Autor: Fernández de la Mora y Mon, Gonzalo. 
   "Ética, derecho e historia"     
 
 ABC.    21/11/1963.  Página: 67-68. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

«ETICA, DERECHO E HISTORIA»

De J. M. DIEZ-ALEGRIA

Ed. Razón y Fe. Madrid, 1963. 225 pags.

Por Gonzalo FERNANDEZ DE LA MORA

El padre Díez-Alegría, profesor ordinario de la Universidad Gregoriana de Roma, ha publicado una

veintena de estudios de tema teológico, ético y jurídico, unos de carácter expositivo como el excelente

"Desarrollo de la doctrina de la ley natural en Luis de Molina" (1955), y otros de intención

preferentemente creadora, como el atrevido e interesante "Opción del bien y tolerancia" (1960). Su único

libro es el que ahora se reimprime con sustanciosas adiciones preliminares. Y procedía esta reaparición

porque se trata de una obra importante, viva, y que no tuvo en su primera singladura el eco que merece.

La cuestión con que se enfrenta el autor es tan absolutamente capital que constituye la raíz de la Filosofía

del Derecho: ¿Cuál es la naturaleza de la norma jurídica? ¿Es la simple formulación de la voluntad del

Poder legislativo, o es la cristalización concreta de un "deber ser" anterior y superior al legislador? Esta

interrogación divide a los juristas en dos grandes campos: el de los positivistas, de un lado, y el de los

iusnaturalistas. del otro. Las consecuencias que se deducen del punto de partida adoptado son graves,

porque de él depende, por ejemplo, que el Derecho sea algo mudable, relativo y simplemente coactivo. O.

por el contrario, permanente absoluto y obligatorio en conciencia. E1 autor entiende que el Derecho no es

sólo algo que está ahí. sino aue. además, se impone por sí mismo, es normativo: tenemos la impresi´ón de

que es digno de ser acatado. Este fenómeno, experimentable por cualquier ser humano, o bien descubre en

el Derecho una fuerza moral o una presión puramente física. El hecho de que en situaciones excremas,

como el proceso contra el cardenal Mindszenti, coimprobemos que, pesa a todas las formalidades

externas, ES ha atropellado la justicia, pone de manifiesto que la normatividad del Derecho no nace de su

pura vigencia, sino de su adecuación a algo anterior, a lo que se llama el Derecho Natural. Pero el

iusnaturalLsmo plantea una serle de aporías, ciertamente serias. El autor analiza tres tan clásicas como

principalísimas. He aquí la primera. Si el Derecho positivo ha de configurarse según los preceptos del

Derecho natural, habrá leyes Injustas y justas. ¿Quiere esto decir qua todas las últimas obligan en

conciencia, o sea. que el ciudadano de un Estado moderno ha de acatar la abrumadora colección de

disposiciones vigentes con el mismo respeto que los supremos preceptos del Derecho natural? Para obviar

esta dificultad los escolásticos forjaron una categoría de leyes que no obligan en conciencia a su

cumplimiento: pero sí a la aceptación de la pena que fuese impuesta a causa de BU transgresión. Son las

llamadas "leyes meramente penales", como las de aduanas. Ahora bien; si son Derecho, han d¡s participar

de todas las características de obligatoriedad propias de éste, y si no. ¿en qué consisten? Después de

analizar las diferentes soluciones, alguna enteramente negativa, el autor establece una teoría en ´gran parte

original. Los derechos subjetivos nacen, de la ley; pero también de los hechos. Ejemplo: la ley protege a

la persona humana; pero es el hecho de la concepción el que acaba por determinar los derechos del que va

a nacer. Según el padre Díez-Alegría, las leyes meramente penales no son propiamente Derecho natural,

sino el hecho jurídico que tía lugar a la obligación no de cumplirlas sino de aceptar, en su caso, la pena

prescrita por haberlas violado.

Otra dificultad es la de averiguar si el Derecho puede consumarse sólo con su realización externa, o sea,

si basta con oue el juez sentencia con arreglo a las leyes, aunque lo haga con intención perversa. Si esto

fuera así. el Derecho perdería su eticidad y se convertiría en puro formalismo. ¿Qué el jugaria entonces el

dercho natural? Matizando la solución de Suárea, el padre Díez-Alegrla. en-ti-en.de que toda ley no

meramente penal sota se cumple logradamente si se hace coa una formal voluntad de justicia.

Pero la magna objeción a la doctrina iusaaturalista.es que la vida humana es dinámica e histórica,

mientras que el Derecho natural es inmutable y aprioristico. ¿Cómo se conjugan tales normas Invariables

con la mudable realidad humana? El Derecho natural no puede cambiar, porque ello iría contra su propia

definición esencial; pero si no se adapta a los tiempos, resultará freno, reaccionarismo o utopia. Ademas,

la Historia registra casos de cambio en el Derecho natural, puesto que un dm autorizó el matrimonio entre

hermanos a los hijos tía Adán y la poligamia a los judies. Después de sondear breve, pero agudamente, la

tradición escolástica, y tras una severa refutación de Maritata, el P. Diez Alegría concluye distinguiendo

en el Derecho natural dos clases de normas. Jas absolutas, que son Jas menos, y las condicionales, que

son la mayoría. Sostiene >rie estas últimas son susceptibles, no de una dispensa divina o de •una

variación • excepcional, como han, afirmado muchos teólogos, sino de un cierto despliegue histórico. El

autor cree" que las normas condicionales están deümitadas por determinaciones circunstanciales y, en

cualquier caso, están sometidas al principio moral del doble efecto. Así llega el P. Diez Alegría a explicar

el posiblemente perturbador matrimonio entre hermanos para evitar el mal cierto de la extinción de la

especie. Tí también justifica la poligamia y la disolución del vínculo matrimonial en casos de insuficiente

desarrollo cultural y para evitar males mayores. En suma: "una parte de las normas inaturales resulta

condicionada por la peculiaridad natural, el ní-,vel ético y la situación lustorieopolíüca, de un pueblo".

Además, el Derecho natural evoluciona históricamente en el conocimiento, cada vez más perfecto, que de

él tenemos y en su progresiva aplicación a la vida social.

La "mostración" de la existencia del Derecho natural que hace el P. Diez Alegría, es .la versión

fenomenología de una de las pruebas tradicionales. Me parece perspicaz y seductora, pero dudo que sea.

apodícica, porque nuestra rebellín frente a una sentencia Que consideramos injusta también podrían

explicarla Jos historicistas como un estado de áaimo más o menos duradero, sin necesidad de acudir al

Derecho natural. Pienso que la clave argumental sigue estando en la teodicea y en la necesiad de optar

entre un absolutismo o un relativismo moral.

La solución al problema as las leyes meramente penales es hábil y sutil, pero supone reconocer que la

mayor parte de las disposiciones legislativas no son Derecho propiamente dicho. ¿Cual es entonces su

naturaleza? El autor las llama "normas-- de vigencia". He aquí un concepto que requiere ulterior

desarrollo, pues es, de hecho, la manifestación predominante en cualquier ordenamiento jurídico.

En qué se distingue una norma de vigencia d« un uso o de un simple hedió social? El requisito de la

voluntad de justicia, razonable por muchos motivos, tiene el inconveniente de que extiende la Jurisdicción

del Derecho desde el nivel de las acciones hasta el de Jas intenciones. Y este último solía estar reservado

a la Etica. Si tarntién el Derecho llega al llamado fuero interno, que es una esfera incoercible, se

volatilizan las notas más contundentes para distinguir el Derecho de la Moral.

Pero el gran tema de esta obra es el de la variabilidad del Derecho natural, cuestión qus en Etica

corresponde a la evolución del dogma en Teología. La solución del autor es atractiva y audaz. Acsptando

due una gran parte de las normas de Derecho natural están condicionadas en su aplicación por la

coyuntura histórica se humaniza el Derecho y se atribuyen los maximalismos morales y, • por tanto,´los

esquemas utópicos y revolucionarios; pero se abre ua amplio y peligroso margen. (Je interpretación que

llega hasta los cimientos mismos del orden jurídico. La posición d«l P. Díea-Alegría, que tiene ilustres

precedentes, está, a mi juicio, en la línea de la verdad: el "deber ser" es un límite humanamente

inalcanzable y la bondad subjetiva, siempre concreta y circunstancial, suele estar muy lejos de él.

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escrita con Inquietudes muy modernas, desde un método, unas fuentes y unas nociones básicas

absolutamente tradicionales. Libro claro, serio, coherente e innovador que. incluso en sus partes más

discutibles, muestra la validez del jusnaturaliamo y, en definitiva, la fecundidad de ese sistema

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