La técnica de las computadoras, para saber quién es "Diego Ramírez"  :   
 Al compararle con el señor Fernández de la Mora, se han utilizado 333 críticas, 2.160 páginas y algo más de 800.000 palabras. 
 Sábado Gráfico.     Página: 14-15. Páginas: 2. Párrafos: 50. 

La técnica de las computadoras, para saber quien es "Diego Ramirez"

AL COMPARARLE CON EL SEÑOR FERNANDEZ DE LA MORA, SE HAN UTILIZADO 333 CR

He aquí un tema que, aunque no multitudinario, interesa a los observadores de las grandes lineas de la

política española. Hace no muchos dios, apareció en nuestra prensa la noticia de que el doctor Vidal

Beneyto —valenciano y profesor en la Universidad de Stanford (California)— aseguraba que recurriendo

a computadoras sería posible establecer la identidad de "Diego Ramírez". Como recordarán nuestros

lectores, "Diego Ramírez" fue la gran revelación, pero también la gran incógnita, del periodismo político

en la última temporada. Algunos han pretendido identificarle con una conocida personalidad de la política

y de las letras; para otros se trataría de un seudónimo de grupo, o colectivo, siendo varias las plumas que

contribuían a los escritos de "Diego Ramírez".

Según el doctor Vidal Beneyto —cuyas declaraciones, por demasiado extensas, nos hemos visto

obligados a reducir—, "Diego Ramírez" presentaría ideas, tendencias y formas de lenguaje que

permitirían una posible identificación preferencial. Se trataría —a eso apunta el análisis— de relacionar a

"Diego Ramírez" con el señor Fernández de la Mora, cuya pluma, casi siempre política, ha mostrado

especial preferencia por el tema de las ideologías.

Estimando el interés general de esta información, publicamos hoy unas declaraciones basadas en un

trabajo de computadora, no concluido todavía. Esto es, por tanto, una anticipación del doctor Vidal

Beneyto, cuyo resultado se encontraría en las declaraciones que a continuación reproducimos.

PREGUNTA. — Querría charlar con usted sobre la, noticia que ha circulado en la prensa de estos días de

que está haciendo un estudio para averiguar quién es «Diego Ramírez», y que para ello va a utilizar una

computadora. ¿Qué hay de cierto en ello?

VIDAL.—La noticia a que usted se refiere es una comunicación apresurada. El hecho en sí mismo es

bastante más anecdótico y personal. A mi vuelta a España, a finales de junio, me encontré con que dentro

de la «primavera política» española las intervenciones periodísticas de «Diego Ramirez» tenían un relieve

especial y eran comentadas con un apasionado interés. Desde él, la identificación de la persona o personas

que se albergaban tras el seudónimo era un dato con el que llenar un vacío de la vida española. •Para mí

era tan sólo una oportunidad de poner a prueba los resultados de un trabajo en el que llevo, o, mejor,

llevamos, algo más de siete años metidos.

P.—¿Puede explicar a los lectores brevemente de qué se trata ese trabajo?

V.—Brevemente no parece fácil, pero podemos probarlo. El curso académico mil novecientos sesenta y

cuatro-sesenta y cinco dirigí, dentro de la cátedra del profesor Ollero, en la Facultad de Ciencias Políticas,

un seminario cuyo tema general era «La objetividad en las Ciencias Sociales». Ello nos llevó e

plantearnos el problema de la Ideología y de su Incidencia en el ámbito de la ciencia. De los múltiples

significados posibles del término —ya Gurvitch afirmaba que en Marx había más de treinta acepciones

diferentes del concepto «ideología»— elegimos, o, mejor, construimos uno y lo operativizamos. Es decir,

establecimos una serie de variables, podríamos decir también características o notas, que reprodujesen ese

núcleo conceptual y que nos permitiese aplicarlo, como si en alguna medida fuese un instrumento, a la

percepción y análisis de la realidad ideológica.

P.—Bien, pero, ¿en que medida tiene todo eso que ver con nuestro problema?

V.—A ello voy. Apuntando nuestro proyecto a examinar la conexión entre nivel teórico y práctica

científica, y habiendo elegido como materia de trabajo la • categoría «ideología», seleccionamos unos

cuantos intelectuales españoles y de significación ideológica socialmente distinta, es decir, a los que el

«consensus» dominante atribuía ideologías diferentes, y si dicha Ideología así aprehendida condicionada

o no, y a través de qué modos y con qué intensidad afectaba su comportamiento intelectual. Y ello, en tres

planos distintos: en el captación y/o selección de los datos, en su organización y/o análisis, en el juicio

que sobre los mismos y sus consecuencias se emitiera. Uno de tos intelectuales escogidos —y sobre él

estamos trabajando desde entonces— es el señor Fernández de la Mora.

P.—¿Y por qué eligió usted al ministro de Obras Públicas? ¿Es que lo considera como un científico?

V.—Con criterios académicos objetivos, (me refiero a los que se utilizan en los «rankings» de las

Universidades norteamericanas) no es que el señor Fernández de la Mora no sea un intelectual científico

importante, es que no es propiamente un científico, y supongo que él mismo no lo pretende.

P.—Entonces, ¿por qué lo incluyen en el elenco de intelectuales seleccionados para el estudio?

V.—Su inclusión en nuestra muestra me parece válida por la triple consideración siguiente: Primero: El

señor Fernández de la Mora es el gran deprimidor español de la tesis del fin de las ideologías —su libro

«El crepúsculo da las ideologías» traduce el título del libro «II tramonto delle ideologic», publicado en

Italia en mil novecientos cuarenta—. Segundo: Su trabajo como crítico de pensamiento de «ABC» nos

daba ocasión de comprobar el tercer nivel de nuestra hipótesis general; a saber: la Inierrelación entre

ideología y juicio crítico. Tercero: En la derecha política española, siempre mermada en intelectuales

relevantes, la presencia del señor Fernández de la Mora era una. segura promesa que el tiempo está

haciendo, a marchas forzadas, cumplida realidad.

P.—Pero, en términos más concretos, ¿en qué ha consistido su trabajo?

V.—¿En general, o en relación con el señor Fernández de la Mora?

P.—Como usted quiera.

V.—Sigamos, pues, con el señor Fernández de la Mora. En primer lugar, analizamos (a producción

Intelectual de este autor, exterior a su contexto crítico, y descubrimos que tenía una ideología, que la

misma era consistentemente unívoca, y que, además, para aumentar nuestro desconcierto, la compartía

con el grupo intelectual del que formaba parte. En segundo término, nos propusimos examinar su

comportamiento crítico a partir del dos de enero de mil novecientos sesenta y tres, concretado en

trescientas treinta y tres críticas, con un total tipográficamente heterogéneo de dos mil ciento sesenta

páginas y algo más de ochocientas mil palabras. Este universo se sometió a investigación a cuatro niveles

diferentes que tienen otros tantos haremos analíticos. En él primero, la unidad de análisis fue cada una de

las trescientas treinta y tres críticas, y fas operaciones practicadas corresponden a lo que se conoce

habitualmente como análisis de contenido; en el segundo, la unidad fue cada una de las palabras del

universo y su tratamiento en el propio de la estadística lingüística y de la lexicología, con sus

derivaciones hacia el análisis semántico —campos verbales y nocionales, correlaciones antonimicas,

etcétera—; en el tercero, la unidad recayó en las frases o conjuntos preposicionales, definidos según

determinadas convenciones que podemos designar como temas y valores, y que de alguna manera

equivalen a to que se conoce en parte como análisis conceptual y en parte como análisis temático, y en el

cuarto y último hemos aplicado, con escaso éxito (y por ello seguimos en el intento), el modelo de las

estructuras latentes desde las posiciones antipódicas de Lazarsfeld, por una parte, y de Roland Barthes,

por otra,

P.—¡Pero eso es un trabajo de chinos!

V.—Más que de chinos, de riquísimas fundaciones. Y lo mato es que el costo material del trabajo, tan

elevado que me sonrojaría el decirio, ha sido, por razones que no se le escaparán, imposible de financiar.

P.—¿Y se ha llegado a alguna conclusión?

V.—Pues sí, aunque no sea del todo satisfactoria. Por ahora hemos logrado construir una fórmula

predictiva de comportamiento crítico, que nos permite adelantar el juicio que el señor Fernández de la

Mora, si continuase su actividad crítica, emitiría en mil novecientos setenta y ocho, pongo por caso, sobre

un libro concreto, siempre que su actividad respecto de las variables en las que se ha

formalizado su ideología permaneciese estable. Este juicio se articula a to largo de una escala ordinal —

de intervalo, desde luego, no equivalente— de nueve posiciones. Actualmente estamos «retinando» la

fórmula y preparando un programa en lenguaje de máquina que haga posible, a los sotos efectos

evaluativos, la sustitución crítica del señor Fernández de la Mora por un ordenador IBM 7090.

P—Todo eso es muy sorprendente, pero, ¿en qué sentido tiene que ver con «Diego Ramírez»?

V.—Yo no he pensado nada de mi propia cosecha. Llego a Madrid. Me encuentro con el fenómeno

«Diego Ramírez». A su respecto corren una serie de rumores, y yo parto de ellos, pues, como usted sabe

tan bien como yo, el rumor es dentro de los comunicativos uno de los vehículos más válidos, al menos

sociológicamente, de producción y transmisión del mensaje, y que goza ya de un reconocido «status»

científico.

«Los rumores sobre «Diego Ramírez» señalan un centro de referencia y unos nombres: el señor

´Fernández de la Mora, el señor Fernández Miranda, el señor Sánchez Bella, don David Jato, etcétera. De

lo que se trata es de ver si un análisis de «autoría» aplicado a los nombres que conlleva el rumor —

nuestro legítimo punto de partida— permite proceder a alguna fundada atribución.

P.—¿En qué consiste el análisis de autoría?

V.—Se trata de una técnica que, contrariamente a lo que han dicho algunos periódicos, tiene poco de

nueva, porque Mendenhall hablaba de ella en mil ochocientos ochenta y siete, y Yuto la aplicó en mil

novecientos cuarenta y cuatro de forma bastante convincente a la discriminación entre

CRITICAS, 2.160 PAGINAS Y ALGO MAS DE 800.000 PALABRAS UNA TÉCNICA SIMILAR SE

APLICO EN 1944 PARA DISCRIMINAR SI ERAN KEMPIS O GERSON, LOS AUTORES DE LA

"IMITACIÓN DE CRISTO" LAS OBRAS DEL SEÑOR FERNANDEZ DE LA MORA

Hasta la fecha, los textos publicados por don Gonzalo Fernández de la Mora, son los siguientes:

«La quiebra de la razón de Estado». 1952.

«La teoría de la esencia en Zubiri». 1966. ´

«Maeztu y la teoría de la revolución». 1956.

«Maquiavelo, visto por los tratadistas españoles

de la Contrarreforma». 1949.

«La repercusión del 48 en la bibliografía europea

contemporánea». 1949.

«Las aportas de Nuremberg». 1951.

«Ortega y el 98». 1961.

«Ángel López-Amo, historiador del Derecho y

pensador político». 1957.

«El crepúsculo de las ideologías». 1965.

«La política exterior de España». 1961.

(No hemos citado varios libros con el título de «Pensamiento español», por tratarse de colecciones de

artículos y críticas de libros.)

Tomás de Kempis y Jean Gerson como posibles autores de la «Imitación de Cristo» («El estudio

estadístico del vocabulario literario». Londres, 1944. Cambridge Univ. Press.) El tema más estudiado en

este sector científico es, sin duda, e! del posible autor de los «Federalist Papers», a los que se han

dedicado numerosos artículos, entre los que destacan los excelentes de Mostelier y Wallace y el del

profesor Paisley. El procedimiento consiste en señalar una serie de indicadores sintácticos y semánticos,

formales y de contenido, que van desde la longitud de la frase, los índices de frecuencia modal de ciertos

verbos, las constelaciones de sustantivos y los usos verbales menores, en los que se ha especializado

Paisley, hasta jos núcleos más relevantes conceptual e ideológicamente. Esto supone, sin embargo,

criterios válidamente contrastados previos a la investigación identificadora. Precisamente a causa de ello,

si yo procediera a una indagación de esta, naturaleza en el caso de «Diego Ramírez», podría aplicarlo al

señor Fernandez de la Mora, ya que es autor legitimado, en cuanto posible, por el rumor, sobre el que

dispongo de supuestos analíticos, en principio, fiables:

P.—Se diría que usted confía mucho en la eficacia de las computadoras en la investigación científica. ¿No

cree que tienen también sus. (Imitaciones?

V.—Y tantas. El ordenador es el más estúpido de los calculistas, pero también el más rápido. En todos los

centros de cálculo que he visitado en USA, que han sido bastantes, los profesionales de la máquina eran

los primeros en saberse el GIGO —Garbage in, Garbage out—, que un tanto desgarradamente podríamos

traducir como «la basura que metes es la que sacas». Ello no impide que para manejar universos de

alguna extensión, en operaciones reiteradas, el ordenador, siempre que se le proporcionen adecuadamente

hipótesis válidas y que se analicen congruentamente sus resultados, sea un instrumento casi insustituible.

P.—¿Puede usted resumirme las conclusiones de ese primer análisis al que ha procedido?

V,—No tengo inconveniente, pero permítame que le insista en el carácter incoactivo, superficial y

escasamente científico de los mismos, lo que nos tiene que llevar a extremar las reservas a su respecto.

•Parece que hay Importantes nodulos de identificación entre el autor de los chico artículos mencionados y

el señor Fernández de la Mora. En primer lugar, en cuanto a su ideología. Los dentó veintinueve temas y

subtemas que hemos apreciado hasta ahora en el estudio a que nos hemos referido antes podrían

agruparse un, tanto abruptamente en tomo a los tres enunciados siguientes: nacionalismo españolista,

catolicismo tradicional, autoritarismo psicológico y político. Los artículos en cuestión se sitúan

temáticamente, de modo estricto, dentro > del perímetro marcado por dichas determinaciones ideológicas.

P.—Pero, en fin, aunque el ministro de Obras Públicas pensase de esa manera, no es la única persona de

esa supuesta ideología.

V.—Desde luego que el señor Fernández de la Mora no es el detentador único de dicho patrimonio

ideológico; lo comparte con otros, y en primer lugar, y como decíamos entes, con sus compañeros de

grupo Intelectual. De ese grupo el gran promotor parece haber sido el profesor Calvo Serer, y el teórico

más agudo y de mayor grado de formación, el malogrado catedrático de Historia del Derecho Ángel

López Amo.

»DIgo, pues, que el señor Fernández de la Mora no es un ideólogo solitario a quien quepa identificar sólo

por el contenido temático de artículos. Por lo demás, repetimos que nuestra comprobación, legitimada por

el rumor, se concreta en este caso al señor Fernández de la Mora, y que por ahora nos limitamos a decir

que hay coincidencia ideológica entre ambos ámbitos, el del objeto de nuestro estudio y el delimitado por

los artículos mencionados.

P.—¿Eso es lo único que puede decirnos usted?

V.—Cabe decir bastantes cosas más.

Pe—Pero, por favor, lo más compendiada y concretamente que sea posible.

V.—Tanto el material como los primeros resultados de nuestra investigación sobre «Ideología y

comportamiento crítico» están en la Universidad de Michigan —en parte en el Centro de Cálculo, en

parte en el Departamento de Periodismo—, lo que me impide referirme a él con alguna propiedad. Si no

fuese así, podríamos, por ejemplo, comparar la frecuencia de palabras, expresiones, tiempos verbales,

formas preposicionales, adverbios modales, etcétera, en los dos universos —el de las críticas anteriores y

el de las criticas actuales, aunque en este último caso sólo por estimación— y establecer una serie de

correlaciones entre ambos que avalase, en alguna medida, nuestra prognosis. A falta de ello, tenemos que

reducimos a.inventariar unos cuantos indicios a tos que la susomentada máquina y el trabajo ya realizado

podrían convertir en índices.

»La presencia de datos específicos propios del proceso expresivo del señor Fernández de la Mora es

desigualmente perceptible según los diferentes artículos. Sin atrevemos a cuantificar, ni siquiera a título

de ensayo, podemos sólo adelantar que el de «La canticena troyana», firmado por Juan Castilla, es aquel

en el que el nivel de convergencia aparece como mayor. En segundo término habría que citar, casi con

igual coeficiente de concidencia, «Europa como pretexto» y «La desunificación», ya con el seudónimo de

«Diego Ramírez», viniendo en último término «Levantando el telón» y «¿Qué es la verdad?».

•La estructura formal del discurso en todos ellos es muy típica y ha sido denominada por nosotros

«mostración apodíctica». Consiste en la construcción selectiva de un sistema de refutación en el que se

pretende dejar hablar a los hombres y que sean ellos los que impugnen el objetivo, cuando en realidad es

tan sólo la fuerza adjetiva de ios recursos verbales la que soporta la carga de la prueba.

•La longitud media de la frase, que parece apreciarse en estos cinco artículos, es inferior a la de las

críticas, pero muy análoga en cambio a la de los artículos periodísticos firmados por el señor Fernández

de la Mora. Muy característico del estilo del señor Fernández de la Mora es terminar los párrafos que

tienen autonomía sustantiva —y que en general coinciden con los puntos y aparte— con una frase

normalmente de menos de veinte palabras —es decir, netamente inferior a la media— y de Intención

compendiadora y/o indicativa. La modalidad, pues, especifica de este paute indicadora es lo que

llamamos en el estudio «consigna imperativa». Las investigaciones del profesor Juilland sobre el uso del

modo imperativo en la producción cultural y literaria de la España contemporánea dan un índice que no

llega al veinte por ciento de la hallada en la literatura crítica del señor Fernández de la Mora, y que suele

localizarse, a modo de progranuM-esumen, al final de sus recensiones críticas. La última frase —de punto

a punto— de «Europa como pretexto» presente tres verbos principales en modo Imperativo. Este voluntad

impositiva se manifieste también, tanto en las críticas como en los artículos, adoptando otros recursos

literarios, por ejemplo iniciando una proposición con un verbo aseverativo que se reitera, o terminando un

párrafo con una forma interrogativa cuyo propósito es justamente el de la afirmación de aquello sobre lo

que se interroga —véanse párrafos primero, tercero, cuarto, quinto, sexto y séptimo del artículo «La

desunificación»—, etcétera.

Lo que llama Paisley «minor encodings habits» son muy reveladores, véase, por ejemplo, la predilección

de «Diego Ramírez» y del señor Fernández de la Mora por apoyaturas como «he aquí», «en suma», «no

es cierto», etcétera. O en otro nivel formalizador, la asociación de términos abstractos o de neologismos

con palabras de denotación estrictamente física o material, etcétera.

Podríamos también decir...

P.—Perdone usted. Hay que terminar. ¿Puede usted afirmar que «Diego Ramírez» es, sí o no, don

Gonzalo Fernández de la Mora?

V.—En el estado actual de improvisación que he practicado, lo más que puedo decir es que hay un

desigual, pero Importante, nivel de coincidencia entre el universo ideológico y expresivo de los artículos

mencionados / el de las críticas de dicho señor.

 

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