Autor: Garrigues y Díaz Cañabate, Antonio. 
   La industria de la capitalización     
 
 ABC.     Páginas: 2. Párrafos: 19. 

LA INDUSTRIA DE LA CAPITALIZACIÓN

Por ANTONIO GARRIGUES

NOS debemos preguntar lo que se puede esperar y lo que no se puede esperar de la estabilización para

no caer en ilusión ni en desesperación, cosas ambas muy españolas.

En su fase operativa, la estabilización no es otra cosa que un determinado tratamiento del mal de la

inflación, es decir, de esa forma artificial y viciosa de crear medios de,pago que no tienen una

contrapartida de bienes reales.

La capitalización real no puede provenir más que del ahorro. Es decir,_ de aquella parte de los bienes

producidos que no se consume ni se atesora sino que se reinvierte en el ciclo económico.

Mas ahorrar, se ha ahorrado siempre y con todo la ^capitalización es un fenómeno .característico de

nuestra época, ¿por qué?

Hasta hace muy poco, el hombre no conocía ni utilizaba más que unas pocas fuentes de energía, el fuego,

el viento, la sangre. En un poco de tiempo (todos los cambios.importantes en la humanidad se producen

en un plazo muy breve), se han descubierto otras fuentes muchísimo más ricas al mismo tiempo que se ha

ingeniado el hombre para domeñarlas admirablemente, haciendo posible con ello un nivel humano de

vida material de un grado y en una escala apenas antes de ello imaginable.

Y es este tránsito de una economía "natural" a una economía potenciada en todas sus dimensiones, con la

corriente de esas nuevas fuentes de energía, lo que requiere unas inversiones masivas de capital que el

proceso normal del ahorro no pUfide suministrar.

Capitalizar no es meramente ahorrar, sino el sistema económico y financiero que permite acumular en un

país y en un momento histórico dados los .extraordinarios medios de capital necesarios para hacer posible

el tránsito de una economía basada en la producción de minerales y de frutos a la de otra basada en la

producción de cosas (arte-factos) y servicios especializados.

El centro derproceso que estamos analizando no es, pues, la estabiliz_ación, puro remedio, pura

terapéutica, sino la capitalización.

La primera industria que tiene que montar un país que quiera industrializarse es precisamente esta

industria de la capitalización, y lo primero que tiene que saber para establecerla es que no está basada ni

en la máquina de hacer billetes ni en el mal uso y abuso del mecanismo del crédito, sino en un complejo

sistema que permita intensificar la formación y utilización del ahorro propio (medidas fiscales, créditos a

medio y largo plazo tipo de descuento mercado de capitales, Bancos comerciales y dj depósito, etc.. etc.)

y la adecuada y ponderada utilización del ahorro, es decir, de los capítales. ajenos. En esto consiste la

capitalización y en esto consiste el problema económico español.

El caso de Alemania (como el.de Inglaterra y los restantes oaíses occidentales que han pasado por

vicisitudes similares) no ha sido de capitalización, sino de recapitalización. Alemania era un país

fuertemente capitalizado antes de sufrir las destrucciones materiales de la última guerra. Y si en una

sociedad capitalizada se cuenta con medios, y Alemania los tuvo, para recuperar el capital perdido, la

recuperación será relativamente sencilla y. sobre todo, podrá ser, como efectivamente lo fue en este, caso,

-muy rápida, aunque el esfuerzo tenga que ser grande cuando ha sido graiíde la destrucción sufrida.

En .otras palabras, Alemania ha tenido que reconstruir, las fábricas, pero no las ´"industrias"; ha1 tenido

que volver a sus mercados de- exportación, pero no que inventar o descubrir esos mercados. España,

contrariamente, no sólo tiene que levantar fabricas, sino que crear, "ex nihilo´´´ industrias inexistentes; no

que reconquista r mercados exteriores perdidos, sino que abrir y penetrar en mercados cerrados, vírgenes.

Aunque no hay, naturalmente, pura capitalización ni pura recapitalización, sino siempre mezcla de ambas,

según predomine fuertemente una u otra, el tratamiento respectivo de la operación de capitalización,

aunque básicamente el mismo, tiene´ que ser diferente en la modalidad de su aplicación. En la

recapitalízación ha de tenderse sobre todo a cegar las fuentet. de la inflación y a restablecer el juego

normal de formas económicas muy arraigadas y regidas por un empresariado experimentado y fuerte. En

la capitalización, sin, desdeñar en cuanto posible esos mismos objetivos, se ha de tender principalmente a

¿rear, fomentar y potenciar al máximo´las fuentes y procesos de ^formación y atracción de ´capitales,

técnicas y servicios, propios y ajenos.

Hay que tener presente que la capitalización de suyo no crea capitales (La repatriación de capitales o el

aumento de las exportaciones efecto de Un reajuste del cambio son solamente consecuencias colaterales.)

Lo que ha de poner son las condiciones o el clima, en que esa creación i sea posible y sobre todo sea real

y no ficticia: Si se limita a cortar la inflación, sin atender el, objetivo de la capitalización, al final del

proceso estabilizador tendremos un organismo económico tan puro y ortodoxo, como exangüe e

impotente.

La estabilización, o es una puerta de acceso a una forma más verdadera y mucho más vigorosa de

capitalización, o no es nada. Ahora bien, solamente produciendo más y produciendo mejor, es como se

capitaliza. Y tan sólo se produce más y mejor con un gran espíritu de trabajo, con una gran ´ambición

creadora y "genésica", que anime todo el cuerpo activo de un país. Lo contrario de este espíritu lo

representa la fórmula laboral del paro encubierto, que consiste en que muchos, ganando poco, hagan

menos, pero por mucho tiempo. Esta fórmula, desgraciadamente, no sólo se aplica a los trabajadores

manuales, sino también al mundo del trabajo burocrático público y privado, así como a nuestras clases

dirigentes, si bien de estas últimas no siempre se puede decir lo de ´´ganando poco". Pero, aunque el

ahorro propio sea la única fuente final de capitalización—la amortización de los préstamos o la

repatriación de los capitales extranjeros sólo puede hacerse con cargo, a la misma— ella de por sí es

insuficiente para concentrar^ en un momento dado, la masa de recursos materiales y de técnicas y

conocimientos especializados que requiere esa transformación de una sociedad "natural" en una sociedad

industrializada.

Hace falta, absolutamente, disponer de capitales ajenos (donativos, préstamos, inversiones). Todos los

países del Mercado Común rivalizan entre sí -en, atractivos y seducciones frente a ese codiciado capital.

En contraste, la nueva ley española de inversiones, aparte del mérito de. haber derogad,o la del 39, cuya

larga vigencia ha .sido tan negativa, es demasiado modesta y tímida para competir en ese juego de

tentaciones e incentivos, jr con ,un mercado que ofrecer mucho más pequeñp y más pobre.

Industrialización sin ayudas o donativos exteriores, más paro encubierto, más restricciones y trabas en las

inversiones extranjeras, equivale, por defecto de capitalización real, a entrar en el callejón sin salida de la

inflación. Frente a_ estos males, una estabilización que al tiempo de cortar la inflación frenase

excesivamente la. demanda y con ello el proceso productivo y no acertase con la movilización de los

capitales ajenos, conduciría a un callejón con salida, pero con una salida a ninguna parte, o mejor dicho a

un estado psicológico de postración y desaliento.

Lo que importa, primero, es saber lo que se quiere, y. segundo, poner rigurosamente los medios

necesarios para conseguirlo. Si lo que te quiere es elevar «I nivel material de los españoles al grado que

permiten actualmente las fuentes de energía utilizables, España necesita industrializarse en una medida

mucho más alta de lo que lo está al presente; para «lio, a su vez, ha de empezar por establecer una primera

industria básica, la industria de la capitalización. Sin ella, adentrarle en la industrialización "industrial" es

un puro desvario, una pura quimera. ("Porque, ¿quién, de entre nosotros, queriendo edificar una torre, no

•e sienta primero y calcula los gastos y mira si tiene para acabarla? No tea caso que, habiendo puesto los

fundamentos y no pudiendo terminar, comiencen todos los que lo ven a hacer burla de el. diciendo: Este

hombre comenzó a edificar y no pudo terminar. ¿O qué rey, si marcha para entrar en guerra con otro rey,

no se sienta primero a deliberar si tiene fuerzas para hacer frente con diez mil al.que viene sobre él con

veinte mil? De lo contrarío, mientras él está lejos todavía, despacha una embajada para negociar la paz."

San Lucas. 14-38.)

Los hechos son que los antagonismos y problemas económicos que han desgarrado la civilización

occidental durante un siglo largo están más y mis, y por todas partes, llegando a ser reglamentados,

normalizados, encuadrados y superados en formas institucionales; que es. especie de maldición en que

habla des embocado una abundancia inusitada d> bienes materiales está siendo vencida por un sentido

más depurado de la justicia distributiva; y que el problema de España, aparte el tener siempre presente

que la vida no consiste solamente en la abundancia de esa clase de bienes, radica en decidir ahora si esa

transformación necesaria, a la que España no puede ni debe sustraerse, es posible y realizable en él marco

de su economía nacional.

A. G.

 

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