Las ideas -que no ideología- de D. Gonzalo Fernández de la Mora     
 
 Informaciones.    13/05/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Las ideas -que no ideología- de D. Gonzalo Fernández de la Mora

EN un artículo en «ABC», don Gonzalo Fernández de la Mora se extendía en rememorar, con Intenciones

de enseñanza y advertencia histórica, las circunstancias de la ascensión, la acción y la calda del general

Berenguer después de suceder a Primo de Rivera. La Visión del colaborador de «ABC» es simple y clara:

los errores del general Berenguer cifrados en «un programa que no era creador y continuista, sino de

abdicación y ruptura», que «equivalía a entregar a los adversarios la configuración del Estado»,

condujeron a ¡tía disolución del Estado y a su progresiva sustitución por el que preconizaban, no el país,

sino una minoría de frivolos y resentidos...» El ex ministro asegura que Berenguer «presidió casi todas las

estaciónes del vía crucis patrio hacia el 14 de abril, víspera de la tragedia».

El lector, atónito, llega a la conclusión, después de leer a don Gonzalo Fernández de la Mora, que el

destino le hizo una mala pasada a este país al permitir que don Dámaso Berenguer llegara a la mayoría de

edad. Antes del general, .todo iba bien; después de aquél, el camino del apocalipsis. La cosa no .pasarla

de burda simplificación de un período de la historia de España —algo así como si dejáramos: ¡pobre

Fernando VII, qué buen Rey si no hubiera habido liberales y moderados!— si no fuera por las enseñanzas

que don Gongalo halla, en tono admonitorio, para creyentes de estos días, en tan tamaño desaguisado

histórico del general Berenguer para horror de las generaciones hasta nuestros días.

Don Gonzalo Fernández de la Mora dixit:

«El nuevo Presidente (Berenguer) compuso tropezosa y apresuradamente un Gabinete sin contenido

doctrinal. Todo el programa poli-tico se quintaesenciaba en la fórmula "retorno a la normalidad". Esta es

la sentencia que se encuentra en la primera nota que entregó a los periódicos y en la declaración del

Gobierno y que se repite varias decenas de veces en su obra capital "De la Dictadura a la República´,

fechada en 1935. ¿Qué significaba la normalidad? La vuelta, a la situación anterior al pronunciamiento

septembrino. Estas son sus propias palabras: "Restablecimiento de la libertad", "reconstitución de los

grupos políticos", "convocatoria de elecciones" y "absoluta imparcialidad" del Poder. No era un programa

creador y continuista, sino de abdicación y ruptura. Equivalía a entregar a los adversarios la configuración

del Estado.»

No hacía falta remontarse a Berenguer para decir que a uno no le gustan las elecciones, ni las libertades

políticas que Impiden al Estado imperar, ni que los ciudadanos formen grupos políticos, ni mucho menos

que conciban y expresen una ideología. En la larga antología que aquí podríamos traer del ex ministro de

Obras Públicas sobrarían concreciones sobre un pensamiento político que se caracteriza por desconfiar

del ciudadano y confiarlo todo al Estado; entre el individuo y el Estado supuestamente eficaz, una

sociedad amorfa sobre la que es fácil encaramarse y llegar al Poder si se reúnen las condiciones

personales adecuadas.

El señor Fernández de la Mora pertenece a un grupo de españoles que aseguran no ser antidemocráticos,

sino que lo que sucede es que «no nos va», «que en España no ha funcionado», que las Cortes de Cádiz,

que Berenguer..., que somos incorregibles, que dejar que nos asociemos política mente es «volver a

empezar». Y que muchas veces coinciden con quienes han usufructuado o continúan usufructuando el

Poder. Y que quisieran detener el tiempo político mientras un «Estado de obras» mantiene el dulce sopor

desarrollista.

Cuando era ministro, don Gonzalo veía «con optimismo el futuro político de España». Hoy se siente

alarmado, y esperamos que no sea porque las cosas van por el camino de tener, si Dios y los españoles

quieren, un Estado fuerte, sí, pero también una sociedad sólida y organizada, donde la nación acometa

esas «aventuras utópicas» de que hablaba el ex ministro como contrapuestas a las «realidades concretas»

en que don Gonzalo Fernández de la Mora cifra la felicidad de los pueblos: «paz pública, distribución

equitativa de los bienes y crecimiento de la renta nacional»; naturalmente, desde arriba, sin participación

de los pueblos, gestada por-unos hombres que, si están en un Ministerio, actúan como si cualquier crítica

fuera un atentado al Estado. Que tanto quieren al Estado —cuando, ellos lo detentan— que llegan a

sentirse una misma cosa con él.

NI estamos en la,época de Berenguer, ni hay un Berenguer ni queremos la desintegración del Estado.

Queremos, sí, que los españoles se asocien politicamente sobre la base del respeto a unos principios

vigentes, para que las Instituciones que sostienen al Estado sean más sólidas y populares, y, por tanto,

más viables para presidir un futuro de paz y progreso, pero con libertad y convivencia. Queremos que

cada vez que en este país hay un proyecto de democratización que es necesario ejecutar para dar

continuidad y proyección al Régimen, no se alcen voces agoreras que, aunque sea rememorando a

Berenguer, invocando la ortodoxia que ni ellos ni nadie posee, sino sólo el pueblo español, intenten

congelar la historia. O por decirlo con palabras de don Gonzalo Fernández de la Mora, hace ya algún

tiempo: «No se debe jugar con la políticas Ni con la Historia, pensamos nosotros.

 

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