Autor: Urbano, Pilar. 
   Gonzalo Fernández de la Mora  :   
 "Ni "bunker" ni bandera blanca". "Deseo que gane el Estado del 18 de julio". 
 ABC.     Páginas: 2. Párrafos: 58. 

GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA

"Ni "bunker" ni bandera blanca". "Deseo que gane elEstado del 18 de Julio"

ME recibe en su despacho de director de la Escuela Diplomática. «Por aquí pasa media España... Vienen

a verme, a inquirir mi opinión sobre tal o cual tema... ¿Fuma usted, Pilar?»

Ha estudiado concienzudamente un «cañamazo» con docenas de preguntas que le envié hace... Y ahora,

sin embargo, se aventura por las trochas de una conversación improvisada. Aunque, sin saber por qué,

tengo la sensación de que Gonzalo Fernández de la Mora no repentiza un pensamiento jamás, jamás.

Diplomático desde 1947, ha desempeñado puestos en Francfort, Bonn y Atenas.

—¿Ve esta foto de los Príncipes? Es la primera que dedicaron después de la boda. Yo estaba entonces en

Atenas, precisamente.

Es embajador de España. Durante cuatro años fue ministro del Gobierna español. Ministro de Obras

Públicas.

Es un hombre erudito y brillante. «Hay gente —comentaba un periodista— que piensa que merece la pena

oirle hablar, aunque no se entienda lo que dice.» Su pensamiento político es inamovible: hombre del

Sistema, estadista de «derechas» (sé que al leer esta palabra que he puesto entre comillas 4a englobará

con bolígrafo rojo y sacará un cabo de trazo hacia el margen del periódico, para apuntar entre

´interrogantes: «Derechas..., ¿con respecto a qué?»)

Autor de ocho libros y de numerosos estudios de Filosofía y Derecho Público. Tiene cuatro hijos, vive en

Puerta de Hierro, ha cumplido tos cincuenta y un años. Escribe en su. casa los viernes, sábados y

domingos. Dirige la Escuela Diplomática y... vela las armas para una posible inmediata presencia en la

palestra del asociaciónIismo político.

—El debate político se centra en tomo a la reforma constitucional. ¿Es usted partidario?

—No. La nación votó tinas Leyes Fundamentales que están funcionando eficazmente y que aún no se han

aplicado en su integridad. ¿Por qué modificarlas? Reformemos a España para hacerla cada día más

ordenada, justa y próspera. Pero no reformemos ahora al Estado del 18 de Julio, que es el mejor

instrumento de progreso que hemos tenido, por lo menos, en la Edad Contemporánea. Me inspiran poca

adhesión quienes tratan de contagiar a tos españoles la «manía constitutoria» que padecimos durante el

siglo XIX, con tan malos resultados. ¿Se ´imagina usted a un escultor que se pasara la vida preparando los

cinceles? Pues eso es lo que recomiendan los que intentan sumirnos en la epilepsia constituyente.

—Esos intentos, ¿son lo que usted llama «los suicidios de España»?

—La liquidación del Estado de MB de Julio y el retorno a la alternativa «o demoliberalismo o marxismo»

de 1936 me parecerían un retrocambio y una Inducción al suicidio colectivo.

—¿Cuántas veces, en su opinión, «se ha suicidado» España? ¿O seria esta la primera vez?

—Desgraciadamente, no. El inventario de tentativas españolas de suicidio es numeroso. Contra la

Monarquía gótica los disidentes llamaron en su auxilio a los musulmanes. Los legitimismos dinásticos y

las ambiciones sucesorias frustraron la unidad de los reinos cristianos. Muchos prefirieron a la Beltraneja

en vez de a Isabel la Católica, y a los Comuneros en vez de a Carlos V. Hubo quienes insistieron en el

separatismo en la hora del Imperio. Pero el siglo de la obsesión suicida es el XIX: ios afrancesados

pusieron en peligro la existencia nacional; los doceañistas malhirieron a la conciencia hispana unitaria;

los golpistas liberales impidieron la defensa de América; los primeros republicanos derrocaron la

institución monárquica y por poco acaban con todo lo demás; la Prensa partitocrática nos empujó a la

catástrofe del 98, y los berenguistas, con la intención de retornarnos a la normalidad, nos encaminaron a

la guerra civil. Ahora hay quienes se empeñan en repetir la operación Berenguer-Aznar, es decir, que ni

siquiera son originales en el procedimiento. No serla la primera vez que intentamos el suicidio con la

misma arma.

—Pero el pueblo español, que está muy politizado, aspira al cambio...

—Los pueblos rara vez se autopolitizan, cas! siempre son politizados por la clase dirigente y por los

medios de comunicación. Este es el caso de -los españoles actuales, sometidos a diarlo a un tratamiento

politizador de choque, uno de los más enérgicos que han padecido. Yo no acierto a explicarme ´las

ventajas sociales de tal operación.

que, en parte, reviste tos caracteres de un lavado-de cerebro. A pesar de ello, creo que lo que desean los

españoles no es el cambio, sino la continuidad del extraordinario progreso de los últimos años.

—¡Ah! ¿Si? Sin embargo, lodo parece diagnosticar un afán de novedades que nos espabila y nos inquieta.

Como si estuviésemos en el umbral de «otra cosa»...

—iYo espero que tan reiteradas invitaciones a la llamada «ruptura democrática».produzcan más temores

y desconfianzas que deseos de saltar en el vacio.

(La Imagen acrobática de salto en el vacio me hace evocar Inmediatamente la declaración de Fueyo

Alvarez en términos parecidos sobre los ánimos de cambio constitucional. Apunto la asociación de ideas.)

INTERINIDAD Y ASOCIACIONES

—No obstante, se vive en España ahora, con sensación de Interinidad Institucional, corno si estuviéramos

a la espera de los acontecimientos... Será una opinión pública manipulada, pero no deja de ser un estado

de opinión real.

—Lo admito; pero ello, en vez de blegrarles, les inquieta y crea -un clima de inseguridad. Y, ¿por qué

esta sensación? Porque no cesa de recomendárseles y de anunciárseles el cambio. Todavía en diciembre

de 1973 no existía tal conciencia de interinidad, a pesar de que las condiciones estructurales eran

análogas. Pienso que no estamos ante un estado de ánimo espontáneo, sino fabricado. Yo recomendaría a

la minoría pensante y parlante que, en vez de fabricar una sensación de interinidad, creara una conciencia

pública de seguridad y de continuidad. En esto consistía la esencia de la política del almirante Carrero.

—¿Contribuirá el asociacionismo a restablecer la confianza?

—Si son muchas las Asociaciones, no. Pero sería muy distinto si fuesen sólo dos. Esta fue la fórmula

británica al liquidarse la Monarquía absoluta, y la turca a la muerte de Ataturk, y también -la de la actual

revolución brasileña después de abolida la partitocracla. La atomización o la integración no dependen de

las masas, sino de la clase política. Cuando es insolidaria y personalista orea la fragmentación y el

desgobierno. Si es solidarla y nacional produce la cancentración y la eficacia. De momento estamos

asistiendo a la atomización, sobre todo en nuestro campo. A pesar de sus divisiones, es mayor la

convergencia de los que están fuera, o sea, de los que no han aceptado la reconciliación y alimentan el

revanctiismo.

—Entonces, ¿no opina usted, como tantos ilustres encéfalos políticopensantes, que el Estatuto de

Asociaciones es estrecho?

—Si lo fuese no estarla dando lugar a tanta asociación. Sus defectos son otros.

Pregunto ahora a! teórico-polítlco, a! contemplador de una larga etapa histórica española desde esa doble

perspectiva, óptica ideal para la síntesis: la política activa, el puesto de Gobierno y la reflexión intelectual

desde fuera.

LOS POLÍTICOS DEL FUTURO INMEDIATO

ENTREVISTAS POLÍTICAS POR PILAR URBANO

—¿De qué políticas y de qué políticos ha carecido nuestra sociedad desde 1939? ¿Qué política o qué

políticos se necesitarán «pasado mañana»?

—On estadista, como un gran filósofo, no aparece todos los días. La formación de el hombre de gobierno

requiere una serie de circunstancias excepcionales: talento, vocación, oportunidad, experiencia y

prestigio. Para el futuro deben ser utilizados los intelectuales, los profesionales, tos artistas y también los

hombres de gobierno de que ya disponemos. La jubilación anticipada de los valores no produce

automáticamente nuevos valores, sino que suele ocasionar el ascenso de las mediocridades. Sólo a éstos

favorece la consigna facilona de las «caras nuevas», que para ios pueblos resulta un pésimo negocio. Los

nombres del futuro deben ser los mejoras ya conocidos (no los fracasados antes de 1936 que algunos nos

redescubren) y los que vayan surgiendo. Siempre serán una minoría.

—¿Qué opina usted de la llamada «apertura», y en qué posición se sitúa «antes de» librarse la batalla...?

—Que lo mismo que en el ajedrez, la apertura es lo fácil; lo difícil viene luego. Una apertura es buena si

permita ganar; pero es mala si !e dan a uno mate. Da ahí la trascendencia de los primaros movimientos,

que no pueden ser nunca frivolos. Mí deseo es que el Estado del 18 de julio gane la partida.

NI «BUNKER» NI BANDERA BLANCA

—Ya en el terreno de la estrategia ajedrecista, ¿preconizaría usted el enroque, o lo que algunos llaman el

«bunker»?

—No me gusta él bunker». Me gusta manos la bandera-«Sanca. Y repudio el pasarme al enemigo, que´ es

lo que recomiendan los antibunkerias. Aspiro a \a victoria: en este caso, .que no se malogre la Victoria,

con mayúscula, que ganaron nuestros padres.

—¿Qué piensa del inmovilismo?

—Que es un sarcasmo de tesa Inteligencia tachar de inmovihstas a los partidarios del Estado que más

altiva y velozmente ha impulsado a España, al factor más dinámico de nuestra historia contemporánea.

Me parece, en cambio, que es como un afeita macabro presentar como movilista al marxismo, que es

precisamente el arquetipo del monolitismo dogmático. Creo que debemos dejar el primitivo juego de los

motas e ir a las definiciones.

—Se ha dicho que quizás se resucitaría. «Acción Española», y que usted se encontraría dentro del grupo

como figura destacada. ¿Qué hay de ello?

—Quienes hayan leído mis libros saben que mi pensamiento político responde, esencialmente, al espíritu

de «Acción Española» que fue, por cierto, uno de los núcleos doctrinales del 18 de Julio; yo creo que el

dominante. Lo que propugné, haca un año, en mi discurso del centenario de Maeztu y Pradera fue la

formulación de una Unión Institucional de los que defienden el sistema. Pero aún no se ha podido

constituir. Si se fuese a una confrontación electoral a nivel de masas, la fragmentación del frente nacional

sería el mejor regalo que cabria hacer al frente marxista.

—Cuál seria su programa, si volviera a funcionar «Acción Española»?

—Unidad nacional con regionalización administrativa. Sindicalismo unitario. Solución jurídica de ios

conflictos sociales. Monarquía limitada. Bicameralismo. Separación ds la función legislativa y de la

ejecutiva. Representación orgánica. Racionalización de la Universidad en función de las necesidades

reales. Rearme intelectual. Iniciativa privada con acción subsidiaria del Estado. Planificación económica

vinculante. Igualdad absoluta de oportunidades. Cogestión empresarial. Seguridad social generalizada.

Limitación de las rentas máximas y de la herencia. Abolición de privilegios. Y redistribución de las

responsabilidades y de los ingresos en función del rendimiento social de cada uno. El Estado que más se

ha parecido a este esquema es el del 18 de Julio. Por eso creo que la tarea no es cambiarlo, sino

perfeccionarlo cada día.

LA MONARQUÍA DEL FUTURO

—¿Cómo definiría su monarquismo, esa «monarquía limitada»?

—Mi monarquismo nunca ha sido ni legitimista ni nominalista, ha sido empírico y racional; hoy es,

además, legal, de aceptación de te* Constitución. Creo que la Monarquía

"Cualquier monarquismo que no consista en respaldar al Príncipe de España equivale, de hecho, a trabajar

en favor de la república"

"Al comunismo le pasa lo que al monóculo: es sencillo, pero funciona mal" instaurada en el Principa de

España es la mejor fórmula para garantizar la continuidad de nuestro Estado.

—Su monarquismo, ¿no ha sido más teórico que activo?

—Algo he escrito sobre la Institución; pero, además, creo que, dentro de m¡ generación, me cuento entre

los que más han hecho para que, en lugar de una república, tengamos una Monarquía encarnada en

nuestra dinastía reinante.

—¿Cómo enjuicia las actitudes de otros pretendientes a la Corona? Usted ha sido miembro del Consejo

privado de don Juan...

—Cualquier monarquismo que no consista en respaldar al Príncipe de España equivale, de hecho, a

trabajar en favor de la república. Es, pues, una contradicción práctica.

—¿Por qué rechaza el sistema demoliberal de partidos?

—No lo rechazo para Inglaterra, por ejemplo;, pero no lo propugnaría para la España actual. En primer

lugar, por acatamiento de las Leyes Fundamentales. Y, en segundo lugar, porque la Historia demuestra el

reiteradísimo fracaso del sistema en nuestro país.

—En las actuales circunstancias, que no son las de los doceañistas, por ejemplo, tal vez podría

funcionar...

—Cuando un paracaidas falla diez veces, no es imposible que se abra a la undécima, pero yo no lo

probaría con seres humanos. Eugenio d´Ors solía repetir: -Los ensayos no con dinamita, sino con gaseosa»

De acuerdo con aquél gran pensador español, diría que no es licita la temeridad cuando se juega con el

bienestar de millones de compatriotas.

—De su esquema de «Acción Española» deduzco que tampoco es usted partidario de la nacionalización

de los medios de producción y del crédito.

—No soy estatificador por principio; pero lo soy en aquellos casos en que la nacionalización incrementa

los beneficios sociales y suprime injusticias. Cada situación concreta requiere un análisis pormenorizado.

En general, la propiedad privada ha sido el invento económico más rentable de todos los tiempos. Gracias

a ella se han obtenido fabulosos rendimientos del hombre. Lo que hay que abolir no es la propiedad, sino

las desigualdades injustas.

—Que existen, no obstante, en una sociedad que se dice justa...

Evidentemente; pero no son mayores que allí donde se ha estatificado todo y ha surgido una «nueva

clase» todavía más privilegiada que la capitalista, poique además del poder económico posee el político.

Y, por añadidura, no ha tenido éxito, porque ha deshumanizado a las gentes y, o las ha empobrecido o las

ha enriquecido menos que las sociedades con iniciativa privada.

POSTURA ANTE EL COMUNISMO

—Aparte las razones fundamentales, ideológicas ¿que experiencia práctica invalida, para usted, el sistema

comunista? ¿Por qué no es usted comunista?

Yo no soy comunista, entre otras razones, porque allí donde el sistema se ha aplicado ha fracasado

técnicamente. Al comunismo le pasa lo mismo que al monóculo; es sencillo, pero funcional ma!.

—Funciona mal, pero existe y con fuerza de propagación...

—Porque es una ideología de dominación ai servicio de una oligarquía y de un nuevo imperialismo, y

porque, aunque satisfaga muy pocas necesidades nobles, satisface bastante bien los resentimientos Pero

esta última es una satisfacción muy efímera que desaparece tan pronto como la cercan la pobreza y e!

miedo. Por eso el comunismo, una vez instaurado, necesita telones de acero y-; tanques para subsistir. Los

austríacos, qua lo conocieron bien antes de que el Occidents consiguiera liberarlos, no eligen ni a un solo

diputado del partido comunista.

Hablamos ´ahora, Gonzalo Fernández de la Mora y yo de su reciente viaje a Austria, para asistir a una

reunión de directores di Escuelas Diplomáticas europeas. Allí se ha hablado, sin duda, de la forja de los

nuevos políticos y expertos en relaciones internacionales. Después fondeamos de nuevo en el tema del

marxismo. Fernández de la Mora se refiere a él con contundencia: «Es la sífilis —dice— de la sociedad

actual: la corroe y degrada sin llegar a destruirla.» Cuando quiero saber su opinión acerca de la traída y

llevada «secuencia» de -la felicitación de! Gobierno al Príncipe de España, y su respuesta evocadora de

las enseñanzas recibidas desde la niñez, ´Fernández de la Mora haoe una finta leve pero eficaz:

—No pude verlo... ni siquiera por la televisión: yo estaba en Viena.

—¿Qué consecuencias políticas deduce usted de la crisis económica mundial?

—Las mismas que Kissinger: para, hacer frente a ios grandes problemas da la balanza de pagos y del

encarecimiento enegético hacen falta poderes ejecutivos robustos. La actual_coyuntura económica as la

manos indicada´ para desarmar al Estado. Quienes en cualquier nación occidental no productora de

petróleo y, especialmente, en las de poca capacidad exportadora, presionan a los gobiernos para

debilitarlos y para que se lancen por la línea de las concesiones demagógicas, están contribuyendo a la

descapitalización, a la recesión, al paro y, en definitiva, a la quiebra del Estado. Esta es una hora histórica

de autoridad.

En esta hora de cambios y giros, Fernández de la Mora es un hombre político —aunque él afirme estar

exento de ambición política personal de presencia— que se mantiene en sus trece. Hace treinta años que

piensa, dice > escribe en una misma línea, sin desviarse un centímetro de lo que con razón se ha

calificado de «ideología del Régimen».

Fernández de la Mora es uno de los más destacados teóricos —¿o el que más? de la posibilidad histórica

de un franquismo sin Franco.

Fotos: Sanz BERMEJO.

 

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