Señor Fernández de la Mora :. 
 "No a la reforma constitucional"     
 
 Informaciones.    22/05/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

SEÑOR FERNANDEZ DE LA MORA:

«NO A LA REFORMA CONSTITUCIONAL»

MADRID, 22. (INFORMACIONES.)

DENTRO de la Primera Semana de las Leyes Fundamentales, pronunció su anunciada conferencia el ex

ministro señor Fernández de la Mora, quien comenzó resumiendo las notas esenciales de nuestra

Constitución.

«Las Leyes Fundamentales —dijo— integran una Constitución formalmente completa, puesto que

determinan los derechos básicos, las estructuras institucionales, su mutua articulación y los cauces para la

defensa constitucional y su -reforma. Cabe, pues, aplicar, desarrollar y revisar las Leyes Fundamentales;

pero no completarlas.

La Constitución vigente es la única verdaderamente original que hemos tenido en la edad contemporánea.

Las del siglo XIX estuvieron inspiradas en las francesas, y la de 1931, en la alemana de Weimar. Nuestra

Constitución significa una valiosa aportación ai Derecho Público moderno. En nuestra Oonsttiución se

logra una superación dialéctica entre dos principios de legitimidad: el histórico-carismático, que encarna

el Jefe del Estado, y el democrático, que en la cúspide encarna el Consejo del Reino, que es una quinta

esencia de las diferentes instancias representativas. Entre estas dos instituciones se nombra al presidente

del Gobierno, quien a su vez designa a sus altos colaboradores.

El principio representativo es el de la democracia orgánica: los ciudadanos no votan en cuanto individuos,

sino en cuanto miembros de una familia, un municipio, un sindicato o una corporación, o sea, participan

por la función social que ejercen Este sirtema es mucho más representativo y en "rigor mucho más

democrático que el inorgánico, manipulado por la partitocraeia.

Otras características esenciales de nuestra Constitución son la independencia del órgano gubernativo

respecto, del órgano legislativo, la unidad sindical y las fuerzas armadas como custodios del orden

institucional.

NO A IA REFORMA CONSTITUCIONAL

ten opinión del señor Fernández de la Mora, nuestra Constitución, como todas, debe ser juzgada

principalmente por su capacidad para promover un orden cada vez más justo y próspero. Desdo este

pi.nto de vista es la más eficaz que hemos tenido, y por tanto la más adecuada a la coyuntura histórica

nacional. Sin embargo, en los últimos meses no na cesado de hablarse de su reforma, tema que requiere

especial analisis. Nuestra Constitución es flexible, en el sentido de que, salvo para los Principios

Fundamentales, tiene previstos procedimientos de modificación. La iniciativa- para modificarla so2o

puede tenerla el Gobierno o una tercera parte de los miembros de la Comisión de Leyes Fundamentales, o

cincuenta procuradores. Incluso en estos últimos casos hace falta, también el acuerdo del Gobierno. El

proyecto de modificación exige la conformidad del Pleno de las Cortes y del Consejo Nacional. Y

finalmente, requiere la aprobación del Jefe de! Estado y el voto favorable en referéndum nacional. Lo

mismo el presidente del Gobierno que el vicepresidente dei Consejo Nacional se han manife5tsrto

contrarios a la reforma de la Constitución Es, pues, jurídicamente Imposible tramitar, en estas

circunstancias, la revisión. Postular lo contrario equivale a tomar una postura de oposición total al

Gobierno. Es. además, ignorar los cauces reglamentarios. Las Leyes Fundamentales deben ser

efectivamente protegidas contra cualquier intento extralegal de atentar contra ellas. El señor Fernández de

la Mora conc1uyó declarando que es contrario a la reforma de la Constitución, porque ha sido la más

eficaz que ha conocido nuestro país, porque sus posibilidades son todavía grandes y porque la Historia

contemporanea de España demuestra que una de las razones de nuestra decadencia ha- sido lo que el

orador denomina «manía constitutoria», es decir, la obsesión de creer que-los problemas nacionales se

resuelven modificando las reglas del juego político. Entre 1808 y 1931, España ha. conocido veintitrés

situaciones constitucionales diferentes, o sea, una media de un cambio cada cinco años. A ello hay que

añadir la inestabilidad creada durante esos breves periodos por los proyectos de Constitución que no

prosperaron, como los de Istúriz en 1836, Bravo Murillo en 1845. Pi y Margall en 1873 y Primo de

Rivera en 1929, por citar únicamente los oficiales. Nuestro pueblo ha vivido, salvo durante las etapas de

Cánovas y de Franco, en una situación de epilepsia constituyente. La consecuencia es que la gran

potencia que todavía era España a principios del siglo XIX se convirtió durante la U República en una

nación desahuciada.. «Yo creo —concluyó el orador— que muchos de los problemas diplomáticos,

económicos, sociales, de orden público y de rearme intelectual que hoy tiene España o se han creado, o se

han agravado desde que hemos reincidido en la manía, constitutoria. Nada se ganará y mucho puede

perderse si caemos en el error de replantearnos permanentemente todo el sistema. Y el pronóstico resulta

menos optimista si la reforma propuesta es el retrocambio:»

 

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