Con Europa al fondo     
 
 Blanco y Negro.     Página: 30-31. Páginas: 2. Párrafos: 5. 

Con Europa a! Fondo

"Europa, más que indiscutido horizonte, es —y no debiera serlo—, para nuestro país, pantalla y

fondo ante la que se pronuncian actitudes nada europeas, por su orfandad de rigores mentales.

Por la reiterada ausencia de voluntad de luz y equilibrio. Sectores hay entre nosotros que, en

su enfermiza aprensión a cualquier suerte de apertura, muestran una nerviosa presteza en

entender que se piden partidos donde se demanda, simple, honesta y legítimamente, desarrollo

politico. Gentes hay también que exigen una como instantánea inserción nacional en las

instituciones comunitarias europeas, y sin reparar en costos económicos, por cuanto entienden

que asi se habrá forzado la implantación no menos subíránea de los partidos en nuestro

sistema politico.

Desde uno y otro planteamiento o postura, la imagen de Europa es traída y llevada como

argumento. La utilizan, de una parte, como ariete para arremeter contra las murallas

constitucionales españolas; de otra, como cerrojo al desarrollo político. Para los primeros no

habría que reparar en el precio que España debiera satisfacer para su ingreso en la C. E. E., ya

que pugnan a todo trance por la implantación del parlamentarismo, y en tanto que consideran

tal eventualidad como «conditio sine qua non» para nuestro enganche con las instituciones

comunitarias. Para los segundos, en razón de que también conciben como una

sola y misma cosa desarrollo politico y partidos, no importa demorar indefinidamente el ingreso

en Europa, pese al daño que ello pudiera ocasionar a España (Europa es un tren en marcha al

que debemos alcanzar antes de que se pierda en el horizonte), con tal de obstruir la expansión

de la representatividad en las instituciones políticas nacionales.

Con tales dispositivos dialécticos, Europa y el desarrollo político, objetivos independientes

aunque interrelacionados, llegan al hombre de ¡a calle como los dos principales elementos

litúrgicos en la gran ceremonia de la confusión nacional. Aparece asi confundido lo que sólo

tiene una meridiana y sólida relación. Desde sus antagónicas posturas consiguen uno y otro

bando que los españoles no sepan ya a qué atenerse. Pero es que en el terreno de la realidad

alcanzan también a que no circulen las cartas, las opciones, realmente válidas. El maximalismo

aperturista y el patológico inmovilis-mo se complementan dialécticamente en una especie de

simbiosis cuyo más desalentador fruto es ta parálisis efectiva de nuestro desarrollo político y,

por ende, de nuestra real y efectiva aproximación a Europa.

Aun a riesgo de subrayar lo evidente, creemos oportuna la puntualización de que una cosa es

el desarrollo político español y otra el acelerado proceso que experimenta la integración euro-

pea; que una cosa es la democracia y otra los partidos; que una cosa es que las cláusulas del

Tratado de Roma exijan democracla a los miembros de la Comunidad y otra que esta

democracia deba ser, necesariamente, partidista Dé igual modo, una cosa es que dispongamos

de las condiciones políticas suficientes para el momento —siempre próximo— en que nos

pueda ser mes ventajosa la propia integración, y otra, bien distinta, entender tales condiciones

como la institucionalización de los partidos, y para ahora mismo la oportunidad de nuestro

enganche con la Comunidad Económica Europea.

Los -temas de Europa y del desarrollo político son, aunque complejos, réductíbles a una visión

clara y serena. Pero exige esto voluntad de comprensión y ¡usteza. De ahí que ante el confuso

clima que envuelve ambos cardinales asuntos cabria, por ejemplo, decir que no estamos, ni

poco ni mucho, en el camino electivo del Mercado Común; en el camino que conduce al seno

de la Comunidad. Y que mientras la cerrazón y el inmovilísmo de unos erosiona gravemente el

crédito democrático del sistema español, el maximalismo aperturlsta de los otros hace el juego

a sus contrarios: más capaces, por su proximidad, al Poder, de colar el gato del continuismo

por la liebre de la continuidad. Proponer, con la postulación de los partidos (que no son

posibles en el sistema español ni por desarrollo político ni por patológica derivación de las

asociaciones), proponer, decimos, los partidos, la discontinuidad, es avalar y fortalecer la vía

muerta del continuismo. Es ello la palanca más seria para comprometer el futuro de los

españoles hacia adentro como convivencia y hacia afuera como incorporación a Europa."

 

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