Autor: Garrigues y Díaz Cañabate, Antonio. 
   El frente del trabajo     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 14. 

EL FERNTE DEL TRABAJO

EL trabajo es ´ uno de los temas centrales de nuestro tiempo, un tema al qua el espíritu español no ha

encontrado todavía la respuesta adecuada. Al propio tiempo, y en una escala desconocida y apenas sonada

por la humanidad, buena parte .de ésta aparece comprometida en un esfuerzo ingente para el

descubrimiento, captación y utilización de las,energías y. fuerzas productivas de la naturaleza.

Más que doloroso, es escandaloso _que los grandes trabajos de la humanidad —energía atómica,

conquista del espacio—Estén en esta hora, en. buena parte, en manos "impías" o en manos de "gentiles",

y todavía más desconcertante que estas realizaciones, gigantescas se quieran presentar como el fruto de

un materialismo,! al que hay que oponer el "esplritualismo" cristiano.

Si ser cristiano es un saber, que todo está lleno de sentido, hasta el temblor de la hoja en el árbol, no se

alcanza a comprender cómo a tal saber podría serle ajeno el descubrimiento, y la disponibilidad de esas

inmensas nuevas energías. Parece, al contrario, que si de algún •acontecimiento humano se podría decir lo

de "Dios lo quiere", habría de ser precisamente de éste, así come también parece que ninguna gesta

humana presente merecería más la pena de convertirse en una "gesta Dei".

Todo país de los que cuentan, grande o pequeño, se está transformando, a los efectos ´de esta magna

empresa—la^ empresa del´pleno dominio y utilización de las energías naturales,—, en una gran

organización .de trabajo, en una gran máquina de producción. Hoy un país escasamente productivo es

escasamente un país. Las grandes hazañas humanas se refieren en esta hora, sobre todo, al campo de

batalla dé la productividad y de las realizaciones técnicas. Es en ese terreno donde, por lo pronto, la Rusia

soviética trata de batir a los Estados Unidos.

De la técnica y de la productividad^ se puede decir hoy. lo mismo que ha sido dicho de´la guerra: que es

la política con otros medios. • El producir más y mejor, el adelantarse, aunque sea un poco, en los"

nuevos descubrimientos y ´técnicas, es algo que condiciona al presente la actividad política toda, y que la

condiciona sobre todo en una de sus finalidades más esenciales, como es la de mantener y preservar la

integridad y la independencia de un país. La potencia ofensiva y defensiva descansa actualmente en

grandísima medida en el dominio de esos nuevos medios, de suerte que al arte de la guerra y al valor

humano, si no están respaldados ´por ellos, poco margen les queda.

Producir o no producir, producir bien o producir mal no es; pues, ya un asunto cuya decisión pueda

seguirse/todavía dejando únicamente en manos del titular o. titulares .de los bienes de producción. No es

sólo un asunto privado, sino,_ al contrario, formalmente vinculado al bien público. Un sistema

económico, lo mismo se base en la iniciativa privada que en postulados socialistas, si no rinde ade-

cuadamente en cantidad y en calidad, está condenado a perecer.

´ .

El quehacer de cada hora histórica rio es, dentro de la libertad humana, algo optativo, sino un deber

indeclinable para cada hombre y_cada grupo humano que no haya perdido el sentido de la

responsabilidad histórica. Que este quehacer necesario se convierta además en un bien; que ese quehacer

haga smejor al hombre hacedor, es el problema- moral que va unido indisolublemente a cualquier forma

de acción humana, Un problema que de la única manera en -que no se resuelve es rehuyendo esa acción

debida, obligada.

El frente del trabajo se ha convertido en una especie de frente de guerra, y la guerra se hace y se garfa con

tres cosas: disciplina, virtudes heroicas y una gran estrategia (y además, con dinero, dinero y dinero,

cuando se tiene...). . • ¿Cómo se aplica a España, que es lo que importa, todo lo que -queda dicho? Por lo

pronto hay que recordar que el trabajo empieza en la-cabeza y en las manos sólo termina. Y en seguida

hay que reconocer y confesa^ que en el frente del trabajo la cabeza -del cuerpo social español no se ha

distinguido, hasta ahora, por su ejemplaridad, en ninguno de esos tres requisitos.

Las clases dirigentes españolas, adornadas sin duda de otras virtudes, vienen, en su conjunto, de largo

tiempo y hasta hace bien poco en que sé, ha iniciado un cambio saludable, trabajando poco y trabajando

mal. No han ´aportado al trabajo, como han hecho las minorías de otros países,_ el elemento racional,

intelectual y técnico que el mismo requiere para su perfección y ennoblecimiento. Les ha faltado espíritu

de empresa, de iniciativa y de riesgo. Se han caracterizado por su absentismo del trabajo, la dejación, la

simultaneidad de ocupaciones incompatibles, las vacaciones y los deportes excesivos y otros defectos

bien sabidos que desembocan en la x>bra mal he?ha, inacabada, insuficiente, improvisada y, en una

palabra, por. debajo del nivel medio vigente en el mundo contemporáneo.

A esto se añade la jornada lánguida del obrero español, protegido por la indisolubilidad del vínculo—

indisolubilidad unilateral—de que se ha revestido la relación de trabajo; de un obrero que,

potencialmente, en nada desmerece de cualquiera otro y del que en justicia podría decirse;´."Oh, qué

buen vasallo, si hubiera un buen señor."

Las razones y los fundamentos así sistema de la indisolubilidad son conocidos y han . sido reafirmados no

, hace mucho, rigurosa e inteligentemente, por el diario "Pueblo". Pero la verdad es que el derecho _de

despido resulta hoy, en la realidad, impracticable, por lo difícil- y lo costoso, y la verdad es también que

diluyendo el .trabajo en una relación, tan asegurada como falta de estímulo y de vigor, el paro no se evita,

sino que sólo se disimula. Únicamente por la abundancia de puestos de trabajo, por el equilibrio de la

oferta y la demanda de trabajo, se asegura, efectivamente, el derecho al trabajo. Así, el mal, .trabajador

tendrá el acicate del riesgo de despido, y si es despedido, podrá encontrar, ya aleccionado, fácilmente,

otro empleo, dejando de ser un lastre o un punto de infección en el trabajo antiguo, como ocurre en otros

sistemas laborales no caracterizados, precisamente, como reaccionarios.

El proceso de estabilización en el quq actualmente está España empeñada tiene que traer un nuevo

espíritu de trabajo. Tiene que traducirse en un • formidable equilibrio dinámico. No en una cóntracción,

sino en una reactivación. No en un poner en suspensión o liquidación, sino en reajustar, potenciar y dar

nueva vida. No en frenar ni parar (el paro está casi desterrado de la civilización actual), sino en la plena

movilización del potencial, humano. Es-1 una guerra que hay que ganar y en la que no caben ni el

desaliento ni la deserción.

Ese nuevo espíritu de trabajo tiene un sentido comunitario—de unidad, de justicia, de interdependencia

de> todos los miembros del cuerpo social—que sería vano y- peligroso desconocer. De él hay que

apoderarse como de algo que pertenece por derecho propio a la civilización cristiana y que sólo en el seno

de esa civilización puede articularse y fundirse _con lo que la iniciativa y la libertad individual tienen de

quasi-sagrado e inviolable, y esto hay que hacerlo con la conciencia de que si no se. alcanza a dominar y

señorear ese nuevo espíritu, la civilización actual llegará a ser su.presa. y su despojo.

Ciertamente que el trabajo es.sólo un cuerpo que necesita un alma para cobrar vida y sentido.

Ciertamente que al término de una sociedad organizada por y para el trabajo, como las que están

surgiendo, no está el paraíso_terrenal, y que un mundo de máquinas, "organización y previsión social

sería el lugar de la opresión y el tedio humano perfectos. Pero nada de esto aminora la importancia y el

rango actual del trabajo, nada de esto justifica un ocio estéril, nada die esto desliga a la criatura del deber

de participar, por su esfuerzo inteligente, en el proceso mismo_de la´ creación, de la que el hombre, al

mismo tiempo que humilde, parte integrante, es dueño y señor.

\ntonio GARRIGUES

 

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