Autor: Gómez Pérez, Rafael. 
   La Lucrecia, constitución 1977     
 
 Pueblo.    29/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

LA LUCRECIA, CONSTITUCION 1977

NUESTRA más gloriosa Constitución pasó a la historia con el mote de "La Pepa", por haber nacido el 19 de marzo de 1812. Yo propondría llamar "La Lucrecia" a esta otra que nos esta naciendo. El 23 de noviembre se destapó la "primera lectura" de algunos artículos de la Constitución (¿por qué no se dirá la "primera escritura"?). Y era el día de Santa Lucrecia.

- Si "La Pepa" nació de un fervor, "La Lucrecia" nace de un compromiso. Un diario publicaba las caras de los siete miembros de la ponencia constitucional, que mas que padres de la Patria tendrían que ser denominados primos del pueblo, ya que resulta que el pueblo soberano vota a unos representantes (primer grado), que, a su vez, nombran a otros representantes (segundo grado). Esto ha ocurrido muchas veces y sigue ocurriendo en todas las democracias en gestación. No es una "primada" exclusiva mente española. Y, sin embargo, da no sé que ver como la ley fundamental de un país dependa de un compromiso, y mucho mas grave que este compromiso no haya podido salvaguardar un silencio natural.

- "La Lucrecia" se presenta asi, inopinadamente, con un destape. Quiza sea un signo de los tiempos y es lo que se merezca el país; es decir, todos nosotros.

- Los primeros 39 artículos de "La Lucrecia" que también podría llamarse "La Ramona", por lo de San Ramón non nato, no están nada mal. Ya tendríamos "habeas corpus", que es algo elemental: si a uno le detienen, decirle cuanto antes por qué y reducir la detención preventiva a un mínimo (setenta y dos horas). Ya tendríamos reconocido el pluralismo en lo religioso, en lo sindical, en lo educativo. Ahora sólo hace falta que estemos dispuestos a permitir el pluralismo de los demás.

- ¿Qué va a pasar cuando la Constitución aparezca oficialmente, cuando sea conocida naturalmente, sin destape, cuando se enseñe en las escuelas y en la televisión, esa deficiente escuela nacional? Yo recordaría aquí una frase de Lord Byron, escrita allá en los tiempos en los que en España se ponía y se quitaba la Constitución, en 1821. Decía: "The best of prophets of the future, is the past", el pasado es el mejor profeta del futuro. No es un conjuro. No pretendo invocar a los demonios familiares de España. Ese filósofo español que pensó fuera de España, como ocurre. Santayana, dijo algo antiguo, porque los pensamientos verdaderos no tienen padre: "Los que no se acuerdan del pasado están condenados a repetirlo.

- ¿Qué le puede ocurrir a "La Lucrecia"? Lo que ha ocurrido en España no una, sino docenas de veces: que cada uno pretenda llevar la Constitución a su molino. La letra de la Constitución, ahí está (en la primera lectura); ¿y el espíritu? Aquí, una de dos: o relegamos al cuarto de los trastos viejos el famoso espíritu del pueblo o nos mantenemos en el área del compromiso, y ya no es espíritu, sino arreglo, por encima o por debajo de la letra.

- Existe toda una literatura sobre las constituciones no escritas y algunos pueblos (como los del Reino Unido) viven así; hay en España una Constitución no escrita que en parte, sólo en parte, se recoge en este borrador (primera lectura). En España la literatura oficial ha sido siempre muy retórica, quizá para compensar la inmediatez tirando a chabacano del lenguaje coloquial. Asi, en el borrador la vejez se llama "tercera edad"; en otro artículo aparece "el derecho a disfrutar el medio ambiente". "La Lucrecia" es snob.

- Los españoles la mayoría, el pueblo soberano entienden mejor un lenguaje más llano ("Llaneza, muchacho no te encumbres, que toda afectación es mala"), en esa difícil vertiente en la que la profundidad es clara sin descalabrarse en lo ordinario. Se ha huido (pero es un borrador) de una referencia clara a la familia (¿quién no entiende esa palabra?), cayéndose en el rodeo de "mantener relaciones estables de familia". "La Lucrecia" es hermética.

- De pronto, el lenguaje se hace diáfano: "Nadie podrá ser obligado a afiliarse a un sindicato." Y es lógico: la libertad se garantiza más mediante negaciones, porque, en la vida, lo que se da son usurpaciones, violaciones de derechos y hay que tener a mano por lo menos un articulo de la Constitución, para decir: "Oye, que esto no es". En cambio, cuando se me dice que "la ciencia y la investigación, asi como su aplicación técnica, serán fomentadas por los poderes públicos" ¿cuándo se podrá insinuar algo así?: "Oiga, Estado, no está fomentando la cultura."

- Afortunadamente, se trata de un borrador. El artículo 31, sobre la educación, concede a los poderes públicos carta blanca: inspección, poder de homologar (¿cómo se ha colado ese verbo terrible?), etcétera. Y se nota la ausencia del reconocimiento de que, en una sociedad libre, el Estado no tiene ningún monopolio: y menos en el caso de la educación. La Lucrecia es prolija cuando no quiere ser clara.

- Los académicos harían bien en revisar el castellano que no es muy feliz. Al fin y al cabo. La "Lucrecia" nace cuando se conmemora el milenario de la lengua.

Rafael GOMEZ PEREZ

 

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