Autor: Fernández de la Mora y Mon, Gonzalo. 
   La convergencia de las ideologías     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA CONVERGENCIA DE LAS IDEOLOGÍAS

HACE más de una decada analicé en artículos y en un libro el revelador fenómeno de la convergencia de

las ideologías. Puntos de apoyo de aquel primer diagnóstico fueron la evolución del liberalismo hacia el

robustecimiento del poder ejecutivo y la planificación económica, y la evolución del socialismo,

especialmente el británico y el germano, hacia las libertades individuales y la iniciativa privada. Hoy, en

Occidente, liberales y socialistas no representan, como antaño, dos concepciones del mundo irreductibles

y contrapuestas, sino dos equipos con programas bastante similares y coincidentes en una simultánea

aspiración a gobernar. Es este último común denominador el que los mantiene más existencial que

esencialmente enfrentados.

Pero la convergencia de las ideologías no se produce sólo en el Oeste. El convenio soviético-

estadounidense de suspensión de pruebas nucleares (1963) marcó el comienzo de la coexistencia entre la

democracia y el comunismo. Paralelamente, se ha ido avanzando en el progresivo aburguesamiento de las

masas tras el telón de acero y en la general aceptación del intervencionismo económico en Occidente. De

un lado, asistimos al fin del «laissez faire» y, del otro, a la crisis del estatismo total. La convergencia

ideológica se produce también a escala planetaria.

Posteriormente, los economistas han profundizado en el tema. En su monografía «Convergence of

economic systems in East and West» (1967), Linneman y sus colaboradores llegan a -conclusiones

confirmatorias. Primera: a pesar de las diferentes formulaciones, los objetivos económicos fundamentales

del Este y del Occidente son análogos, el desarrollo y el bienestar. Segunda: en Occidente existe uña clara

tendencia hacia la planificación y la centralización, mientras que en el Este aumenta la autonomía de ios

entes locales y empresas públicas. Tercera: crece el paralelismo entre la tecnología de ambos sistemas y,

por lo tanto, entre las mentalidades y los procedimientos. En conclusión: hay un acercamiento recíproco.

Pero «1 testimonio más empírico de la convergencia que se está produciendo entre el socialismo y el

capitalismo es el que se deduce del esquema formulado por Galbraith, inicialmente en su lúcido e

innovador libro «The new industrial State» (1967) y, luego, en artículos y respuestas a sus numerosos

antagonistas. Según Galbraith, la institución socioeconómica más característica de los Estados

superdesarrollados y, por tanto, de la Humanidad futura, es la «mature corporation» o gran empresa (sólo

tres de ellas tienen en los Estados Unidos más ingresos que toda la agricultura). Lo que las define es su

gran envergadura y el hecho de que las decisiones no las toman los capitalistas, ni siquiera los gerentes,

sino la «tecnoestructura», que es el grupo organizado de expertos que posee la información necesaria.

¿Cuáles son los rasgos distintivos de una economía protagonizada por las tecnoestructuras ? Aduciré los

que tienen más interés para ratificar mi tesis de la convergencia. 1) La producción no puede improvisarse

según los aleatorios dictados de la demanda; se impone la planificación a gran escala y a plazos

relativamente largos. 2) La vida económica está determinada por los programas de las grandes empresas,

con lo que la soberanía del consumidor, propia del sistema de mercado, es reemplazada por el

protectorado de la tecnoestructura. 3) Las grandes empresas se relacionan estrechamente con el Estado

porque necesitan que les asegure una demanda global, estabilidad de precios y salarios, patentes,

especialistas preparados y contratos de suministro de manufacturas de alta tecnología. 4) A las

tecnoestructuras les importa más la expansión de la empresa y el refinamiento tecnológico que los

dividendos de los accionistas, es decir, que el móvil de la economía ya no es la pura optimizáción del´

beneficio. 5) Consecuentemente, la tecnoestructura está interesada en el desarrollo del país; pero no se

vincula a ningún partido, y en este sentido es apolítica. 6) En síntesis, la tecnoestructura tiende a

comportarse de un • modo análogo en una economía capitalista como la americana, o en una socialista

como la soviética.

La incidencia de este esquema sobre la convergencia de las ideologías es evidente, porque hoy las

ideologías -políticas son de contenido primordialmente económico y es en la disparidad de los sistemas

productivos en donde se apoyan las básicas disidencias de los partidos y de los bloques. Lo mismo en el

Occidente que en el Este, o sea, independientemente de que los gobernantes sean fieles a Rousseau o a

Lenin, la vida económica se orienta hacía grandes empresas autónomas y apolíticas, muy solidarias del

poder público, que en vez de someterse al mercado libre planifican, y que, en vez de tener como principal

objetivo los beneficios empresariales, aspiran al objetivo nacional del desarrollo. Tanto la economía

capitalista como la socialista encuentran en la tecnoestructura su punto de convergencia. Como escribe

Galbraith, «son los imperativos tecnológicos y organizativos, y no las ideologías, quienes determinan la

configuración de la sociedad».

Pero creo oue la convergencia de los sistemas económicos no es simétrica: el desplazamiento del

capitalismo hacia el socialismo es mucho más profundo que el acercamiento del socialismo al

capitalismo. Del otro lado del telón de acero, contrariamente a la dogmática marxista, se hacen tímidas

concesiones a la autonomía y al neutralismo empresariales; pero en Occidente la planificación y el

intervencionismo estatal, que antes se consideraban diabólicos, se han impuesto espectacularmente. En

cambio, la convergencia del aspecto más propiamente político de las ideologías se está produciendo con

una asimetría inversa. El comunismo se desplaza hacia posiciones más humanistas: disminuye el terror,

aumenta el ámbito de autodeterminación individual y se atiende a las necesidades del consumo

ciudadano.´ El comunismo está recorriendo más camino ético hacia la concepción tradicional del hombre

que ésta hacia el colectivismo marxista.

En Occidente, la tesis de la convergencia de las ideologías y de los sistema! económicos se va

imponiendo implacablemente. En cambio, detrás del telón de acero los marxistas ortodoxos, como

Cerpakov, la rechazan. Pero es sintomático que el gran físico ruso Kapitsa, galardonado con el Nobel y

considerado como desviacionista en tiempos de Stalin, declarara, en 1969,"que tenía por evidente la

convergencia de los sistemas estadounidense y soviético.

A favor de la convergencia ideológica, se pronuncian, de modo tácito o expreso, los programas

electorales y las tecnoestructuras, por una causa profunda, porque lo imponen la dialéctica del pensa

miento y la de los hechos. En contra de la convergencia se sitúan frenéticamente los ideólogos por una

razón harto mediocre, porque creen ver en la conservación de sus respectivas ideologías, el único modo

de asegurar su personal supervivencia elitista y su único banderín de enganche para eventuales secuaces.

Su egoísmo es históricamente reaccionario. La tesis de la tecnoestructura está suscitando, por lo menos,

tantas excomuniones como la del crepúsculo de las ideologías. A los inquisidores de hogaño, parapetados

tras sus férreos manuales, e incapaces de producir una sola idea nueva, les acontecerá un día no lejano, lo

mismo que a los oráculos de la mitología clásica, que mientras celebraban sus sofisticados ritos, las

gentes les dejaban solos porque ya no creían en ellos. Se seguirá invocando a Stuart Mill o a Marx, pero

pronto la Historia estará en otra parte.. Esforzadamente hemos de sustituir las viejas ideologías parciales,

patéticas, retóricas y falaces por un ideario cabal, racional, eficaz y verdadero.

 

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