Autor: Fernández de la Mora y Mon, Gonzalo. 
   "Las nuevas democracias"     
 
 ABC.    23/04/1964.  Página: 69-70. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

«LAS NUEVAS DEMOCRACIAS»

de Rafael CALVO SERER

Ed. Rialp. Madrid. 1034. 250 págs.

por Gonzalo FERNANDEZ DE LA MORA

Rafael Calvo Screr, recién ganada una cátedra madrileña de Historia de la Filosofía, se reveló con un libro

resonante, "España sin problema" (1949), en el que, frente a los tópicos más o menos masoquistas del 88,

resucitados a la sazón por algún epígono anacrónico, apuntaba soluciones actuales, pensadas desde la

tradición nacional. Luego aparecieron "Teoría de la Restauración" (1952), "La configuración del futuro"

(1953), "Política de integración" (1955) y "La fuerza creadora de la libertad" (1958). Un mismo impulso

dio origen a todas estas páginas, el de continuar la línea doctrinal de Menén-dez Pelayo con medios muy

parecidos a los de Maeztu. Había en aquellos volúmenes fragmentos especulativos, pero lo predominante

eran las interpretaciones históricas y los criterios concretos. Yo estoy convencido de que, como escritor y,

sobre todo, como director de la revista "Arbor" y de la "Biblioteca del Pensamiento Actual", Calvo Serer

ha contribuido acaso más que ningún otro intelectual de su tiempo al relanzamiento de la concepción

tradicional del mundo en la España de la posguerra. "Las nuevas democracias" es una refundición de una

serie de artículos sobre las formas políticas vigentes. No se trata de una teoría normativa del Estado; pero

tampoco de un programa de Gobierno. Es, según el autor, "política aplica d a, diálogo por una parte con el

filósofo especulativo y, de otra, con el hombre de acción", equidistante entre "el doctrinarismo y el

oportunismo", entre el integrismo que Impone la unidad tanto en lo necesario como en lo dudoso, y el

progresismo que exige la libertad tanto en lo dudoso como en lo necesario". Desde estas posiciones

metodológicas, tan impregnadas de voluntad de equilibrio, el autor se enfrenta con las formas actuales de

convivencia. ¿Qué lecciones deduce?

Los grandes pueblos europeos, los Estados Unidos, Hispanoamérica, la U. R. S. S. y los nuevos países

afroasiáticos son objeto de sucesiva consideración. Hay análisis, como los de Turquía y Méjico,

especialmente detenidos. Para Calvo Serer lo decisivo es que la nación rectora de Occidente exige de sus

amigos y aliados una forma democrática. Por otro lado, la democracia es un hecho, y contrariamente a lo

pronosticado por tantos doctrinarios antiliberales "representa la estabilidad política" y la "continuidad y la

paz social" en una buena parte de Europa occidental. Considera, además, el autor que la democracia no

sólo no ha perjudicado últimamente al progreso del catolicismo, sino que lo ha favorecido; y, por otro

lado, ]a experiencia ha puesto de manifiesto que el totalitarismo y la explotación del proletariado se

suelen contener con libertad de asociación y de Prensa, y con Gobiernos elegidos. Así ve Calvo Serer la

realidad política contemporánea, y ello le lleva a revisar posiciones. A su juicio, la democracia ha

evolucionado en parte a causa de la elevación general del nivel de vida, y en parte por haber renunciado a

su radicalismo antitradicional, a su dogmatismo utópico y, sobre todo, al laicismo. Del libro de Calvo

Serer se desprende una valoración positiva de la democracia entendida como "limitación del poder

mediante diversas instituciones que defiendan la personalidad individual". Dichas instituciones son, para

el autor, las libertades de expresión, asociación y representación. ¿En qué consiste esta última? Calvo

Serer no se pronuncia nítidamente ni respecto al sufragio, ni respecto a los partidos políticos. Acepta

aquél, pero no dice si con carácter universal o restringido, orgánico o inorgánico, directo o indirecto. Por

lo que a los. partidos se refiere, no oculta su simpatía hacia formas de transición como la llamada de

"partido dominante" (es el caso de Méjico). Su ideal se resume asi: "máxima representación posible y el

mínimo inevitable de coacción´´. Y, en cualquier caso, "evolución gradual hacia la democracia". Si se

compara este libro con los anteriores de Calvo Serer, se observa una evolución que el propio autor

reconocí en el prólogo, y que califica de "homogénea" dentro de "los principios que fundamentan la

tradición cristiana". Evidentemente, no hay en esta obra nada que se aparte de la ortodoxia romana, pero

es bien sabido que, dentro de ella, caben actitudes políticas tan distantes entre sí como el absolutismo

teocrático del Estado Vaticano y el detnoliberalismo plurípartidísta y parlamentario de la República

italiana. Desde luego. Calvo Serer ni está ni ha estado jamás en estas posiciones extremas, pero al me

parece claro que en los últimos años no ha cesado de acercarse progresivamente a fórmulas de sabor

democratizante.

Creo, como el autor, que el Derecho natural impone una reglamentación legal de las libertades de

expresión y de asociación. También suscribo su juicio sobre la eficacia de la democracia en los países

anglosajones; pero esto no podría decirsa del resto del mundo. Ni en Asia, ni en África, ni en

Hispanoamérica, ni en la cuenca mediterránea funciona la democracia de un modo aceptable. No puedo,

pues, compartir una visión optimista general. Pero el punto verdaderamente critico del libro es el de la

representación. El Derecho público, si lia de ser auténtico derecho positivo, tiene que concretarse en

disposiciones detalladas y casuísticas. Se dice muy poco cuando se propugna un Estado representativo,

BÍ, además, no se determina quién vota, cuándo y para qué. Calvo Serer no es suficientemente explícito al

respecto. Y ésta es, a mi juicio, una laguna que puede dar pie a contradictorias interpretaciones. Habrá

quien entienda su simpatía hacia el régimen británico como defensa de un parlamentarismo bipartidista.

Habrá quien deduzca de su admiración por los Estados Unidos una adhesión al sistema de elección del

poder ejecutivo por sufragio universal. Y, en sus críticas a los autoritarismos, habrá quien pretenda

suponer «n demoliberalismo plena Pero no estarán en lo cierto. Evidentemente, Calvo Serer sigue

propugnando para España una Monarquía con un poder ejecutivo fuerte e independiente de la Asamblea

legislativa elegida por sufragio inorgánico. Ningún texto de este libro desmiente tal interpretación que,

por añadidura, concuerda perfectamente con otros textos anteriores del autor. Es, sin embargo, muy cierto

que, en esta ocasión, Calvo Serer, como ya lo hizo en el capítulo final de su penúltimo libro, subraya,

muy justamente, la importancia de las libertades de expresión y de asociación no sólo para salvaguardar el

decoro de la persona humana, sino para canalizar la fiscalización de la gestión gubernativa.

Libro claro, con muy abundante y aleccionadora información de primera mano. El estilo es muy británico.

El autor se considera más como tm espectador que como un protagonista. Prefiere la descripción a la

argumentación, el diálogo a la tesis, la experiencia directa a la erudición bibliográfica y la insinuación a la

consigna. Si hay vehemencias, están tan refrenadas, que no se descubren. Brilla el dogmagtismo por su

esplendorosa ausencia. Más que en la doctrina. Calvo Serer me parece que ha evolucionado en la actitud.

No es escepticismo, sino distancia; no indiferencia, sino frialdad. Aunque, como en toda madurez, quizá

haya también algo de suave eclecticismo y de prudente reserva. "Las nuevas democracias" marca un

crítico punto de inflexión en la trayectoria de un pensamiento político altamente representativo.—G, F.

M.

 

< Volver