene a desarrollar unas catorce o quince horas de trabajo y estudio cada día. Duerme poco, lee mucho. Los fines de semana, siempre que puede, hace una escapada al campo para pescar o cazar. Tiene, en la habitación donde charlamos, infinidad de retratos familiares y montañas de libros apilados en el suelo, junto a la chimenea, decorando la librería...

—Leo por la noche. Mire, ahora estoy con esto...

Me enseña un viejo tomo de «Discursos académicos de Castelar». Muy adecuado. Y otro de «Un monárquico: Martínez de la Rosa>. Muy actual. Y aún un tercero, de edición recentísima: «Desde la derecha».

—Un descuido imperdonable, don Alberto: |el hombre! Tanto hablar de economía, de sociedad, de democracia.... ¿y el hombre?

—;Ah! Si con todas estas reformas no se salva al hombre, al individuo de la absorción abrasiva del Estado, ¿qué hemos hecho? El Estado no puede absorver al individuo. Ese es el estado totalitario, esencialmente anticristiano. ¿Por qué?, pues porque las consecuencias de un orden de acción organizado colectivamente es la destrucción de la responsabilidad individual y la pérdida de la libertad.

Mire, Pilar, yo soy católico, y son lndivorciables en un hombre medianamente coherente su concepción política y económica y su sentido trascendente de la vida, la sociedad se salva en colectivo, pero el hombre se salva en solitario. Ko sé si me explico... En economía, sin ir más lejos, se puede ser de izquierdas o de derechas, pero no se puede despojar al hombre no digo ya de la propiedad privada, garantía de su libertad, sino de la iniciativa empresarial. Y me preocupa ver que por días se está yendo a una contraposición entre individuo y sociedad olvidando, sepultando el concepto de lo individual.

Y Alberto Monreal Luque —en pie ya mientras me decía estas últimas cosas— tiene ahora un súbito apasionamiento, un brillo esencial en los ojos que le quita años, que le da empuje. El hombre que no Improvisa una sola respuesta, aue habla con un bolígrafo de oro en la mano y un manojo de cuartillas cerca, ha puesto un estupendo acento de vehemencia en su Im-pasilble equilibrio. Deben ser torrentes de fe convencida, que le van y le vienen twr las venas del alma.—Pilar URBANO

 

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