Que se integren ellos…     
 
 Blanco y Negro.     Página: 31-32. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

Que se integren ellos...

«¿Es que en la Prensa del Movimiento y la de los Sindicatos aumenta el recelo y la antipatía

hacia ila Comunidad Europea y el temor de que España se integre un día en ella? ¿O es que

las recientes alusiones ´no son más que expresiones nuevas de una vieja y constante actitud?

Bien está que las cosas se vayan poniendo claras y que cada cual manifieste lealmente su

criterio. Y si en las alturas hay puntos de vista diversos v aun contrarios sobre esta

cuestión —hablamos en condicional—, bien está que se hagan públicos: ´lo peor, políticamente,

sería •la incoherencia. Si los que recelan de la Comunidad Europea o creen que no nos

conviene incorporarnos a ella, ni hoy, ni mañana, ni pasado, tienen más peso .político que los

que creen lo contrario, bueno, pues que se sepa. Lo peor sería engañarnos a nosotros mismos.

Lo que quizá ya no resulte tan realista es dar a la opinión española la impresión de que

es la Comunidad Europea la que quiere que, de un modo u otro, nos incorporemos a ella y que

lo que se plantea es el punto de conciencia, o de conveniencia, de decir sí o no, de aceptar o

de rechazar.

Un distinguido articulista que, al parecer, tiene un seudónimo especial para escribir sobre el

que llama «viejo y para nosotros nefasto sistema de partidos» acaba de ver en el «reto de

Europa» un «colosal argumento para erradicarlos sin la menor vacilación». Se refiere, por

supuesto, a los partidos, que muchos creíamos ya erradicados de tiempo.

El autor, que parece que no sabe hablar de Europa sin hablar de los partidos —igual que los

adversarios a quienes quiere combatir—, nos comunica algunas cosas sustanciosas.

Veámoslas. Si la Comunidad nos ofreciera la integración inmediata, «habría que aplazarla».

Hemos recogido el reto del Mercado Común «del modo menos peligroso». «Toda la Europa del

Este, y la mayor parte de la mediterránea, rechaza el sistema de partidos». Este sistema está "

siendo «uno de ´los más poderosos obstáculos para la construcción de Europa». Si la

Comunidad Económica Europea pretendiese «condicionar las voluntades nacionales en el

sentido de imponerles el slstema de partidos», se plantearía «el problema moral de renunciar».

Y, en -fin, sin partidos no hemos cesado de «ganar posiciones en el "ranking" mundial», y en

diez años hemos ascendido cinco puestos. Habria que tranquilizar al inquieto articulista. La

Comunidad Europea no nos ofrecerá la integración ´nmediata (la integración no se ofrece, se

pide si se desea). Podemos, por tanto, seguir recogiendo el reto de Europa de la manera

menos peligrosa y seguir indefinidamente fuera de la Comunidad, con los países de! Este y ios

mediterráneos que también rechacen el sistema de los partidos. No nos veremos en el trance

moral de renunciar, porque nadie piensa en imponernos la integración. Y podremos seguir

avanzando puestos en el «ranking» mundial, y seguir erradicando los viejos y nefastos partidos.

¡Que se integren ellos! ¿No es verdad? Inútil que insistan.*_

se le antoje a «Diego Ramírez». Repitamos lo del molinero al rey Federico el Gránele: «Aún

hay jueces en Prusia». -La cosa posee especial importancia debido a que, si bien el artículo de

«Diego Ramírez» tiene por eje una doctrina política sólida y consecuente y los argumentos en

que la basa son vigorosos, su información sobre el Mercado Común deja no poco que desear y

muchos de los «hechos» que esgrime o son inexactos o no existen.

"toda la Europa del Este y )a mayor parte de la mediterránea rechazan el sistema" de partidos.

Pero, ¿es que la mayor parte de la Europa mediterránea y toda la del Este tienen nada que var

con el Mercado Común; y no es el Mercado Común una institución levantada precisamente

como contrapunto y contrapeso a "toda la "Europa del Este"; y no es -uno de sus finas evitar

que la "mayor parte del Mediterráneo" caiga bajo la hegemonía de una dictadura comunista?

 

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