Señor Fanjul, en Pamplona:. 
 "O el Régimen hace ahora la reforma democrática o tendrá que afrontarla después de golpe y sin cautelas"     
 
 Informaciones.    25/02/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

SEÑOR FANJUL, EN PAMPLONA;

«O el Régimen hace ahora la reforma democrática o tendrá que afrontarla después de golpe y sin

cautelas»

PAMPLONA, 25. (INFORMACIONES.) — «En el curso de casi cuarenta años el Régimen ha sido una

persona excepcional, irrepetible en la Historia, pero perecedera como humana. Asi el dilema consecuente

resulta obvio; o el Régimen se desprende de ese personalismo vinculante para adquirir por si solo, a

través de instituciones auténticas, una forma democrática en un rodaje evolutivo, ´que aún permiten las

circunstancias, o el Régimen tendrá que afrontar, sin reparo, el riesgo de demorar su evolución y su

apertura hasta el • momento en que tenga que recibirlas de golpe y sin cautelas cuando humanamente sea

inevitable e irreversible.» Esto dijo anoche en Pamplona don Juan Manuel Fanjul Sedeño en la residencia

universitaria Larraona.

Examinó el conferenciante la situación general de España en los aspectos económico, político y de orden

público, destacando que el país se encuentra en una coyuntutura difícil afectada por distintos factores que

están poniendo en grave alerta a sus estructuras.

Después de hacer un estudio de la situación- económica nacional e internacional, se centró en el problema

de la inflación, los salarios y los precios.

«Y este es problema tan trascendental como difícilmente soluble: las bocas y las necesidades familiares

son las mismas, las revisiones salariales no flexionan o lo hacen con retraso o no alcanzan ya, cuando se

logran, al avance impetuoso de los precios, y amargado el hogar por la necesidad insatisfecha, salta la

tensión al lugar de trabajo y se crea el caldo de cultivo de la intranquilidad política. Esa misma masa

despolitizada durante años como beneficiaría material del desarrollo y base constituyente de la sociedad

de consumo, que no sólo ha podido cubrir sus necesidades elementales, sino obtener —con ayuda de

facilidades y plazos— un superávit que invertir en bienes de disfrute, empieza a sentir, como

consecuencia de la situación económica mundial, coincidente con el desarrollo en curso, que todo eso que

ha conseguido está en riesgo y que de espuma de un proletariado selecto, convertido por obra y gracia de

ese desarrollo, en clase media confortablemente instalada, puede volver a lina situación similar a la de su

base de partida.»

Todas estas circunstancias —dice— están siendo aprovechadas por el bien organizado partido comunista,

a lo que se añade el deterioro interno del sistema «agotado por los años, frenado por la intransigencia y

falto de imaginación para hallar una salida política históricamente eficaz».

Repasa la evolución institucionalizadora de los últimos años que —señala el orador— no ha

correspondido a la realidad.

El señor Panjul se mostró decidido partidario de la utilización del Estatuto de Asociaciones, aunque

reconoce que es un clavo ardiendo, pero inevitable para buscar un empalme con el futuro, cuya necesidad

analiza,

«Pero es indispensable señalar, por la importancia que tiene para la eficacia de ese puente común tendido

hacia el futuro, el desprendimiento.

la comprensión y la tolerancia con que hay que afrontar el diálogo. Cualquiera de nuestros más estrictos

puristas políticos se rasgarían las togas si alguno de sus interlocutor es les pusiera como condición

ineludible para el diálogo la revancha de los otrora vencidos. Pues bien, piensen esos puristas en lo que

paralelamente puede, significar, a treinta años vista, la condición no hipotética, sino real que se ofrece a la

que tácitamente quiere someterse el diálogo: organizaciones, jerarquías, «slogans». Jefaturas y, en

definitiva, la aceptación del monopolio de los esquemas de propiedad política provincial y local en manos

de unas oligarquías cada vez más reducidas, pero siempre imperantes.

Y quede claro que por mucho que me atraiga la paz, nunca aceptaré una actitud revisionista, ni menos aún

revanchista, pero si me parece elementalmente generoso para la creación de un clima de entendimiento

que haga posible la solidaridad nacional hacia el futuro, el no pedir a nadie más de lo que dignamente

puede dar: es decir, la aceptación de los hechos históricos ya irreversibles, pero no la exigencia de

sometimientos ideológicos y jerárquicos y el mantenimiento de españoles de dos categorías.»

Termina haciendo una defensa del esfuerzo que está realizando el Gabinete Arias por enfrentarse con

todas estas convulsas realidades y el peligro de que la discrepancia entre la juventud y los intereses

creados del sistema cierre cualquier honrado intento de prudente y evolutiva renovación.

 

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