La Ley Orgánica no se ha desarrollado suficientemente, quizá por un miedo incomprensible de los políticos responsables a que ese desarrollo tuviera consecuencias catastróficas     
 
 ABC.    17/11/1971.  Página: 128, 129. Páginas: 2. Párrafos: 45. 

LA LEY ORGÁNICA NO SE HA DESARROLLADO SUFICIENTEMENTE, QUIZA POR UN

MIEDO INCOMPRENSIBLE DE LOS POLÍTICOS RESPONSABLES A QUE ESE DESARROLLO

TUVIERA CONSECUENCIAS CATASTRÓFICAS

LA BASE DE LA MONARQUÍA NO PUEDE SER OTRA QUE LA DEL PUEBLO, DE TODO EL

PUEBLO, SIN DISTINGOS NI PRIVILEGIOS, APOYANDO A SU REY, SEGURO DE QUE

EL REY HA DE SERVIRLE LAS ASOCIACIONES DE ACCIÓN POLÍTICA SON

ABSOLUTAMENTE IMPRESCINDIBLES PARA EL FUNCIONAMIENTO DE LA LEY ORGÁNICA

DEL ESTADO Y DEMÁS LEYES

El viernes de la semana pasada se celebró la última sesión plena ría de la IX legislatura de las Cortes

Españolas. Con ella terminaba don Juan Manuel Fanjul una etapa parlamentaría brillantísima. Elegido

procurador por el tercio familiar en abrumadora votación popular obtenida a cuerpo limpio, frente a la

candidatura que podríamos llamar oficial, el señor Fanjul ha sabido ganarse por su ejemplaridad la

admiración de sus conciudadanos y el respeto de la Cámara. El viernes pasado, antes de cesar como

procurador, intervino por última vez para defender el dictamen de la Comisión de Justicia sobre el

proyecto de ley para la reforma del Código Penal. Los procuradores escucharon ti discurso del señor

Fanjul con gran atención y, al final, le acompañaron con sus aplausos hasta que tomó asiento. Hoy, don

Juan Manuel Fanjul contesta en ABC a interesantes preguntas de actualidad politica. De la ponderación,

la ecuanimidad, la penetración de sus respuestas juzgarán los lectores.

RECUERDO haberte oído decir en una conferencia, el pasado año, • que hoy por hoy nos enfrentamos

con el futuro sin estar preparados para ello. ¿Crees que seguimos en esta hora igual a cuando lo dijiste?

—Al menos, casi igual.

—La finalidad de este encuentro es para saber cuál es tu opinión sobre el futuro inmediato de España, y

de cómo lo ves y cómo lo presientes a través de los planteamientos políticos de hoy.

—De esto, naturalmente, se podría hablar horas.

—Pues reduzcamos el tema en ordenada síntesis a los minutos que puedas. Yo empezaría por preguntarte

si lo que se denomina «Movimiento Nacional» representa, en sí, una ideología unitaria.

—Verás. Más que una ideología política constituye unos principios políticos sobre los que cabe matizar

diferentes ideologías. Sin salirse de los principios del Movimiento son posibles distintas concepciones de

la economía, de la participación pública, de la política fiscal, de la estructura de la empresa, etcétera.

—Pero, ¿eso son ideologías?

—Todo lo que constituye un programa para la modificación de la vida del hombre, en todos sus aspectos,

planteado como un anhelo de superación o mejoramiento, material y espiritual, qué duda cabe que es una

ideología.

—Entonces, ¿no están agonizando las ideelogías, come pretende Gonzalo Fernández de la Mora?

—A mi juicio, no; aun respetando la tesis contraria de ese fenomenal talento que es Gonzalo. Ahora bien,

es posible que en estos últimos años las ideologías se hayan mimetizado en algunos casos, y tecnificado

en otros. Pero no por ello dejan de ser ideologías.

—En esa mirada al futuro, ¿cómo ves la plenitud de funciones de la Monarquía?

—Desde un punto de vista constitucional, creo que está bien dibujada en las Leyes Fundamentales, y lo

que necesita son los perfeccionamientos que la experiencia y las circunstancias vayan aconsejando. En

cuanto al aspecto político, entiendo que hay que articular toda clase de cauces para fortalecer la adhesión

popular a la Corona. He dicho muchas veces que Franco puede entregar al Príncipe todo, menos su propio

carisma histórico. Por ello la base de la Monarquía no puede ser otra que la del pueblo, de todo el pueblo,

sin distingos ni privilegios, apoyando a su Rey, seguro de que el Rey ha de servirle.

—Cierto que de esa compenetración y en esas condiciones cabe asentar las más seguras fórmulas

auténticamente democráticas para España.

—Debo decir que, para mí, el centro de gravedad del concepto de democracia ha cambiado en estos

últimos treinta años. De ser, como tradicionalmente era, el gobierno ´de la mayoría, o* del pueblo para el

pueblo, se ha trasladado al conjunto de garantías de la vida del ciudadano. Es decir, que yo considero más

democrático un país en el que todos los derechos humanos están perfectamente garantizados, que otro

donde nada de eso ocurriera, aunque fuera más directa la mecánica política de la representación.

—Pero, ¿cuáles serían las garantías de las garantías?

—Evidentemente, las garantías de todos los derechos del individuo, del ciudadano, presupone la facultad

de participación auténtica en la vida pública.

—Sinceramente, ¿y crees que esto sucede en España?

—Pues creo que está perfectamente definida esa facultad en la Ley Orgánica y en los discursos

interpretativos del Jefe del Estado. Lo que sucede, es que la Ley Orgánica no se ha desarrollado

suficientemente, quizá por un miedo incomprensible de los políticos responsables a que ese desarrollo

tuviera consecuencias catastróficas.

—Entonces, adiós a la evolución esperada...

—Desgraciadamente, sí, como no se encuentre la fórmula democrática que cumpla, con valentía y

sinceridad, lo que la Ley Orgánica establece y el espíritu que la impulsó.

—En ese caso, tendríamos que replantear el tema del asociacionismo político, asentado en el artículo

cuarto de la Ley Orgánica.

—¿Y por qué no? Para mí este tema, por encima de su vigencia jurídica, me importa como servicio a

nuestro orden constitucional. Dije ya otra vez que no se trata sólo de que las Asociaciones de acción

politica sean necesarias como cauce a un aperturismo democrático, que es una de las funciones que se le

atribuye, sino que son absolutamente imprescindibles para el funcionamiento de la Ley Orgánica del

Estado y demás leyes.

—¿Con esto quieres decir que el declarado principio de representación y participación tiene su base en el

asociacionismo?

—Si, juntamente con la familia, el municipio y el sindicato. Razón de más para que, cualquiera que sea el

régimen que se les atribuya y la restricción a que se la someta, las Asociaciones resulten urgentes e

imprescindibles. Mientras no alcancemos una participación autónoma y auténtica, pese a lo que digan las

leyes, la representatividad será un artificio para vestir el muñeco de los nombramientos gubernativos.

—¿Qué significación das a la participación del pueblo?

—Participar es hacerse responsable, un sólo desde los puestos políticos, sino en todas y cada una

de las actividades de Ir vida cotidiana donde cada cual desenvuelve su quehacer. Quizá una de las mayor

responsabilidades de los gobernante hoy sea la de articular toda clase de caminos para que esa

aportación de esfuerzos y vocaciones políticas puedan discurrir y actuar sin obstáculos. Y eso hay que

hacerlo honesta y sinceramente, porque si no es así la juventud no lo perdonará.

—Realmente, esos cauces de participación, ¿no crees que son más bien buenos deseos que realidades en

el momento que vivimos?

—Bueno, yo siempre he considerado que el pueblo español es mesianista y por un azar venturoso ha

encontrado al hombre excepcional que durante treinta y cinco años le ha dado seguridad y paz. Pero este

mismo -pueblo no desconoce el hecho inevitable de que, cuando falte la figura de Franco, únicamente

puede ser sustituida por la participación popular directa. Y en esa operación la juventud ha de tener

funciones de vanguardia.

__Volviendo a las Asociaciones de acción política, ¿qué diferencia encuentras entre ellas y los partidos?

—Para mí, la diferencia fundamental .está en que las Asociaciones se insertan en unas

limitaciones ideológicas, mientra» que los partidos no tienen fronteras, ¥ de otro lado, las Asociaciones

permiten unas^ cántelas en el control de las posibles desviaciones morales que puedan ser dañinas a los

intereses generales, lo que en ningún caso cabe en el mecanismo de los partidos.

—Siempre de cara al futuro, ¿es conveniente, o no, el principio de la división de poderes en el Estado?

—Creo que el mundo ha evolucionado tn este sentido, y con las mismas o distintas palabras, el concepto

de unidad de poder y de coordinación de funciones está más-cérea de la» necesidades modernas de cada

Estado y atiende mejor a la realidad sociológica que el tradicional concepto de Montesquieu.

—Naturalmente, esta unidad no debe afectar para nada a la independencia de la Justicia.

—Evidente. Lo mismo que no afecta a la independencia del órgano legislativo.

—Bueno, siempre y cuando la reforma del Reglamento de las Cortes sea a fondo.

—Cierto, y esa ha sido una de mis batallas en los cuatro años que he sido procurador, para dar a las

Cortes la independencia que requiere las funciones que le atribuyen las Leyes fundamentales.

—Tantos españoles quisieran saber que es, o qué pretende ser, el Consejo Nacional.

—Debería ser, a mi juicio, la Alta Cámara encargada de custodiar, tanto en to político como en lo

legislativo, las esencias del sistema, equilibrando las naturales ansias de innovación de otros estamentos

del país con la solera histórica y la experiencia política de sns miembros.

—¿Cómo ves hoy el vidrioso problema del regionalismo?

—Para mi. la descentralización es uno de los cauces, de la participación de los ciudadanos en la vida

publica. Cuanto más cerca se halle el hombre del centro en que se han de resolver sus problemas, más

intensamente sentirá el deseo y la responsabilidad de participar en ellos. Acercar esos centros de

resolución a las regiones es, en definitiva, una operación de atracción del español hacia sus

responsabilidades. Igual que hay que superar el mini-municipio, para alcanzar la fórmula del municipio

comarcal, hay que superar la provincia alcanzando zonas regionales donde la ordenación del territorio y la

planificación económica puedan tener un desafollo más eficiente.

—Dlficil operación...

—Pero siempre posible, aunque en algunos casos la reglón ideal, desde el punto de vista socio-económico

y de infraestructura" no coincida con la región tradicional.´Es decir, o programamos pensando en el año

dos mil veinte, en cuyo caso tenemos que arrojar el lastre de las nostalgias, o seguiremos quedándonos

enanos de cara al futuro. Es de esperar que el proyecto de ley de Administración Local, que se ha

anunciado para su envío- a las Cortes, aborde valientemente los problemas del Mu-

 

< Volver