Autor: Fanjul Sedeño, Juan Manuel. 
   ¡Política, más política!     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 9. 

SIN una paralela organización legal y pública de las fuerzas políticas, cualquier apertura -democrática -de

-gobierno corre el riesgo de provocar peligrosas tensiones. La falta de apoyo popular, por carecer éste de

cauces adecuados para exteriorizarse -en -contrastes constructivos, priva a los hombres responsables—de

dentro y fuera del Gobierno—del estímulo, la confianza y la colaboración necesarios para una tarea

creadora. Pero, además, al dejar solos en la escena pública a los elementos más audaces o subversivos, a

quienes no importa funcionar en la clandestinidad, los convierte en aparentes arbitros de la política y en

únicos proselitistas inmediatos de la discrepancia.

La historia final de la dictadura del general Primo de Rivera ofrece, en este aspecto, una gran enseñanza.

Deshechos los grupos políticos existentes en 1923, creados—sin otra mística que un vago e ingenuo

patriotismo—la Unión Patriótica y el anacrónico Somatén, y alentado el Partido Socialista a través de los

coqueteos del general con la U. G. T., las aperturas democráticas de Berenguer y Aznar, sin otra fuerza

política que la confianza de la Corona, dejaron inevitablemente el poder en la calle. De allí lo recogió el

Partido Socialista, única fuerza entonces organizada, a la que verdaderamente se debió—y no a los

republicanos—el advenimiento de la República.

Salvando las naturales distancias, la experiencia es buen tema de meditación: En los últimos años, nuestra

estructura de gobierno que venía obedeciendo a las resultantes políticas del 18 de julio, mermadas ya por

continuas y mutuas complacencias de convivencia, ha ido acentuando gravemente su carácter

administrativo y técnico en perjuicio evidente de la tan necesaria política homogénea y dinámica

indispensable para una tarea eficaz de gobierno. Si queremos ser realistas, tendremos que reconocer que

la vida gubernativa se mantiene, principalmente, de la fuerza rectora que da el "Boletín Oficial" y la

adhesión nacional que provoca en el país la figura histórica del Generalísimo Franco.

La vieja y gloriosa Falange, afilada fuerza politica´del sistema, capaz de actualizar y ofrecer una filosofía

y una pasión proselitistas, ha sido sumida en una pasividad burocrática. Y en cuanto a otros grupos,

coincidentes inicialmente en los ideales del Alzamiento, se han ido desperdigando o disolviendo al correr

de los años en el respeto de una legalidad obstructiva. Unos han quedado polarizados en sus tradicionales

regiones y circunscrito», otros, a tertulias de gabinete o de salas de -redacción.

Fuera de estos esquemas—que nos empeñamos en ofrecer como únicos—, quedan las gentes nacidas .al

conocimiento después de 1936 (más del sesenta por ciento del país) proclives a planteamientos no

contrarios, pero, en general, totalmente ajenos a tales estructuras.

La observación no es peyorativa, sino constatación positiva de una realidad. La velocidad técnica,

económica y social del mundo en los últimos treinta años, ha disociado al hombre joven de hoy de una

gran parte de sus principios antecedentes. Hace poco leía que "todo lo que tiene que saber el hombre de

cincuenta años ha ocurrido en el orden de los grandes cambios después que terminara sus estudios", y

basta mirar a la Iglesia Católica para corroborar esta veloz modernización muy superior en todos los

órdenes a cualquier otra etapa de la humanidad- ¿ Qué tiene, pues, de extraño que los hombres de treinta

años miren sólo al futuro?

Si se pretende construir con realidades, sobre el pueblo, de cara al mañana y al compás del mundo, es

indispensable recoger el anhelo de esa inmensa fuerza política latente, encuadrándola legalmente a -

niveles de actualidad.

No creo en la muerte de las ideologías. Creo firmemente, estoy cierto, de «u -aproximación -como

consecuencia del evidente fenómeno de osmosis entre el oriente socialista y el occidente cristiano; la

inevitable transformación y finalidad social de las estructuras económicas unida al máximo respeto y

protección jurídica de la libertad individual; están (o deben estar) ya en todos los programas políticos.

Pero quedan diferencias de velocidad, de independencia, de estilo, que diversificarán siempre a unos

hombres de otros y que serán suficientes para matizar unas ideas, para justificar unas conductas, para

provocar una mística... y consecuentemente para crear unas ideologías. No tan antagónicas como las

antiguas—afortunadamente—, pero en todo caso distintas.

Todo esto es una realidad insoslayable coyas acertadas aceptación y solución son decisivas en el

momento español: partidos, asociaciones, clubs, agrupaciones electorales (la fórmula no importa). algo,

en fin. que recoja las diferentes polarizaciones políticas. las diferentes edades, las esperanzas y las

nostalgias, y las encauce. Abrir caminos de opinión a los grupos nuevos y liberar de compromisos a las

fuerzas antiguas. Unos y otras, con responsable organización legal, podrán contrastar en juego limpio y

pacífico los lícitos y dispares pareceres. Antes de que el proselitismo subversivo de los más audaces

dificulte la tan ansiada convivencia, comprensión y tolerancia que la mayoría del país anhela.

Juan Manuel FANJUL

¡POLÍTICA, MAS POLITICA!

 

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