Autor: Fernández de la Mora y Mon, Gonzalo. 
   La paradoja de Madariaga     
 
 ABC.    10/07/1962.  Página: 35. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA PARADOJA DE MADARIAGA

Salvador de Madariaga es un historiador estima ble, un doctrinario inquieto y un político en perpetuo

fracaso, que ha pasado los últimos cuarenta-años-de su vida fuera de la patria, trance que para cualquier

hombre es penoso y que para un español- suele tener perfiles trágicos. Durante su prolongado exilio,

Madariaga. na escrito más de un libro de tema histórico que atestigua un peculiar españolismo; pero no ha

sido capaz de sustraerse ni a los resentimientos, ni a los errores de perspectiva, ni a los malos pasos que

provocan tan lar^a y apasionada ausencia y tan probada incapacidad pata la eficacia política. Esta es la

razón de que Madariaga no haya resistido a la tentación de subir, una y otra vez, a los tablados

internacionales para representar el esquemático papel del demócrata hostil al Estado nacido el 18 de Julio.

La última aparición ha sido en el IV Congreso del Movimiento Europeo, recientemente celebrado en

Munich. Esta reunión, en sí misma intrascendente y auspiciada por una asociación no gubernamental, ha

tenido un eco lamentable y desmesurado, que acaso se explique por el hecho de que haya sido en la

capital bávara en donde por primera vez españoles del interior y del exilio se han declarado conformes en

pedir a las instituciones paneuropeas "que no aceptan la incorporación de España hasta que nuestro

Estado reúna una serie de requisitos de muy desigual valor, por cierto.

Como español que desde hace bastantes años propugna la vinculación de su país a las empresas de una

Europa solidaria, deploro y censuro que se interponga un obstáculo en esle necesario camino, con mayor

razón todavía si el obstáculo lleva la inaceptable marca "made in exilio". Pero como estudioso del

pensamiento político, lo que más me sorprende del acto muniqués-es que Madariaga, con escandalosa

contradictoriedad, continúe insistiendo en representar un papel que no es en absoluto el suyo, y apruebe

que se enarbole su nombre como un arma conceptual decisiva contra las ideas inspiradoras del Estado

español. Porque el programa constitucional, de ,Madariaga no responde ni siquiera a las más primarias

exigencias del demoliberalismo puro, y, salvo en sus prejuicios burgueses, apenas difiere del espíritu de

nuestra, vigente legislación fundamental. Los textos no dejan lugar a duda.

Madariaga publicó en 1935 un libro de casi 300 páginas titulado "Anarquía o jerarquía", pronto

reimpreso. La primera parte de esta obra se titulaba "Crítica de la democracia liberal", y la segunda

contenía las bases de lo que el autor llamaba "una democracia orgánica". En este volumen se afirmaba

que "el gobierno por el pueblo significa a la vez mal gobierno y mala garantía de gobierno" (pág. 47); que

"el Estado funcional tiene que ser autoritario y no puede tolerar ni huelgas, ni "lock-out", ni asociaciones

obreras de lucha" (pág. 124); que ~"la tolerancia absoluta y sin reservas es una abstracción y no ha

existido jamás, pues donde hay fe hay intolerancia..., por lo que el Estado moderno será intolerante" (pág.

126); "todos obligados a obedecer y a no poner trabas al servicio por tal o cual pretexto. Ni huelgas, ni

"lock-out". Sueldo medio constante. Consideración y humanidad para el trato al personal. Sentido vivaz

del servicio .y de la cosa pública" (pág. 265); que "en una verdadera República, plenamente constituida

como tal, quedaría muy poco espacio libre para los partidos políticos" (pág. 153); que "la democracia en

España ha fracasado siempre, y en estos días más ruidosamente que nunca" (página 198); que "el

movimiento obrero en España constituye un grave peligro para la existencia misma del Estado y para el

renacimiento de la nación" (pág. 212), y que en lo económico o sindical, "cada industria tendría una

Cámara corporativa central a base representativa. Estas Cámaras, a su vez, elegirían el Congreso

Corporativo, que sería la Cámara Técnica" (págr. 267).

Qué este viejo y agotado libro de Madariaga, lleno de gratas sorpresas uara los lectores jóvenes, haya sido

olvidado es comprensible. I/o difícil de explicar es que los escenificadores de los autos internacionales

antiespañoles y el propio autor finjan desconocer el último libro de Madariaga, "Democracy versus

Liberty", que lleva nada menos que este revelador subtítulo: "Creencias ds nn liberal herético". En esta

reciente obra. Madariaga ratifica y extrema sus tesis de hace un cuarto de siglo, y formula -una de las

críticas-más demoledoras que «xisten contra el igualitarismo, la centralización y el sufragio universal.

Sólo a este ultimo tema dedica- el autor casi la ´mitad de SMS páginas. Fara Madariaga, "el sistema

parlamentario fundado en el principio de un hombre un voto no funciona eficazmente en ningún sitio. Los

países del sur de Europa salo consiguen sostenerlo a través de revólueiones y dictaduras..., y entre sus

inconvenientes los tres ´principales son que conduce inevitablemente a la dímasogia, que no es

verdaderamente representativo y que es técnicamente inaplicable,^ y por. ello un obstáculo para el buen

gobierno" (pág. 66). V añade: "El fin de todo sistema político es asegurar que la oligarquía gobernante sea

una aristocracia, y el sufragio universal produce exactamente el resultado contrario" (pág. 71).

Por eso Madariaga propone que la unidad electiva no sea el individuo, sino la. familia, y que sea el

representante familiar quien mediante voto ponderado, según el número de allegados, elija los concejales,

quienes habrán de designar a los diputados provinciales, los cuales escogerán » los miembros de la

Asamblea nacional. Todos estos cuerpos serán renovados anualmente por quintas partes para evitar a

cualquier precio la celebración de elecciones generales. Y el comunismo y el separatismo, así como los

partidos anticonstitucionales, deberán, ser puestos al margen de la ley. Madariaga concluye: "Si este

sistema, que- parece terriblemente reaccionario (pág. 80), no es democrático, peor para la democracia"

(pág. 81),^ y propone que se le llame "laocrático" (pag. 82).

Todavía es menos ortodoxo, si cabe, el líber ilismo de Madariaga respecto a la Europa futura: "Debemos

federarnos, pero sólo lo indispensable..., y no mediante elecciones por sufragio universal, que conducirían

a una abominable cacofonía de tendencias incoherentes disfrazadas de ideas... Unas elecciones europeas,

producirían resultados comparables a la curiosa ficha de un soldado que le fue presentada a Napoleón:

edad, cincuenta y tres; años de servicio~s, veintiséis; campañas, 14; heridas, cinco; hijas, ocho; total, 106"

(páginas 115 y 116). Lo que preconiza Madariaga es que la Asamblea europea ssa elegida por cada una de

las Cámaras nacionales.

Pues bien: este escritor político, cuya fórmula de unidad continental es tan distinta de la dentoliberal, es

miembro directivo del Movimiento Europeo y el mismo que en la última edición de su libro "Spain"

(1961) declara que "tras pacientes negociaciones conseguí establecer un Consejo español del Movimiento

Europeo, en el que´ estaban representados todos los colores no totalitarias de la paleta política española"

(página 601). Es decir, junto a opositores al régimen del interior, republicanos, socialistas y separatistas

vascos- y catalanes; y el mismo que, a pesar de su inveterado antidemocratismo, apadrina la resolución

muniquesa exigiendo la total democratización del Estado español y aun el reconocimiento de ese derecho

de huelga, por él expresamente condenado en otras ocasiones. ¿Quién medianamente avisado puede

pensar que se trata de una reacción lógica y legítima, y no de una maniobra apasionada e insincera?

Nadie, sin duda. La estéril paradoja de Madariaga es que en él puede más el vehemente espíritu de

«posición sistemática a unas personas y a un Estado qua el realismo, la objetividad y la consecuencia. Su

negativismo .obsesivo le ciega, le lleva a alianzas absurdas y le incapacita para toda acción política

verdaderamente constructiva. Su ejemplo es aleccionador.—

Gonzalo FERNANDEZ DE LA MORA.

 

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