Autor: Fernández de la Mora y Mon, Gonzalo. 
   "Ensayos al viento"     
 
   03/07/1969.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

Ed. Cultura Hispánica, Hadrid, 1969. 348 páginas.

«ENSAYOS AL VIENTO»

De R. Serrano Súñer

RAMÓN Serrano Suñer. nacido en 1902, es una de las figuras políticas más destacadas del Estado del 18

de julio. Ministro del Interior en 1938, asume la cartera de Asuntos Exteriores en el critico bienio de 1940

a 1942. La defensa de su gestión se encuentra en su libro "Entre Hendaya y Gibraltar" (1946) una obra

muy difundida en varias lenguas y que constituye una fuente de -primer orden para la historia de la

España contemporánea. Ahora Serrano Eúñer reúne en un volumen, bellamente prologado por Azorín,

más de medio centenar de artículos escritos para la Prensa periódica a lo largo de dos decenios. No están

clasificados por orden cronológico, pero tampoco de una manera rigurosamente temática. Aunque alguno

de ellos entra an el terreno de la crítica literaria, casi todos son de incidencia política. En realidad, la cosa

pública es lo predominante no sólo en la biografía, sino también en los escritos de Serrano Suñer. Sobre

ella, hay que centrar los focos.

Primero. Notas autobiográficas. "Nunca ha rehuido la verdad ni esquivado mis responsabilidad, pero

tampoco he soportado con paciencia ser un personaje inventado por la fantasía de unos, el rencor de otros

o la complacida comodidad de no pocos." Considera como "difíciles de olvidar" ]os días del traslado de

los restos de José Antonio dasde Alicante a El Escorial. Y en 19S1 declara escribir "cuando ya en el

declive de la vida hay pocas cosas que apasionen". Desde esta perspectiva alude a "nuestros errores", a lar

cosas en que "pusimos mucha fe y servimos con pureza de intención, que han mostrado luego su

inutilidad". Pero se puede rectificar de distintas maneras: distingue "cuándo en un cambio da opiniones

hay una limpia y honrada adhesión al proceso de la propia i inteligencia, y cuándo se trata de una me- • ra

y cinica acomodación a nuevas situaciones y a nuevas ocasiones de provecho". Segundo. Critics-, de la

democracia. Alude a "la esterilidad de nuestro parlamento", refiriéndose al período 1904-1916, e Invita a

los ingleses a pansar que "acaso el parlamentarismo no sea una panacea universal". En 1953 denuncia "el

recrudecimiento de las supersticiones democráticas". Esto le lleva a condenar a los "liberales fanáticos e

intolerantes", y a distinguir entre los hombres para quienes "la ideología, incluso la autoritaria, será

siempre una propuesta a la inteligencia", y aquellos otros para quienes "la idea, incluso la liberal, será

siempre un arma con que aporrear la cabeza del adversario". Reconoce que sistema funciona en algunos

países como, por ejemplo, los Estados Unidos, pero hace notar que el americano elige "entre dos equipos

más bien que entre dos sistemas de juego" cuando es llamado a votar. Pero, por otro lado, "íqué

espectáculo de mala dictadura está dando con frecuencia la democracia de hoy!" Y ciñéndose a las

coordenadas nacionales, confiesa en 1937: "Salvo en los lejanos años de mi juventud universitaria, he

tenido siempre serios reparos sobre la posibilidad as lanzar a España, sin más, a una experiencia

democrática pura total o absoluta. Las experiencias pasadas fueron catastróficas".

Tercero. Las fórmulas autoritarias. Exalta la figura de Mussolini—"el más genial de los políticos de

nuestro tiempo"—y la "grandeza real" de su obra. Define a Hitler como "el genio de la desmesura". En

1953 afirma: "Sin autoridad no hay libertad." Y en 1957 precisa: "Fuimos autoritarios, y durante un

tiempo tuvimos razones de necesidad para serlo." En esta linea está un importante artículo, quizá el más

sustancioso del volumen, titulado "Sobra la dictadura" y fechado en 1953. Allí escribe: "Yo no postulo la

dictadura como fórmula política aconsejable, y menos como panacea"; pero cree que puede ser necesaria

y fecunda, según "las condiciones de los hombres". Esta fe en el individuo superior le haca afirmar, frente

al tópico contrario, que "los grandes creadores políticos fueron casi siempre intelectuales".

Cuarto. Política exterior. Además de aportar algunos datos sobre su resistencia frente a las exigencias de

Hitler, Serrano Súñer se encara con la coyuntura diplomática más reciente^ y toma posiciones claras.

"Nuestras convicciones y sentimientos europeos están con los patriotas franceses que quieran conservar la

Argelia francesa." "Si Portugal se defiende, si defiende su gran obra transmarina de creador de pueblos, es

porgue tiena buena conciencia." Y frente a la oleada descolonizadora, levanta acta de que "se fustiga el

racismo de los blancos mientras se atiza y legitima si racismo ds los negros". Y tiene unas páginas de

respeto a "los héroes de Dien Bien Fu". Su idea de Europa es más bien federalista. "No negaré que Hitler

me parecía en e! año-1940 el instrumento histórico de la construcción de un Estado europeo", pero ahora

cree que Europa "tiene que ser una obra concordada con el debido respecto a la diversidad". Psehaza la

"Europa de las patrias", del General De Gaulle, y señala como meta la de "integrar pueblos". Insiste en

que los voluntarios -españoles de -la División Azul iban animados por un "patriotismo europeo".

Quinto. España. Son palabras de 1949: "Creo firmemente que, con todos nuestros defectos, hay aquí

acumuladas fuerzas espirituales más sanas y más grandes que en, los otros pueblos de Europa." Crac que

la clave del problema nacional es "la educación civil". Y en 1951 va casi tan lejos como Cánovas: "Para

mí, ese interés o ese ideal de lo español estará siempre en primera línea, porque su defensa es deber y

derecho sagrados e imprescriptibles."

Sexto. Varia. Caracteriza a Azorín como "poco o nada adicto al parlamentarismo"/y como

"regeneracionista" de signo conservador ("reaccionario" le llamaba Antonio Machado). Hay un artículo

dedicado a la rebelión Juvenil; es de 1988, uno de los últimos. Hay una cierta simpatía hacia los

"contestatarios" y se condena la neutralización académica: "Convertir la Universidad en un campo de

entrenamiento para una convivencia política, a la luz de la verdad, tiene positivo interés, aunque con ello

se ocasionen algunos desórdenes superficiales."

No tengo ahora a la vista los artículos y discursos de Ramón Sarrano Súñer anteriores a 1943, pero

reconstruyo con bastante claridad su perfil de hombre público y de ideólogo an aquella época. Y lo cierto

es que, a pesar de los anuncios de palinodia que a veces, con acentos un tanto patéticos, formula Serrano

Súñar, encuentro una solidaridad fundamental y una germina continuidad entra las actitudes de antaño y

las de hogaño. Y digo esto en honor del protagonista. Porque en lo esencial sigue fiel a sí mismo y porque

las rectificaciones, exigidas por tos hechos, afectan más a lo circunstancial que a lo trascendental, más a

lo accidental que a lo sustantivo. Por lo menos, a la luz de los textos recogidos en este libro sería injusto

incluir a Sarrano Súñer como alguna lo ha hecho, dentro de ese danostado y para mí desventurado círculo

de los "nuevos liberales". Mi impresión es más bien la contraria: la evolución que registran estos artículos

es un "agiornamento" del autoritarismo, una adaptación a la coyuntura da unas convicciones antiguas.

Hay una flexibilidad eme descarta el empecinamiento, pero hay una asunción del pasado y una vertebral

coherencia que eliminan la socorrida y tentadora hipótesis del cambio de campo.

Coincido con la interpretación qua Sarrano Súñer hace de la democracia y dal autoritarismo. Pero a las

razones que él aduce - añadiré una que estimo absolutamente primaria: en mi opinión, la bondad o la

maldad da un Estado no se mide por el procedimiento o manera de cumplir sus fines (forma de gobierno),

sino por el efectivo cumplimiento de los mismos (establecimiento de un orden justo y consecución de un

razonabla desarrollo). Mi indiferentismo constitucional es, pues, teóricamente completo. No creo en la

perfección absoluta de ningún tipo de régimen.. Valoro las formas políticas por sus rasultados reates. Esta

es la definitiva causa de que el Estado del 18 de julio me parezca bueno. Por el mismo motivo estimo muy

aceptables la Monarquía victoriana y el presidencialismo estadounidanse, con ser tan distintas unas

constituciones de otras.

«ENSAYOS AL VIENTO»

En cambio, difícilmente seguiría a nuestro autor en sus posiciones diplomáticas referidas a la actualidad.

Tampoco en su patriotismo maximalista. que, sin embargo, respeto muchísimo. Pienso que con la patria

sólo ss debe estar con razón.. Y, en fin, soy rotundamente partidario de la despolitización de la enseñanira

superior. Creo que el lugar natural de la cosa pública es el agora y no las aulas. La actividad política de

los jóvenes que, naturalmente, reputo perfectamente lícita, debe desenvolverse fuera de la Universidad.

Demos al César lo que es del César y a Minerva lo Que es de Minerva.

Aunque Serrano Súñer es fundamentalmente un político, y sólo marginalmente un escritor, su prosa es

algo más que un simple vehículo. Hay en ella una constante intencionalidad estética. Es nú. un síntoma de

refinamiento del protagonist.i que una prueba de profesionalidad literaria. Ramón Serrano Súñer vela

también por la forma. Esta es una constante de su biografía, que tiene, como es lógico, resonancias

estilísticas. Cuida su sintaxis como cuida su gesto. Es noble esto de que un hombre de Estado rinda culto

no sólo ul "bonum", que es lo propiamente suyo, sino tíimbicn al rigor y a la belleza. Ramón Serrano

Súñer, que cita más de una vez el noble ejemplo de César, apunta hacia la difíicl diana del politico

intelectual.

Gonzalo FERNANDEZ DE LA MORA

 

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