Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
 La educación en la Constitución (II). 
 La libertad de enseñanza es un derecho fundamental     
 
 Ya.    25/11/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 24. 

LA EDUCACIÓN EN LA CONSTITUCION (II)

La libertad de enseñanza es un derecho fundamental

Y supone la negación de todo monopolio escolar - Integración de la iniciativa privada y estatal es la fórmula de todos los países de Europa occidental

Gratuidad y obligatoriedad de la enseñanza es un derecho de todos los ciudadanos, pero esto no puede significar el monopolio escolar del Estado. En una sociedad democrática debe respetarse el principio de libertad de la enseñanza que implica un pluralismo escolar y educacional, afirma José Luis Alvarez Alvarez en este segundo artículo sobre la educación en la Constitución.

LOS principios básicos que deben regir la educación en una sociedad democrática y deben reflejarse, por tanto, en su Constitución, son:

1. El derecho de todos loa hombres a la educación.

2. La necesidad de hacer alcanzable realmente ese derecho a todos.

3. La libertad de enseñanza en una triple vertiente: el derecho de los padres a eacogw el tipo de enseñanza que desean para sus hijos, el derecho de lo" ciudadanos a establecer y dirigir centros de enseñanza que respeten los principios constitucionales, y el derecho a recibir el mismo trato financiero por parte del Estado todas las escuelas que cumplan las normas básicas.

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EN el primer punto existe practica unanimidad. Desde todas laa posiciones Ideoló

gicas se afirma el derecho a la educación de todos los ciudadanos, ya que solamente el logro de los niveles educativos adecuados p r o p o retoña a la persona la capacidad real de insertarse en la vida social, económica y política, y de desarrollarse plenamente.

Pero para que el derecho a la educación se haga efectivo y sea una realidad, es preciso instaurar como pilares del sistema educativo los principios de obligatoriedad y de gratuidad de la enseñanza.

Hay que pensar que la educación puede lograr que desaparezcan las diferencias entre los individuos por razón de su origen, su clase o el lugar en que nacieron, y que esas diferencias son en gran parte un mero producto social que puede reducirse con una educación homogénea.

Puesto que esa eliminación de desigualdades tiene las ventajas de una mayor justicia, Una sociedad de más fácil convivencia y un aprovechamiento de todas las capacidades con el congruente beneficio para la sociedad entera, es deber y derecho del Estado imponer la obligatoriedad de la enseñanza como una exigencia de la convivencia social. Ello supone, a su vez, para el Estado, las obligaciones de crear o proteger los puestos escolares necesarios que satisfagan la demanda creciente de la educación, y de ponerlos al alcance de todos los ciudadanos cualesquiera que sean sus m e d i o s económicos, o lo que es lo mismo, de introducir la idea de la gratuidad en la enseñanza. * * *

EL principio fundamental es, sin embargo, el mantenimiento de la libertad en un campo tan decisivo como es la educación. Por la vía de la obligación del Estado a asegurar la educación para todos, se puede pasar a la idea de que el Estado es el único responsable de esa educación, y de eso a la estatalización de la enseñanza y a la pérdida de la libertad más elemental no hay máa que un paso. Y una falta de libertad de enseñanza conduce directamente a una sociedad totalitaria o es expresión de esa.

La libertad de enseñanza implica dos afirmaciones: el derecho de los padres a elegir el tipo de educación que desean para sus hijos de acuerdo con sus convicciones morales y religiosas, y, por lo tanto, de poder llevarles a una escuela que Satisfaga sus necesidades o deseos, y el derecho de crear y mantener esas e s c u e las por asociaciones, entidades, grupos de personas o individuos, ya que si no existiera este derecho se eliminaría esa posibilidad de elegir.

Entregar los niños al Estado quitando a sus padres el derecho a ocuparse de su educación es iniciar el camino para destruir una sociedad pluralista. Sobre la base de una organización social basada en un sistema democrático en el que deben convivir distintas ideologías incluso con diferentes modelos de sociedad, es indispensable mantener las libertades fundamentales del individuo, reconocidas en todas las declaraciones de derechos humanos; y entre ellas está en los primeros lugares la libertad de los padres de influir en la educación de sus hijos, y, como es natural, también en el fundamental aspecto de su formación moral y religiosa.

Desde una posición humanlsta, cristiana o liberal la persona es el principio y fin de toda organización social y política y hay que rechazar toda forma de totalitarismo, o de concepción materialista de la vida. El Estado está y debe estar al servicio de la persona y no de una clase social o de cualquier otro concepto colectivo o abstracto, y la persona no puede convertirse en un numero o en una parte de una masa que destruya lo que de más digno y alto tiene el ser humano.

Siendo esto así es indudable que existe un derecho previo de los padres y de la familia, institución básica y previa al Estado, a participar y decidir, dentro de unos límites, sobre la educación de su hijo.

El principio de libertad de enseñanza, se ha dicho, "es una de las áreas en que más sensiblemente se ha manifestado la tensión entre Estado y sociedad en la determinación de sus respectivas c o m petencias. En torno a él, para defenderlo o para combatirlo, se han alineado y se alinean grupos y partidos políticos, al tratar de formular y de imponer sus idea

rios o programas, en consonancia con el modelo de sociedad, que pretenden realizar". A favor o en contra de él, se definen las ideologías, según que pretendan la realización de una sociedad libre a de una sociedad dominada por un poder absoluto.

Los que rechazan una sociedad pluralista y aspira a un ejercicio exclusivo y total del poder pretenden, como premisa ineludible, el monopolio escolar a su favor. Por ello, se puede afirmar que la mayor o menor vigencia en una sociedad del principio de libertad de enseñanza es un Indicio, o, como se ha dicho, "un test de fiabilidad sobradamente comprobada por la Historia, para establecer la presión de poder global, que se pretende imponer a esa sociedad". Y en verdad puede que no exista mejor indicador del grado de democracia real de una sociedad que el grado de aplicación en ella del principio de libertad de enseñanza.

La traducción real inmediata del principio de libertad de enseñanza es la existencia de un pluralismo escolar y educacional. Y por lo mismo, el principio de libertad de enseñanza es la negación de todo monopolio escolar.

El principio de libertad de enseñanza excluye ciertamente el monopolio escolar del Estado, como directamente contrario a él. Tanto el monopolio de derecho por el que las leyes prohibieran a los particulares o grupos la creación de centros docentes, como el monopolio de hecho, por una estatalización fáctica de la enseñanza, haciendo imposible la sobrevivencia económica de las escuelas no estatales por procedimientos indirectos. La solución no está en una oposición o enfrentamiento entre la iniciativa privada y la estatal, sino en una integración de ambas, que es la fórmula de todos los países de Europa occidental.

Terminar aquí este tema seria, sin embargo, una ingenuidad, porque la libertad de enseñanza lleva consigo el problema de la financiación de la escuela.

Hemos visto que, al menos hasta ciertos niveles, el derecho de educación implica 1a gratuidad de la enseñanza y esa gratuidad sólo se logra con los recursos de todos los ciudadanos de un país.

Es evidente que la educación la pagamos todos los españoles, y es lógico que uniendo esta idea con la de que tenemos derecho a elegir la educación de nuestros hijos, no sea la educación más cara o barata según la opción que hagamos. Porque ea evidente que si fuera así, la libertad quedarla coartada sí al elegir una educación hay que pagarla y al

elegir otra no, ya que al desviar hacia un sector esos recursos del Estado se obliga a los padres a mandar a los hijos a las escuelas de ese sector.

Un respeto a la libertad del ciudadano exige dar el mismo trato primario a todas las escuelas, estatales y privadas, con tal que cumplan las normas legales, los mínimos educativos establecidos.

Por ello, la única solución justa para respetar la libertad de enseñanza es reconocer que el capital para financiar la e d u c a c ión se forma por la aportación obligada de todos los ciudadanos, cualquiera que sea su pensamiento, y st eso es asi, es obvio que esoa recursos deben revertir a todos, y que, por lo tanto, no puede haber discriminación respecto a las escuelas estatales o no estatales con tal que cumplan su cometido.

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EN conclusión, si queremos construir un modelo de sociedad pluralista y democrática, es indispensable incluir en la norma constitucional el reconocimiento de estos derechos básicos del hombre en materia educacional como han hecho los demás países de nuestra cultura a cuyo examen dedicaremos el próximo y último artculo de esta serie.

José Luis ALVAREZ ALVAREZ

 

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