Autor: Haro Tecglen, Eduardo (POZUELO). 
   De "don Cicuta" a "Diego Ramírez", pasando por otros seudónimos     
 
 Triunfo.    17/06/1972.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 1. 

DE «DON CICUTA» A «DIEGO RAMIREZ», PASANDO POR OTROS SEUDÓNIMOS

Hay dos grandes personajes en la actualidad nacional: «Don Cicuta» y «Diego Ramírez». Yo no descarto

del todo la idea de que sean una misma persona. Cuando veo a «Don Cicuta» en el inquietante concurso

de TVE (más que inquietante, tenebroso: ¡qué miedo da oír a una dama adulta responder «El Nilo»

cuando le han preguntado por ríos de América), se vienen a las mentes las frases de los artículos de

«Diego Ramírez», en «Arriba». Uno de los deberes frecuentes de los periódicos nacionales es especular

con la personalidad de «Diego Ramírez». Hay quienes dicen que es una personalidad del Gobierno. ¡Qué

tontería! ¡Como si las personalidades del Gobierno no tuvieran otra cosa que hacer! ¡Como si no tuvieran

otros medios de expresión de sus ideas acerca de los partidos políticos, la unión y la desunión de los

españoles que el débil jueguecito de escribir artículos con seudónimo! A mí me cuesta cierto trabajo

abandonar la idea de que es el mismísimo «Don Cicuta» de rala barba y pelambrera, de chistera y levita

envejecidas por el exceso de ahorro, angustiado por la posibilidad de que los ciudadanos —que dan sus

caras, sus nombres y su fabulosa ignorancia a las cámaras— tengan acceso a un poco de dinero, a un poco

de felicidad... Hay otro colega que da alguna pista: Pastor Vinet, en «El Alcázar». Ha encontrado que

Diego Ramírez fue un cosmógrafo real del siglo XVII, nativo de Játiva. El Espasa permite, a veces, estos

importantes hallazgos. Es curiosa esta tendencia a utilizar para seudónimo a personajes reales de la

antigüedad. En «Pueblo» hay uno´que firma «Copérnico». Nosotros tenemos, en estas páginas, a «Sixto

Cámara», que utiliza el nombre de un utópico español del siglo XIX. Hay muchos más. Recientemente

apareció en Valladolid un nuevo político que utilizó, para un discurso de política tridimensional, el

nombre de «José Antonio Girón», famoso político español del siglo XX, que llegó a ser ministro de

Trabajo y que desde hace tiempo vive retirado en una hermosa finca de la Costa del Sol, y en «ABC» ha

aparecido ahora un artículo con el seudónimo de «Ramón Serrano Súñer», famoso político español de los

años cuarenta, ya tan lejanos, en los que fue ministro de la Gobernación y de Asuntos Exteriores, autor de

una famosa obra, intitulada «Entre Hendaya y Gibraltar». Este «Serrano Súñer», de «ABC», parece estar

en la posición contraria a aquel «Diego Ramírez», de «Arriba»; este «Serrano Súñer» pretende que

Europa es hoy un tren «casi en marcha» (¡qué raro!, un tren está en marcha o está parado; el término

medio «casi en marcha» no acaba de entenderse bien) y que intentar eludir la necesidad de tomar ese tren

sería «un acto de megalomanía localista o un puro pretexto para anteponer la comodidad hogareña a los

riesgos de la verdadera vida histórica». Esta contraposición de la comodidad despreciable frente al riesgo

histórico deseable sí parece recordar a aquel Serrano Súñer que fue amigo y admirador del Duce, que

quería «vivere pericolosamente», pero, claro, quien toma ahora su nombre como seudónimo no tiene la

fuerza y la energía de aquel político; remeda el estilo y se le va el fondo. Porque, la verdad, es que el

riesgo histórico es quedarse al margen de lo que está pasando en Europa, y la excelente comodidad

hogareña, que yo mismo deseo, parece estar en acercarse en lo posible —jquién pedirá imposibles! y, ¿a

quién?— a algunos sistemas europeos. Lo que en «Diego Ramírez» resalta más es su terror a los partidos.

Uno de sus habituales exégetas, don Luis Apostua —juraría que esto no es un seudónimo, pero, ¡quién

sabe!...— dice en «Ya» que en el artículo de «Diego Ramírez» se percibe «un vehemente tufillo de

partido único». Confieso que nunca he entendido bien esto del partido único. El partido es una parte;

¿cómo puede ser único, o sea, el todo? El partido único es la negación del régimen de partidos; luego, es

la negación de los partidos; luego, es la negación de sí mismo. Estoy seguro de que el llamado «Diego

Ramírez» no puede pretender tal disparate: no hay más que leerle para comprender que no desea un

partido único, sino ningún partido. El marqués de la Florida se expresa en «ABC» también contra los

partidos: «... incondicionalmente, anteponemos la nación a los partidos»; pero matiza bastante más que

«Diego Ramírez» y resulta ser, en cambio, partidario de las asociaciones; «nos consideramos, sin duda,

partidarios del asociacionismo, al que consideramos útil y necesario, sobre todo si los resultados del

mismo sirven para satisfacer, sin confusionismos, Eos intereses privados, legítimos y fundamentales al fin

de la colectividad». Se dice también defensor y amigo de la libertad, pero «sin confundirla con el

libertinaje». ¿Serían las asociaciones una fórmula de libertad, y los partidos una fórmula de libertinaje? •

POZUELO.

 

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