Autor: Martín Descalzo, José Luis. 
   Iglesia y Constitución: dos enfoques     
 
 Hoja del Lunes.    28/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

CRÓNICAS DESDE EL OTRO MUNDO

Me temo que esta Semana, me guste o no, tengo que hablar de lo que estd en el

aire: de la toma de postura de los obispos sobré el problema constitucional que

una malhadada casualidad ha hecho coincidir con la publicación del borrador de

la Constitución que está en marcha.

Pero para hablar del problema de fondo necesitaría muchas páginas de HOJA DEL

LUNES. Quiero rozar sólo un aspecto del problema, lo que me parece más urgente:

la existencia de dos enfoques de los que puede depender que aqui surja el

conflicto o el consenso.

Voy a tratar de ser muy sincero. Comencé la semana con angustias. Y la primera

surgió cuando leí el editorial de un diario madrileño al que respeto

profundamente y en el que se comentaba el discurso que el cardenal Tarancón

pronunció en la apertura de la Asamblea episcopal. Mi desconcierto surgió al ver

que allí se atribuían al cardenal no sólo intenciones inexistentes, sino ideas y

afirmaciones que no había hecho en absoluto. Pronto comprendí que el autor del

editorial no habió leído el discurso que vapuleaba: curiosamente, la única cita

que hacia., y.que atribuia como dicha por el cardenal "literalmente", y que

recogía con unas hermosas comillas, no existia en el discurso de monseñor

Tarancón. ¿Puede juzgarse lo que no se ha leído sino en quién sabe qué

resúmenes?

Me alarmó más otro editorial de otro diario en el que se hacia un ataque frontal

a la Iglesia y se decían cosas muy razonables. Pero se decían muy poco

razonablemente.El título-"¡Que vienen los curas!"-me recordaba aquellos

viejos "que vienen los rojos", y me hacía pensar hasta I qué punto muchos de mis

amigos de hoy han heredado los defectos que tanto combaten en el franquismo.

A los dos hechos venía a añadirse un tercero: ambos diarios-cuyo derecho a

opinar libremente reconozco hasta sus últimos .pelos-ofrecían diariamente una

información tan peregrina de la

Asamblea episcopal, que yo cada día me veía obli gado a preguntarme si habría en

realidad dos asambleas y ellas informarían de otra distinta a la que yo

presenciaba.

Lo grave de estos hechos-que prefiero no calificar-es que visiblemente

impactaban a los obispos; pero lo que provocaban en ellos era la actitut

defensiva de todo el que se siente insultado o incomprendido. Yo veía cómo la

forma en que surgían esos ataques hacia.a los obispos mas maximalistas, les

endurecia, les arrancaba de una posición dé dialogo para trasladarles a otra de

polémica. J

Afortunadamente, a mediados de semana tuve la fortuna de participar en una cena

en la que varios hombres de iglesia se encontraron con un grupo de políticos de

casi todas las aceras de la España actual. También allí se dijeron cosas muy

duras, pero el diálogo fue sustancialmente otro. Se dejó a cada uno que se

expresara como realmente era y nadie trató de herir a nadie ni de malentenderle.

Pronto se vio que los presuntos enemigos eran, cuando mas, adversarios. Que los

adversaríos eran simplemente discrepantes. lncluso que muchas veces los

discrepantes no lo eran; simplemente usaban diversos vocabularios.

A lo largo de las tres largas horas de dialogo todos vimos cómo las posiciones

se acercaban, como aun los puntos de divergencia podían encontrar zonas comunes

de consensos Y nadie ablandó su pensamiento para engañar al contrario: las

verdades surgieron auténticas, desnudas. Pero sin que los prejuicios las

arroparan, sin que nadie partiera del supuesto de que tu. eres un grupo de poder

que quieres mantener el ayer o tú eres un nuevo grupo de poder que quieres

arrebatarme lo mío.

Me pareció que el diálogo realizaba el célebre apólogo oriental del hombre que

estaba, solo en un desierto y tenía miedo y que, al ver un bulto en la lejanía,

pensó-impulsado por esa soledad y ese miedo-que el que se acercaba era un

monstruo peligroso. Pero venció su miedo y esperó: pronto vio que el que se

acercaba era un hombre. Y cuando venció su soledad y siguió esperando, descubrió

que quien se acercaba era su hermano. No sé. Me pregunto qué enfoque va a tener

en la mayoría de los españoles este problema del papel de lo religioso en la

Constitución. Yo, personalmente, apuesto por el espíritu de diálogo y confianza

en que los obispos han redactado su documento, que puede ser-lógicamente-lodo lo

discutible y revisable que se quiera, pero que es, evidentemente, una apuesta

por el consenso y no por el conflicto. Y me gustaría que quienes hoy parten del

prejuicio-surgido posiblemente en buena parte por la conducta de la Iglesia en

las tres primeras décadas del franquismo-se atrevan a hacer el esfuerzo para

vencer su miedo y no partan al menos, del supuesto de que quien se les acerca es

un monstruo.

J. L. MARTIN DESCALZO

 

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