Autor: Fernández de la Mora y Mon, Gonzalo. 
   La dialéctica frentepopulista     
 
 ABC.    31/10/1974.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA DIALÉCTICA FRENTEPOPULISTA

EL, llamado Partido Socia1ista Obrero Español pretendió ofrecer, en tos últimos tiempos, un rostro

relativamente humano, para lo cual había guardado distancias con los comunistas, los anarquistas, los

maoístas y los terrorismos. Pero las apariencias acaban de cambiar. En unas recientes declaraciones, el

secretario general del partido preconizó el pacto con los comunistas y la acción solidaria. Dentro de este

espíritu se convocó el pasado día 7 una reunión ante las cámaras de la televisión holandesa. All!

participaron, junto a Carrillo, que representaba al comunismo, los que se decían portavoces del

socialismo, de la socialdetnocracia y del centrismo. La alianza hacia la izquierda acaba de ratificarla el

partido socialista en su reciente congreso anual. Entre los tres centenares de asistentes, casi la mitad

procedían de España, y el resto, del exilio. La consigna aprobada, después de tres días de deliberaciones,

´ha sido la de constituir «una alianza con tddos los partidos políticos y organizaciones antifranquistas y,

fundamentalmente, con las fuerzas de la izquierda». Y ello a marchas forzadas, ya que, según reza otra de

las resoluciones, se está produciendo «la descomposición del régimen». Los periódicos portugueses han

titulado la información de modo muy expresivo: «Frente antifascista». En rigor, habrían sido mucho´más

exactos si, recurriendo a una denominación tristemente conocida en nuestra península, hubieran escrito

«Frente popular».

A su vez, el llamado Partido Comunista Español acaba de declarar en Moscú su reconciliación con el

Kremlin, del que había disentido tras la invasión de Hungría. Esto significa que el Frente Popular no se

constituye desplazándose hacia la moderación, sino hacia el extremismo soviético: el polo se sitúa en

Moscú, lo mismo que en 1936. Todo lo que está a su derecha será comparsa ocasional y tranquilizante

momentáneo para los invidentes.

La radicalización hacia la ultraizquierda fue la característica más acusada de nuestra II República y se

agudizó definitivamente en la zona frentepopulista durante el trienio bélico. Este tropismo sinistrista, ¿es

una propiedad del marxismo español o tiene una validez más amplia? No se trata de juzgar a otros países;

si hay naciones que quieren ensayar la vía comunista, ése es su problema. Se trata, simplemente, de

averiguar si se puede construir un modelo más general. ¿Confirma la experiencia que, salvo excepciones,

los pretendidos frentes de liberalización democrática son el primer enmascaramiento de los frentes

populares, los cuales, al quitarse la última careta, se manifiestan como lo que esencialmente son: el

comunismo ?

La .resistencia yugoslava se rec1utó como un movimiento exclusivamente antinazi y logró incorporar a

sus filas a liberales de buena fe. Pero, a la hora de la verdad, el núcleo comunista dio la batalla por la

hegemonía y se impuso, porque era el más activo y violento. Los moderados quedaron en la cuneta.

También en Grecia la resistencia contra Alemania se hizo bajo el lema de la democracia; pero cuando las

tropas germanas abandonaron el país, los comunistas impusieron su dictadura arrollando a sus ingenuos

compañeros. Fue Churchill, con el ejército inglés, quien evitó a Grecia el aciago festino de convertirse en

una República popular. Incluso en Francia se inició análoga táctica: el partido comunista quiso cobrar

todos los dividendos de la Resistencia. Y fue el general Pe Gaulle, respaldado por el Ejército y por sus

aliados occidentales, quien lo impidió. Cuba no desmiente este esquema. Se proclamó que la revolución

se hacía contra la tiranía. Un importante sector eclesiástico y buen número de liberales la secundaron en

su presunto empeño democratizador. Pero hicieron falta pocas semanas para que el proceso se

desarrollara con implacable fatalismo.

Tampoco está lejos el ejemplo chileno: los democristianos abrieron la puerta a un Frente Popular que se

declaraba democrático. Pero pronto empezaron las expropiaciones sin indemnización, la ocupación

violenta de fincas y fábricas, las persecuciones, la presión sobre los medios informativos. Allende se fue

maximalizando día a día, desplazándose hacia los extremistas. Cuando se alzó el Ejército, Chile no sólo

era víctima del hambre y del caos, sino que estaba en vísperas del golpe de Estado que implantaría la

llamada dictadura del proletariado. Y últimamente, el caso de Portugal. El comunismo se disfrazó de

general democrático tras el monóculo de Spínola y, luego, de liberal de izquierdas tras las gafas de Palma;

ahora ya aparecen los genuinos rostros.

El análisis sociológico demuestra que, salvo en las naciones hipcrdesarrolladas, la dialéctica

frentepopulista tiende, de modo cada vez más acelerado, hacia la ultraizquierda. Y, en la misma

medida,.todo el que se opone, incluso el moderado profesional, es tachado de fascista y descalificado o

suprimido.

Cabe comprender a quienes conscientemente luchan por una sociedad comunista creyendo, cuasi´

religiosamente, que tan empobrecedor y deshumanizante sistema proporcionará, un hipotético día, el

bienestar y la dignidad. Pero a los otros, ¿cómo es posible que pueda embaucárseles con el timo de la

alianza democrática, que es, en política, ´tan burdo como el consabido de la estampita? Aunque parezca

increíble, todavía leemos en las secciones de sucesos que a una buena señora la han sorprendido con el

viejo fraude. Es lamentable, pero episódico. Lo trágico es que, de vez en cuando, una parte de la clase

política ^liberal, por resentimiento, por ambición, por frivolidad, por ingenuidad o por pura y simple

mentecatez se deje dar el timo de la alianza ((democrática». Porque, en tales casos, las víctimas no son

sólo los dirigentes engañados y pronto removidos, sino toda la nación. Mientras aquéllos repiten el inútil

e irresponsable «no es esto», el pueblo paga con pánico v hambre indeclinable» e intransferibles. En

ciertas reuniones del exilio, y aún de intramuros, estamos asistiendo al peligroso deporte de unos

democratizantes de tertulia que hacen el juego al terror colectivo y de unos socíalistizantes de libro´que

abren el camino a la miseria generalizada..Estulticia insigne que un observador lógico y liberal no pued:

contempla? sin asombro. Y supina ignorancia de la dialéctica frente-populista y de sus fases encubiertas,

porque «la revolución —escribía Marx— es ´como el noble topo, que trabaja,- veloz, bajo tierra».

Gonzalo FERNANDEZ DE LA MORA

 

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