Autor: Fernández de la Mora y Mon, Gonzalo. 
   "Acotaciones a la historia de la cultura"     
 
 ABC.    25/06/1964.  Página: 69-71. Páginas: 3. Párrafos: 6. 

de E. TIERNO CALVAN

Ed. Tecnos, madrid, 1964, 344 págs.

por Gonzalo FETÍHMDEZ DE LA MORA

Enrique Tierno está en un momento de copiosa recolección, literaria. Casi un tomo al-año: "Introducción

a la Sociología" (1961), "Tradición y modernismo" (1962) y "Acotaciones a la historia de la cultura

occidental en la edad moderna" (1964). Este último volumen no es propiamente un libro, sino una.

yuxtaposición de artículos sobre mucho de lo humano y aún algo de lo divino. No hay más que un cierto

orden. cronológico-, la primera acotación versa sobre el concepto de Edad Media; la última, sobre la

China comunista. Apenas hay conexión entre unos fragmentos y otros. En realidad, el tomo puede

empezar a leerse por cualquier subtítulo.

Mi modo de entender la crítica conceptual me lleva siempre a buscar, por soterrado que esté, algún

vestigio de sistematismo, es decir, unas ideas conductoras y un método. Empaño ciertamente difícil en el

caso de este volumen, donde cada apartado tiene existencia autónoma y no revela esapresas intenciones

de ssr articulado en el conjunto. Además, cada acotación se apoya en una o varias anécdotas, a veces

concretísimas, y suele desembocar en conclusiones de onda corta, lío obstante, creo que, apurando el

esfuerzo interpretativo, cabe aislar algunas nociones fundamentales.

Tierno Ga1ván afirma que "hoy el pensamiento, en su totalidad es una mrra hipótesis". Su agnosticisin o

básico se extíende también a los hechos: "la historiografia es esencialmente una explicación discutible; el

criterio de certidumbre se aleja de la Historia". Este punto de partida escéptico encamina la actividad

intelectual hacia latitudes pragmáticas. A juicio del autor, las preguntas piloto de la cultura occidental "a

no versan sobre el ssr,. Dios y lo bueno, sino sobre lo "factible", el "bienestar" y lo "útil". Consecuente

con su empirismo fundamental. Tierno se vale de un metodo qus, sustamcialmente, se reduce a establecer

relaciones,entre lo económica y to cultural- En el inicio vien a suponer como. Marx, que- el arte, la

filosofía, etc.. estári "condicionados por los sistemas de producción y de distribution de los bienes

materlales. Así llega a la conclusión de que "la cultura es, en muchos aspectos, ir* proceso mecánico". En

resumen, para Tierno no hay certidumbre lógíca: tampoco la hay histórica. Insinúa que tocio juicio es

hipotético y toda descripción subjetiva. Las estructuras eccrtómíco-sociales son determinantes. Hay un

mecanicismo cultural. Este esquema, muy diluido a lo largo de centenares de páginas y harto difícil de

reconstruir; se parece bastante al materialismo histórico y yo lo tengo por superado como método y por

inaceptable como doctrina.

Pero, lo mismo en cantidad que en calidad, lo más importante de. este volumen no son los supuestos

doctrinales últimos, sino las opiniones menores sobre ideas, personas y cosas. Muchas son las

generalmente admitidas, pero otras son muy nuevas. Salo me releriré a estas últimas comenzando por

alguna de las nías problemáticas. Afirma el autor que la catedral gótica es "la primera interposición que

afore el camino a una mezcla entre religión y estética en Occidente". Pero no es cierto: se olvida- de la

catedral romantica, de la basílica y del templo grecolatino y pasa por alto el esteticismo de la. leigión,

clásica. Entiende Tierno que "la Iglesia de y para los pobres suele ser una tenencia heterodoxa "que el

catolicismo auténtico reprime con energia". Tampoco es exacto: desde el conejo evangélico ´de pobreza

hasta las órigenes ´mendicantes,- pasando por la comunidad de bienes de los primeros cristianos y de la

patrística, la Iglesia. fue, corno peyorativamente denunció Nietzsche. un llamamiento a los pobres.

«ACOTACIONES A LA HISTORIA DE LA CULTURA»

Sostiene el autor que a! final de la Edad Media ´la catedral dejo de desarrollarse", a lo Que otorga un valor

simbólico; pero lo cierto es que la mayor parte de las fábricas catedralicias, desde San Pedro de Roma a

San Pablo de Londres, pasando por Sevilla, Méjico y El Escorial, son posteriores al siglo XIV. Según

Tierno, "América del Norte representa la discontinuidad respecto a Europa; América del Sur, la

continuidad. Una vez más se confirma el principio que caracteriza la cultura de Occidente: la

discontinuidad es fecundidad, la continuidad empobrece". Creo exactamente lo .contrario: los Estados

unidos prosiguen con fidelidad unívoca los usos y tradiciones anglosajones; en cambio, las minorías de la

emancipación hispanoamericana pretendieron romper espiritualmente con la metrópoli. De la continuidad

arrancón las venturas del Norte, y de la discontinuidad, las desventuras del Sur. Para el autor, ´el

luteranismo "incluye al nombre en el mundo con mucha • más energía y responsabilidad que lo hace la

teología católica; pero esta atrevida conclusión está en contradicción flagrante con la esencia de la moral

reformada, o sea, con la fatalista tesis luterana de que nuestra vida está predeterminada por un decreto

divino. ¿Cómo se compadece la responsabilidad con el determinismo? Cree Tierno que "tanto el barroco

mediterráneo como el austríaco son pesimistas". En qué apoyará- este juicio? Desde metro, no en esos

desenfrenos de vitalidad que fueron Bernini, Rubens y Lope de Vega, por ejemplo. Para Tierno, "el

romanticismo es fundamentalmente la revolución industrial", lo que no se detiene a demostrar ni parece

posible que quepa hacerlo, porque mientras la revolución industrial era utilitaria y burguesa, el

romanticismo era esteticista y popular. ¿Qué relación existe entré la máquina de vapor y Pablo y

Virginia? ¿¿Qué tienen que ver los telares de Manchester y Alfredo de Musset? Proclama el autor que

Marx "no negó nunca el espíritu como una realidad, y no fue nunca una mentalidad dogmática". Esta

sorprendente afirmación, que está en contradicción con la crítica universal y con los hechos marxistas,

habría que apoyarla, al menos, en alguna cita textual. Lo contrario es excesivo dogmatismo. Después de

citar a Menéndez Pelayo y a Croce, escribe Tierno que "el polígrafo es un resultado circunstancial de la

trarsformación Industrial moderna de la sociedad europea"; pero no explica que a qué proceso

industrializador corresponden polígrafos como Aristóteles, Plinio. San Isidoro, Lulio, Tomás de Aquino,

Vives, Leibniz, etc. Tampoco expone los datos en que se funda para escribir que "los españoles fueron

racistas sólo en el plano ideológico". La obra inmortal de Vitoria es un fabuloso testimonio en contra, y la

colonización americana es la negación práctica y teórica de todo prejuicio étnico. ¿En qué autor

castellano ha encontrado Tierno trazas de racismo? Quizá en Las Casas; pero a favor de los indígenas. Y,

en fin, si la noción radical del cristianismo es la caridad, -¿cómo puede sostenerse que "el, catolicismo en

el orden cultural tiende a hacer de la moral una cuestión privada, preocupación por sí mismo y sus

problemas y no por los demás"? Una cosa es que haya egoísmo y pecado entre los católicos, y ,otra muy

distinta que desvirtuemos la esencia de una ética radicalmente altruista.

Tiene, en cambio, mucha razón Enrique Tierno cuando fustiga a los "obsesos de la virtud" como

Savonarola, cuando agudamente diseca los factores geniales del "Quijote", cuando demuestra que todo

"ismo" es una forma mental decadente, cuando destaca que la música es un tortísimo elemento de

conservatismo cultural, cuando nota que los países desarrollados dan por sobreentendidas las libertades

políticas fundamentales, cuando levanta acta de que disminuye la tensión ideológica y aumenta la

confianza en los tecnócratas, y cuando define a Lorca corno "la representación de un Mediterráneo y de

unos gitanos inexistentes". También son certeras sus reiteradísimas diatribas contra una reduelen de la

moral al área cambiante y secundaria de la sexualidad. Y hay bastantes páginas de brillante critica

filosófica: asi las consagradas a Kant y a Hese!.

Estas "Acotaciones" no son, como a primera vista pudiera pensarse, una Filosofía de la Historia, porque

no contienen ni una teoría de la realidad histórica, ni un esquema total y coherente del pasado, ni un

sistema de conceptos históricos fundamentales. Imps-ran, por el contrario, la imprecisión, la anfibología,

la paradoja y, en buena dosis, el diletantismo ensayístico. Los materiales que integran este volumen son.

predominantemente, microensayos escritos con estilo aforístico (trascendentalista, conciso y categórico) y

con una irresistible tendencia a las generalizaciones apresuradas. No hay aparato critico, ni bibliografía

expresa. Cuando el autor define o sentencia, los suele hacer sin aportar argumentos y con sencillez

catequística. Los paralelos son atrevidos y distantes. El idioma es mucho menos hermético que en libros

anteriores, lo más positivo de estas "Acotaciones" son la erudición, la rebeldía contra el tópico. la

independencia, la audacia y el ingenio. Pero estos valores, tan poco comunes, no están suficientemente

respaldados por el sistematismo, la objetividad y el rigor, que son las claves del arco intelectual.—

 

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