Autor: Garrigues Walker, Joaquín. 
   ¿Una derecha socializante?     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 11. 

¿UNA DERECHA SOCIALIZANTE?

HE leído este verano que el ex ministro Julio Rodríguez se dedlatsba partidario de «una derecha

socializante». Y aunque es verdad que el ministro de Educación en el Gobierno de Carrero se ha

distinguido siempre por sus declaraciones originales hay que reconocer que, sorprendentemente, esa

bandera arrastra muchos prosélitos.

Con frecuencia a lo largo de estos últimos tiempos empresarios privados de vanguardia y otros españoles

de los que en Inglaterra, pongo por caso, votarían sin vacilación alguna al partido conservador,

pronuncian frases tan peregrinas como la del ex ministro. Por ejemplo, esta es una_ frase que se ha

repetido en ocasiones múltiples: «Yo soy en lo económico de izquierdas, y en lo político conservador»

Otros prohombres del mundo capitalista en nuestro país han declarado sin inmutarse que ellos votarían a

la social democracia de Willy Brandt. Y así sucesivamente. No es, en cierto modo, extraño que después

de tantos años sin derechas ni izquierdas se produzca el confusionismo que reflejan esas afirmaciones.

Aparte, claro está, del convencimiento de que aquí, venga lo que venga, ´estará más a la izquierda que lo

que hay.

Supongo que los auténticos hombres de izquierda sonreirán comprensivos ante esta avalancha de nuevos

adeptos. Y supongo también que a ninguno de ellos se le ocurrirá organizar una «izquierda capitalista».

Porque es el caso que la derecha en Europa sin excepción alguna, desde el partido conservador inglés

hasta las democracias cristianas de Alemania e Italia, pasando por- los republicanos independientes de

Giscard, defienden en sus respectivos programas la iniciativa privada y la economía de mercado.- Y esta

defensa es precisamente lo que les separa y distingue de los partidos de izquierda que, también sin

excepción, se declaran partidarios de la nacionalización de los bienes de producción. No acaban aquí las

diferencias entre derechas e izquierdas en Europa, pero sí es ésta ´una fundamental. Para que nadie piense

que confundo mis deseos con la realidad, voy a tratar de resumir en las líneas que siguen el estudio

realizado por los principales partidos de centro-derecha y liberales-de Europa después de dos años de

trabajo conjunto en donde exponen los ideales que persiguen y caracterizan a esos partidos.

Los partidos políticos que han intervenido en la redacción de ese estudio que firma Scott Hamilton y que

llega a mis manos en la edición del Centro de Estudios del Partido Conservador inglés, son los siguientes:

el Partido Conservador noruego, el sueco, el danés, el irlandés, los Demócratas-Cristianos alemanes, los

Republicanos independientes y el propio Partido Conservador británico.

El estudio empieza con las siguientes significativas palabras: «Es la creencia popular, aunque no sea

completamente exacto, que las fuerzas de la izquierda opea se convertirán en el grupo más compacto y

poderoso dentro del Parlamento europeo por virtud de su compromiso ideológico con el socialismo.» Y a

renglón seguido añade el autor que éste es «un argumento más relativo que absoluto puesto que la

izquierda, aunque generalmente suele ir unida en su oposición al concepto de la iniciativa privada no lo

está tanto cuando se trata de abogar por las alternativas prácticas».

Partiendo de estas consideraciones, los siete partidos políticos que respaldan el documento tratan de

establecer unos puntos comunes de coincidencia haciendo constar que «ninguno de ellos tiene una

ideología como tal, pero sí ciertos ideales que forman la base de su pensamiento político». Estas son las

conclusiones.

Todos ellos reconocen en primer lugar que sus partidos tienen hacia los problemas «un enfoque más

pragmático que ideológico». Esta es una característica distintiva de los partidos de centro-derecha en toda

Europa con respecto a los partidos de izquierda, que como dice el autor están siempre condicionados por

su compromiso ideológico con el socialismo. En otras palabras, los partidos de izquierda en Europa, y en

el mundo, resuelven o tratan de resolver los problemas diarios de la vida pública de acuerdo con unos

programas ideológicos donde se especifican las soluciones para todos los problemas. Mientras que los

partidos liberales y conservadores carecen de ese compromiso ideológico y tratan de resolver esos

mismos problemas en razón de las circunstancias y con un carácter mucho más pragmático.

Todos los partidos de la derecha europea defienden «el mantenimiento de las instituciones democráticas,

la protección de los derechos del individuo, de la sociedad y la

decisiones». Es decir, la derecha en Europa preconiza y defiende las libertades humanas y más

específicamente la libertad personal. Es la derecha que quiere gobernar por la vía del sufragio universal,

igual, directo y secreto, aceptando la pluralidad de los partidos políticos que respeten el sistema de

gobierno democrático y la legalidad constitucional. Es la derecha que rechaza la solución fascista la que

no acepta como forma de gobierno esa dictadura que teóricamente protege sus intereses. Es la que aspira

a convivir en una sociedad donde ella y la izquierda pacten sus diferencias en un régimen de libertades.

En otro orden de cosas, todos los partidos que suscriben este documento «apoyan a los valores cristianos

básicos». Pero lo hacen «con intensidad variable», • pues esta afirmación es quizá más válida —según se

reconoce en el propio estudio— en el caso de los cristiano-demócratas alemanes que en el caso de los

republicanos independientes franceses o del partido conservador inglés.

Y por último, y aquí vuelvo otra vez a Julio Rodríguez, estos partidos liberales y conservadores de la

Europa occidental proclaman y defienden el derecho a la posesión privada y a la protección de la

competencia y de la libre empresa. En otras palabras, se manifiestan .de forma inequívoca en favor del

sistema que ahora se denomina economía social de mercado. Es la libre iniciativa y la propiedad privada

que no está reñida con una justa distribución de la riqueza. Es el sistema que trata de proteger al

consumidor contra las prácticas injustas de la competencia mercantil y acepta una cierta intervención

moderada del Estado en la economía. Es el mundo empresarial que convive, negocia y pacta con

sindicatos obreros representativos de la clase trabajadora e independientes del Estado. Es el capitalismo

que acepta un sistema fiscal progresivo de contabilidades auditadas que fomenta la redistribución de la

riqueza y tiende a disminuir las diferencias en rentas individuales. Pero que estimula la iniciativa y la

propiedad privada.

Esos puntos sintéticamente resumidos son los que defienden y definen a la derecha europea. Ni uno más

ni-uno menos. Pero aquí, entre nosotros, el propio profesor Ruiz Jiménez, hombre cualificado de la

democracia cristiana, un partido de derecha en Europa, declaraba también hace unas semanas en la Prensa

que no creía «que valiese la pena preconizar un período constituyente para instaurar en nuestro país una

democracia liberal neo-capitalista». Pues bien, esa es precisamente la democracia de Europa. No existe

otra. O, mejor dicho, la1 otra es la que se llama «popular» o dictadura del proletariado, y para alcanzarla

hay que atravesar además del telón de acero otras barreras ideológicas. Lo que ocurre es que aquí, en

nuestro país, es verdad lo que dice mi amigo, que «hasta que no salga Marcelino Camacho de la cárcel no

sabremos quién está a la izquierda y quién a la derecha». Porque los partidos de derecha en Europa

entienden que la libertad es indivisible y la defensa de la libre empresa es sólo una consecuencia de la

libertad individual.

Joaquín GARRIGUES WALKER

 

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