Autor: Fanjul Sedeño, Juan Manuel. 
   ¿Estabilización = revolución?     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 18. 

¿ESTABILIZACIÓN = REVOLUCIÓN?

EN la vida de las naciones —normalmente en coincidencia con el camino del mundo—lo político, lo

social y lo económico se van sustituyendo en espontánea carrera de relevos, marcando la ruta´ de su

evolución. Hay,, épocas en que lo político manda, condicionando la economía y las exigencias sociales

(asi nuestro siglo XIX). y_otras en que lo social o lo económico priman sobre lo político, arrastrándolo al

terreno de sus necesidades.

Las evoluciones, las revoluciones, pueden así tenar su causa en cualquiera de aquellos principios, sin que

por ello los demás se libren de las consecuencias de la transformación. No es indispensable que sea uno

determinado el que "empiece", pero es seguro que cualquiera que sea el terreno en que se produzca la

conmoción, sus ondas expansivas agitan y trastruecan el orden establecido en la estructura nacional.

En las actuales circunstancias de la humanidad es, sin ningún género de duda, lo económico,

indisolublemente unido & lo social, lo que manda sobre lo político, y son, por tanto, las

medidas.económicas las que .´proyectan sobre la nación la anchura de su dimensión conservadora o

revolucionaria.

El tiempo demostrará a quienes todavía mantienen una postura escéptica que el plan español de

estabilización económica que se halla en curso. además de inevitable y urgente, constituirá, si no se

detiene en su desarrollo, uno-de los sucesos más trascendentales de la vida nacional de los últimos

cincuenta años.

Si miramos el hecho en su mero inicial planteamiento económico, sólo´ tendremos una visión parcial de

su hondura, ´ que deberá peftetrar—por las razones generales que acabamos de exponer—en la totalidad

de lo español, con repercusiones tales que habrán de provocar una revisión general de nuestra vida, de su

enfoque1 social y aun de las formas internas de interpretar nuestra tarea frente a la colectividad.

jurante los últimos años hemos vivido—por razones qué sería ocioso revisar—en un clima económico

"sui generis"; ideas, actividades y costumbres se han ido acoplando a él hasta el extremo de parecemos

fórmulas extrañas las que regían la economía de los demás países o las que llevaban a éstos u montar

estructuras . económicas supra-nacionales. Como^ consecuencia natural, este clima rebasó lo puramente

económico, repercutiendo en lo social, en nuestros hábitos diarios y en nuestra misma manera de entender

la vida.

El _ plan de estabilización en toda su amplitud económica y financiera, auténtica revolución de nuestra

economía, tiene que influir—es necesario que influya—, a todoNlo ancho y´lo profundo de la vida y el

pensamiento españoles.

El trance es duro y hasta eme se reajusten los nuevos sistemas, hasta que las economías privadas.,

agrícolas, industriales y comerciales se habitúen al nuevo camino,, serán necesarios sacrificios. Ya nadie,

puede esrperar que Je traigan a" casa los´duros, sino que habrá de echarse a la

calle a buscar las pesetas; ya no cabrá encontrar la fortuna en la habilidosa utilización de un recoveco

económico, sino lograr "el buon pasar" a la intemperie y en la lucha abierta.

¿ Cómo no va a repercutir esto en nuestras costumbres?. Los presupuestos familiares deberán revisarse,

los horarios de trabajo-serán saturados, el aprovechamiento del tiempo más estrecho, e1 ritmo de vida

más acorde con .los ingresos. En una palabra, todo más verdad y también más seguro, con! un futuro más

cierto. .Ventanas abiertas en la vida económica de cada uno.

Mucha gente se escandaliza por los peligros que esta política puede acarrear: suspensiones de pagos,

desempleo. Todo ello, sin exageraciones escandalosas, es previsible y suponemos que está calculado.

Pero también, es cierto que hasta ahora las suspensiones—siempre existe alguna excepción—corren

paralelas con las administraciones alegres o desaprensivas, con los negocios artificiales, con las industrias

circunstanciales nacidas al socaire de la coyuntura; es la empresa enferma la que más acusa los síntomas.

Dura racha—¿quién lo duda?—, pero inevitable si áe quiere lograr una economía sana y duradera. Los

qua edificaron sobre cimientos de arena no pueden exigir que se suprima—en exclusivo beneficio de su

inestabilidad—una lluvia abundante, benéfica para la generalidad del país.

¿Que se producirá algún desempleo? También es previsible y. en muchos casos, será lamentable, porque

pagarán justos por pecadores; pero si se flexibiliza el.régimen de salarios y despidos, la solución final

también desembocará en una selección de los mejores y un-clima más claro de higiene social. Es

axiomático que ningún empresario se desprenderá jamás de un dependiente que .sea trabajador y´

honrado^ y es evidente y justo que le cueste más colocarse al vago, al inepto y al ^desaprensivo. Todo

más verdad, también en esto.

Ahora bien, si el plan. de estabilización pretende ser una completa revolución, ni puede ni debe detenerse

en lo económico. Nosotros eremos que "deb; calar profundamente en la estructura social del país" y que

ésta puede ser la tan añorada oportunidad "para alcanzar . una más justa distribución de la riqueza". Todos

vamos a sufrir y todos debemos pasar por este sacrificio beneficioso para España, pero es evidente. que

unos lo podremos salvar.con más facilidad o con menos renunciamientos que otros. El que posee tres

trajes puede prescindir de uno, pero el que no tiene más que lo puesto no puede salir desnude a la calle.

Por tanto, es justo que el peso de la nueva política económica se distribuya en forma que no hunda a los

de abajo, aunque rebaje un poco a los de arriba, procurando también que en estos vascs comunicantes no

se interfiera la válvula absorbente de una burocracia inútil.

Temo que haya mucha gente que todavía no se ha dado cuenta de la anchura y la profundidad del

momento que vivímos; no se trata de unas circunstanciales y pasajeras medidas económicas; no deben ni

pueden serlo. Si no se quiere malograr la oportunidad, _hay que alcanzar una verdadera revolución—

desde arriba, naturalmente—de la que salga en to- • das las dimensiones; un alma nacional más sincera,

más limpia, más cristiana, más esperanzada. No ´olvidemos que desde 1936 ha crecido una generación

que espera nuevas tareas políticas, y aquí se nos ofrece una mística que depositar en sus manos

anhelantes.

Queremos pensar que los autores del plan lo han visto así, lo quieren asi y están lanzados por este camino;

si así no fuera, se truncaría una oportunidad más de -nuestra historia y seguiría pendiente esta gran

necesidad.

Hay quien protesta de que algunos detalles no se han previsto, que se quiere ir demasiado de prisa, que en

la transición se han sacrificado algunos intereses legítimos, que debe comenzarse por ejemplarizar. ¿Qué

duda cabe que en todo ello hay mucha verdad? Pero es lo que ocurre "en los grandes gestos

transformadores de la sociedad_, y hasta donde se puede—justo es exigirlo—deben atenderse aquellos

daños, completar detalles ignorados, -reparar injusticias y extremar los ejemplos.

En lo de la velocidad, ya no estamos tan-de acuerdo. Si se anda despacio en estas cosas, antes de dar

cuatro pasos ya está detenido el impulso. No se puede dar tiempo a los intereses creados para que

^acudan, con su tremenda fuerza acumulada, a asfixiar el intento; es indispensable saltar, que luego ya

vendrán los retoques que hagan falta. Claro que es preciso que tales retoques se hagan también sobre la

marcha, antes que la excesiva acumulación de pequeños defectos dé al traste con la confianza del público.

Hagámonos a; la idea de que ños hallamos ante una coyuntura histórica y enfrentémonos con ella a través

de esta convicción; si pretendemos explicar estos planes a través de una razón corta, y mezquina, o no

entenderemos nada o todo nos parecerá mal.

Y pongamos por delante nuestra conciencia al servicio/de una rnejor distribución de la riqueza, que tanta

falta nos hace para.niejorar la Patria y para ganar el Cielo.

 

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