Autor: Blanco Vila, Luis. 
   No confundamos al Ejército con la derecha     
 
 Ya.    25/09/1976.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

No confundamos al Ejército con la derecha

UNO se consuela cuando, en medio del pavor y de la vergüenza que «urgen del disparate personal, advertido cada día cuando lee lo escrito el anterior, comprueba que también loa partidos políticos tienen su duende, que se cuela, burlón, por los textos más empapados de doctrina. Ayer mismo, el Partido Socialista Obrera Español (renovado) hizo público un comunicado en el que se arremete durísimamente contra el señor García Trevijano. Si el hecho, en eí ya ee noticiable, a mí roe interesa ahora entrar en e1 texto y no en el contenido. Y así, cuando el texto asegura que "el PSOE no reconoce catadura moral ni política al ee-fior García Trevijano para emitir la citada apreciación", ignoro el se trata de un elogio o de un escarnio. Porque, eegún «1 uso común, que sanciona el diccionario de la Real Academia, catadura—que eg gesto o «amblante, ya que no creo que el tiesto citado se refiera a la "acción y efecto de catar"—se utiliza, generalmente, con los calificativos de "mala", "fea", etc., pero no con el de "tnoral" a secas. En todo caso, habría que decir que e« le reconoce una "•pésima" o una "mala" catadura moral, pero nunca que no se le reconoce.

Más cambios en cargos informativos

Sí el proceso no se detiene, dentro de unos días aparecerá el nombramiento de don Luis María Ansón como presidente ejecutivo de la agencia Efe. El paso del ilustre periodista a la calle de Ayala, 5, ee ha venido geetando durante bastante tiempo y el acuerdo parece haber sido laborioso. Según mis noticias, el señor An-eón llevaría consigo a un hombre de su plena confianza para «1 puesto de director de la agencia, ti bien, al «er nombrado él presidente ejecutivo, la dirección no tendría el mismo campo de acción que ahora tiene.

Los militares, desde la derecha

EL relevo en la vicepresiden-cia primera del Gobierno ha suscitado—y suscitará, sin d u d a—numerosos comentarios acerca de la actitud de los militares ante la política. Algunos de estos comentarios han descendido ai terreno personal; otros ee han elevado—al menos en ¡a pretensión—a la categoría de dogma.

Por lo que a mí respecta, ya he dicho que ee trata de un paso más dentro de un proceso, y que si el militar, por eu condición, no debe ser hombre de partido, no tiene, en cambio, por qué renegar de la política en el sentido máe noble del concepto.

La prensa más asentada a la derecha—de acuerdo con la terminología comúnmente admitida—ha arremetido contra el ce-ae—y también, aunque no tan claramente, contra el nombramiento del sucesor—del teniente general De Santiago y Díaz de Mendívil. Con toda mi consideración hay que decir que es el Rey quien nombra a propuesta del presidente del Gobierno. Los ataques, por elevación, terminan, pues, ahi. Pero, además, al mismo tiempo que admiten el desconocimiento de los motivos—y hasta exigen explicaciones—, dan lae euyas y se atreven a juzgar de las posibles consecuencias. A estos ilustres comentaristas "de d e r e c has" habría qu« decirles que ee clara la intención del Rey y,»de su Gobierno de conducir al país a una democracia auténtica, salvando, eco-sí, todo aquello que ee positivo´ y salvable del régimen anterior. No puede, por tanto, elevarse a superior categoría aquello que ee sólo una anécdota en el proceso total. Y habría que decirles asimismo que nuestros ilustres generales no necesitan defensores que se sirven de «líos para atacar abiertamente un proceso acerca del cual tendrá que pronunciarte el pueblo español y lae mismas Cortee actuales, que para muchos no son ni siquiera representativas.

Luis BLANCO V1LA

 

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