Autor: Fernández de la Mora y Mon, Gonzalo. 
   "Estudios de sociología política"     
 
 ABC.    13/02/1964.  Página: 69-70. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

«ESTUDIOS DE SOCIOLOGÍA POLÍTICA»

de F. MURILLO

Ed. Tecnos, Madrid, 1963, 366 págs.

por Gonzalo FERNANDEZ DE LA MORA

Francisco Murlllo Ferrol es un catedrático de Universidad muy representativo de la nueva ola profesoral.

Y este hecho es importante, porque si bien es cierto que en las ciencias exactas los métodos se han

mantenido estabilizados, en las sociales se está produciendo una transformación profundísima. ¿Cómo se

aproxima hoy a la politica un investigador? Su enfoque ¿en qué se diferencia de los precedentes? La

respuesta se contiene en esté volumen directo y muy vivido, porque es reflejo de explicaciones de cátedra.

Lo principal está dicho en el capítulo introductorio, a pesar de que el autor lo supone enfadoso y hasta

sugiere que sea pasado por alto. Murillo glosa una distinción típicamente inglesa: "politics" son los

debates acerca de cómo debe ordenarse la cosa pública, y "policy" es la ejecución de un plan de acción

gubernamental. En este último sentido la ciencia política es una ciencia aplicada, y ciega a cuanto no sea

la eficacia. Hasta hace unos decenios, la preocupación casi exclusiva de los tratadistas políticos era el

"deber ser", la búsqueda del esquema constitucional mejor, tarea que muchas veces equivalía a dar forma

racional a una ideología o a unos intereses. La ciencia política se reducía, pues, a elaborar u ordenar

esquemas constitucionales; era constante referencia a normas, programas, deseos y utopías. Pero hoy otro

modo de enfrentarse con el tema: es el sociológico o experimental que no consiste en propugnar fórmulas,

sino en describir situaciones; no en predicar lo que debo hacerse, sino en explicar lo que ocurre; no en

forjar normas, sino conceptos. Los métodos sociológicos, especialmente el cálculo estadístico, han

permitido esta conversión de la política en una ciencia positiva y relativamente independiente de

prejuicios y aún de juicios de valor. Y en esta línea coloca Murillo Ferrol sus investigaciones.

Para el autor, el objeto de la sociología política es el análisis, "a posteriori" del comportamiento político

de los individuos y de los grupos. ¿Son tradicionales o progresistas? ¿Hasta qué punto están

"socializados", o sea, han adquirido unos determinados hábitos de convivencia? ¿Cómo participan en la

vida pública? Este último punto es objeto de un estudio perspicaz que pone de manifiesto la existencia de

una creciente apatía política. En España, entre 1836 y 1936, hubo una abstención media, oficialmente

desconocida, de casi el 40 por 100 del electorado. La real fue, sin duda, mayor. Acerca de la opinión

pública, Murillo afirma que, "auténticamente libre, se dará pocas veces en la realidad". Y demuestra que

se conocen mejor por los sondeos que por el sufragio. Su análisis de las elecciones españolas durante la

segunda República, pone en evidencia una gran versatilidad y proclividad a la agudización de las

discrepancias.

Hace luego el autor un resumen de las doctrinas respecto al "cambio social", especialmente del que

implica una transformación de los rasgos fundamentales. Y esto supuesto, describe los "conflictos" que

clasifica de ideológicos, económicos y sociales. Cuando el conflicto llega a producir un determinado nivel

de insatisfacción social, surge la revolución. Señala que el problema de la legitimidad pierde importancia

y va siendo sustituido por el cié la eficacia. Caracteriza el poder político como Ir facultad de ad minis trar

el patrimonio colectivo y de eludir preceptos y sanciones. Subraya la progresiva burocratizacion de los

Estados modernos: en un siglo, Norteamérica ha cuadruplicado el número de sus funcionarios, y Francia

lo ha quintuplicado. Esto ha desplazado ;1 poder de los políticos hacia los burócratas. España tiene,

proporclonalmente a la población activa, la mitad de funcionarios que los Estados Unidos. Según Murillo,

nuestra burocracia no está tan mal pagada como suele decirse y, a pesar de su politización, tiene una

estabilidad considerable.

La obra concluye con un ensayo sobre los nacionalismos y con un capítulo muy breve en torno a los

grupos de presión. El autor los considera inevitables y, desde luego, factores normales en el proceso de

formación de las decisiones políticas. En España, según Murillo, hay una gran penuria de datos sobre los

grupos de presión, salvo en el plano superior de la economía, mejor estudiado a causa del interés que

despiertan el monopolio y la competencia.

Los "Estudios de Sociología política" del catedrático de Granada no constituyen propiamente un tratado,

porque son bastantes los grandes temas que quedan intactos o sólo aludidos, como e] de las ideologías

políticas; pero contiene una serie de inteligentes calas en la problemática actual de la disciplina. Hay

análisis de gran finura, como la crítica de la opinión pública, la ponderación de los factores del equilibrio

social (resignación, regulación judicial, y la existencia de varios criterios de valoración para poder dar

satisfacción al mayor número), la verificación de los aspectos positivos de la burocratización y la defensa

de los grupos de presión frente a la interpretación vulgar. Del conjunto del volumen´ se despega un poco

el capítulo sobre las nacionalidades, concebido con un estilo menos riguroso y, sobre todo, desde

perspectivas metodológicas menos empíricas que el resto de la obra. El estudio que me parece más por

debajo del nivel medio de los demás es el dedicado a la revolución, concepto que, a mi juicio, hay que

situar más en el género del cambio social que en el del conflicto, y que no puede relacionarse únicamente

con el grado de bienestar social. Además, no es exacto que cuente con poca bibliografía: una buena parte

de ella, así como un tratamiento sistemático, puede verlo el lector en mi trabajo "Maeztu y la teoría de la

revolución" (1956). ´

Murillo Ferrol labora sobre publicaciones, casi exclusivamente sajonas y muy recientes. Su asepsia

ideológica es casi total, aunque a veces se excede en la marginación de lo axiológico y apriorístico. Sus

referencias a España, aunque valiosas, adolecen de una falta de datos difícil de subsanar. La claridad

expositiva es admirable, y la honestidad intelectual, tan acusada, que la constante cite de las fuentes puede

llevar a la conclusión superficial de que el esfuerzo de Murillo no es de creación, sino sólo de exposición

y síntesis. Pero aunque es cierto que predominan los materiales ajenos, bien recogidos y quintaesenciados,

hay muchos elementos de aguda crítica personal. A mi juicio, lo más valioso de esta obra es la lealtad a

un método que, aunque de escasa tradición española, es muy fecundo y muy moderno En un país que,

como el nuestro, viene padeciendo una teoría de la política, por un lado, pseudofilosófica, es decir,

confusa, profusa y difusa, y, por otro, pseudocientífica, o sea, portadora de simples ideologías, los

estudios de Murillo, nítidos, modestos, objetivos y desapasionados, son como una ráfaga de aire fresco.

Son una apelación a los hechos, un paso hacia la racionalización de la cosa pública y una prueba de que

cabe desideologizar una buena parte de los tenias sociales, tres cosas de las que está muy necesitada, entre

nosotros, la teoría del Estado. Quien como yo crea que, por fortuna, la política está dejando de ser una

retórica para convertirse en una ciencia, y que las ideologías—pasionales, maximalistas y reactivas—

están siendo reemplazadas por las técnicas—racionales, equilibradas y eficaces—, tiene en este volumen

una ratificación seria, sencilla y esperanzadora.—G. F. M.

 

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