Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   La Constitución, al descubierto     
 
 Informaciones.    23/11/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA CONSTITUCIÓN, AL DESCUBIERTO

Por Abel HERNÁNDEZ

LA filtración del texto constitucional, según los responsables, ha ocurrido en

el momento más inoportuno. El martes que viene se iban a reunir en un lugar

apartado los siete ponentes para intentar codificar las discrepancias. Ahora,

las discrepancias pueden aumentar de forma considerable y el consenso necesario

puede estar más lejano. Si la revelación hubiera ocurrido después de la segunda

lectura, el hecho habría tenido menor importancia. Menos mal que todavía no se

ha dado a conocer el apartado sobre autonomías. Es probable que el señor Boca

(catalán) tuviera que abandonar la ponencia. Es sólo un ejemplo: El señor Peces

Barba, del P.S.O.E., también ha quedado en una posición desairada.

Efectivamente, como no podía ser por menos, no se trata de una Constitución

socialista.

Se ha roto el secreto. «Cuadernos para el Diálogo» ha obtenido un éxito

informativo resonante. No son los periódicos los que tienen que guardar el

secreto. La obligación de la Prensa es informar con la máxima objetividad. Desde

el punto de vista informativo hay que felicitar a «Cuadernos». ¿Quién ha

quebrado el compromiso de silencio? Parece seguro que, directamente, ninguno de

los siete ponentes, que están literalmente indignados por el hecho. Ninguno de

ellos es un irresponsable. El socialista Peces Barba ha roto inmediatamente sus

vinculaciones con «Cuadernos» para que no recaiga sobre él ninguna sospecha. Las

sospechas apuntan en dos direcciones: algún funcionario de las Cortes o alguien

de la comisión del P.S.O.E. que se reunió este fin de semana en Madrid para

estudiar el borrador de la Constitución. Parece que este partido repartió un

centenar de fotocopias, según insinúa el señor Fraga. Pero todo son cábalas.

La pregunta que se hacen esta mañana los observadores es: ¿Para qué ha servido

tanto secreto? ¿Era necesaria tan exquisita discreción? ¿Quién podía soñar con

que no se filtrara el texto cuando empezaran a discutirlo los partidos? ¿No

convenía abrir las ventanas? Parece que en vez de tanto lamento -seguramente

justificado-, los «siete magníficos» deberían acelerar su reunión, sin esperar

al martes, y ponerse inmediatamente de acuerdo en las discrepancias. Aprobado el

borrador en segunda lectura antes de que haya nuevas revelaciones, se evitarían

males mayores. Por lo visto, es cierto que las consecuencias del pisotón pueden

afectar a la misma convivencia democrática. Hay que evitar a toda costa que la

filtración se convierta en un torpedo contra la Constitución por consenso. Su

aspecto positivo es la clarificación.

Sea como sea, el debate constitucional se ha abierto. El discurso medido del

cardenal Enrique y Tarancón en la apertura de la asamblea de los obispos

contribuye también a esta clarificación. No hay marcha atrás del Episcopado,

como algunos han interpretado precipitadamente. Es un hecho real que la mayor

parte de los españoles son católicos. La Constitución debe tener en cuenta esta

realidad si no se pretende que quede escrita sobre la arena. La Iglesia,

lógicamente, ataca. Y hace bien. No es imaginable una Constitución confesional,

pero tampoco una Constitución socialista.

 

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