Autor: Fernández de la Mora y Mon, Gonzalo. 
   El frente realismo     
 
 ABC.    19/02/1976.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

EL FRENTE REALISMO

Por Gonzalo FERNANDEZ DE LA MORA

COMPRENDO que haya quienes se lamenten de que en España pudieran constituirse dos o más frentes

de opiniones dispares, porque la sociedad ideal es la unánime. Sin tensiones describió Agustín de Hipona

la «Civitas Dei» •y asi concibió Marx la fase final del paraíso comunista. Puestos a proyectar la ciudad

perfecta todos coincidiríamos en imaginarla homogénea, solidaria y sin enfrentamientos. Nadie sensato la

fabricaría dividida. Suele ser fácil ponerse de acuerdo cuando ge trata de utopías, porque éstas son, por

definición, sublimaciones muy deseables. Me cuento, pues, entusiásticamente entre los que consideran

mejor una convivencia fraterna que una confrontación, aunque sea bipolar. Pero una cosa son los deseos y

otra las realidades. Gobernar no es pintar como querer.

Ningún integrista occidental ha inventado el telón de acero. Ese frente lo ha creado el marxismo. En Yalta

los occidentales creyeron que era posible entenderse con Stalin e integrarle en una coexistencia razonable

y justa. Animados por esta ingenua confianza entregaron media Europa al sucesor de Lenin para que allí

tuviera ocasión de probar su moderación organizando elecciones libres a fin de que los pueblos

entregados a la protección soviética pudieran liberarse del nazismo y autodeterminarse democráticamente.

Pero, como previo Franco, las cosas sucedieron de muy distinto modo. Estonia, Letonia, Lituania, Prusía

oriental y parte de Polonia fueron rusificadas; y Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria, Rumania,

Yugoslavia, Alemania oriental y la Polonia remanente fueron «determinadas» por los tanques moscovitas

no una sola vez, sino, como el caso de Praga y Budapest, reiteradamente. Fue muy penoso, sobre todo

para los millones de europeos que perdieron su libertad cuando no la patria o la vida. La causa de esta

tragedia, que hay que contabilizar como una de las más. atroces que ha conocido nuestro continente, fue

un simple error de hecho, una desinformación. El iluminado Teodoro Roosevelt creyó de buena f? que

estaba logrando la democratización y la humanización del marxismo.

Este error no era nuevo. Alejandro Kerensky lo cometió también en Rusia y Miguel Karoly en Hungría.

Ambos supusieron que el marxismo no era un enemigo total, sino un «partenaire» aceptable. El error de

Kerensky fue irreversible para sus compatriotas y, mediatamente, posibilitó la actual sovietización del

Este europeo.

En España, durante la II República, un importante sector de la clase política creyó que el Frente Popular

podía ser un interlocutor relativamente válido. Aquellos «distas, sin duda bienintencionados, quizá

fundaron sus esperanzas en el hecho de que, entonces, la situación española no era igual a la rusa, pues en

nuestra Patria no había comunistas, sino sólo socialistas. Pero aquellos socialistas demostraron en la

revolución de octubre de 1934, y luego en 1936, que su actitud política no era diferente de la marxista

soviética. Eran socialdemócratas a la española. Uno de los protagonistas de aquel frustrado neocanovismo

ha escrito que «no fue posible la paz». Pero pienso que si se hubiera aplicado el programa del Bloque

Nacional «no habría sido necesaria la guerra», porque no se habrían creado las condiciones para que el

Frente Popular llegase a imponer su dictadura. El fallido diagnóstico costó medio millón de muertos.

A pesar de las concesiones territoriales, económicas y políticas de quienes se resisten a admitir que hay

una confrontación, el frente marxista está ahí, seccionando a Europa desde el Báltico al Adriático. Es un

dato. A pesar de todas las comprensiones democristíanas,- el Frente Popular crece en Italia hasta

aproximarse a la mayoría. Es otro dato.

A pesar de los aperturismos caetanistas y spinolistas, el Frente Popular está en Portugal. Es otro dato. Y a

pesar de los generosos intentos de reconciliación hechos por el Estado del 18 de Julio, los revanchístas,

que nada han olvidado ni aprendido, reaparecen más agresivos cada día. Es, como los anteriores, otro

dato, no una interpretación.

Claro que cabe negarse a la evidencia y, dando por inexistentes todoj esos frentes artillados, actuar

utópica e ilusoriamente, como Roosevelt en Yalta; pero con la agravante de que, en este caso, no sería

para entregar a otros, sino para entregarnos a nosotros mismos. Supina ceguera y abrumadora

responsabilidad.

El marxismo tiene su frente desplegado. Utopismos aparte, la alternativa real consiste en oponerle otro

frente o no.— G. F, de la M.

 

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