Autor: Contreras, Lorenzo. 
 Cena político-religiosa en la IV Semana Internacional. 
 "El concordato que se haga será el último de los antiguos concordatos" (Sr. Garrigues)     
 
 Informaciones.    19/09/1973.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 20. 

"El concordato que se haga será el último de los antiguos concordatos" (Sr. Garrigues)

Por Lorenzo CONTRERAS

LA CRISIS DE LA SOCIEDAD RELIGIOSA ES ANTERIOR AL CONCILIO LLORET DE MAR, 19.

Nueva cena política en Lloret de Mar, mas bien político-religiosa, en la que el ex embajador español ante

la Santa Sede, tenor Garrigues, fue la estrella invitada. El tenor Garrigues se ofreció a responder a las

preguntas que tdiplomáticamente» le fueron dirigidas, aclarando que no se le debía preguntar nada que

razonablemente no pudiese contestar,

Las preguntas Jueron interesantes. Las respuestas del embajador, también. Pero ni aquellas guardaron

exacta relación eon éstas ni éstas, naturalmente, con aquéllas.

Al final, ante la visible verticalidad de algunas peticiones de información, (el señor Garrigues había

solicitado, humorísticamente que las flechas no fueran envenenadas), él señor Auger, presidente del grupo

"Mundo", puso fin a la reunión, dado —dijo— lo avanzado de la hora. Acababan de dar Justamente las

doce.

El señor Garrigues inició su disertación hablando de la "conciencia individual", de la confusión planetaria

implicada en la crisis universal que se,padece y.de cómo la crisis de la sociedad civil se proyecta con

especial intensidad en la sociedad religiosa. A juicio del embajador, esta criéis es anterior al Concilio, y

éste no hizo otra cosa que reconocerla. La Iglesia, rodeada de problemas intocables, que hace cuestión de

si misma. El Vaticano II abre o plantea la cuestión de las relaciones entre Pedro y el Colegio Apostólico,

que´ hace la reducción incalculable desde el latin a las lenguas vulgares. Bajo el concepto de libertad

religiosa, toma carta de naturaleza el ecumenismo, que reconoce participación de la confesión no´ católica

en los dones del Espíritu Santo. El contenido del "Caudium «t espes" pone broche a la nueva situación.

PETICIONES DEL CONCILIO

"En el Concilio —prosiguió el señor Garrigues— hubo una declaración final en la que se Invitaba a todos

los Estados que tuvieran derecho a la presentación de obispos, a que, espontánea y unilateralmente,

hiciesen dejación de aquél. La petición iba dirigida a todos los Estados que estuviesen en esta tesitura,

pero en cierto modo especial a España, porque los derechos de patronato de algunos palees

iberoamericanos radicaban en el derecho de presentación disfrutado por los Beyes de España. Se pensó

que la renuncia española comportarla la decadencia de las restantes situaciones. Transcurrieron, a partir

de entonces, dos años sin que hubiese reacción."

La primera pregunta fue de don Ignacio Camuñas, diplomático de carrera. "Srrni información es buena —

dijo—, Ja tensión actual dimana de la pretensión esnafiola de obtener a cualquier precio un concordato

con la Santa Sede. ¿Por qué esa necesidad imperiosa, que recuerda el afán con que se busca el acuerdo

con el Mercado Común? Por parte de la Iglesia existe quizá la pretensión de mantener subvenciones y

privilegios que parece necesitar para el buen ejercicio de su función. Es enormemente grave que la Iglesia

trate de obtener nuevos privilegios. Se habla de divisiones en la Iglesia española y en el propio Vaticano.

Si un nuevo concordato se firma, tal vez existan motivos de profunda preocupación para el pueblo en

cuanto al conjunto de ciudadanos y en cuanto a fieles. ¿Son estos los términos del problema? "

CONCORDATO

Respondió el señor Garrigues:

"Yo creo que un concordato en el sentido original de la palabra no se puede hacer ni con España ni con

ningún otro país. El concordato nace en un momento histórico preciso, cuando, después de la reforma y

de la revolución francesa, cambió la situación del occidente europeo católico. Hasta entonces, la simbiosis

Iglesia - Estado habla sido profundísima. Ambas instituciones estaban incluso confundidas entre si.

Lo que ahora sucede —prosiguió— es una pura novedad, aunque sea natural que la Iglesia nombre

arzobispos. Durante siglos, en el nombramiento de los obispos intervenían siempre el poder civil, y ello

en todos los países. La renuncia al derecho de presentación es algo que ha emergido hace poco tiempo. El

Estado tiene otro y legítimamente, pues en los países de gran tradicclón católica, como España, no pueden

darse compartimentos estancos. No cabe desconocer esta realidad En la misma Francia existe la

prenotiflcaclón. por si et Gobierno tiene objeción política que hacer contra la designación de Boma. Tras

la guerra mundial, y en relación con e) problema d« la Resistencia, en el pais galo hubo un nuncio

Ilamado Roncalli. luego Juan XXIII, enviado precipitadamente a París porque el Gobierno del general De

Gaulle quería "dimitir" a muchos prelados que no observaron una actitud clara durante la ocupación

alemana. Roncall se las arregló, con sus excepcionales dotes humanas, para reducir al mínimo ese numero

de dimisiones.

Para la Iglesia —prosiguió el embajador— los concordatas tienen como finalidad garantizarse unos

privilegios en tiempos en que hay ya pluralismo religioso y laicismo.

Para los Gobiernos, se trata de asegurar también una serie de privilegios, entre ellos el de que, en virtud

del concordato, aquéllos se vean respaldados moralmente por la autoridad de la Iglesia. En rigor, el poder

civil tiende a sacrallzarse, así como el poder religioso aspira a temporalizarse.

Ahora —subrayó el señor Garrigues— se trata de declarar la independencia mutua de renuncia a los

privilegios. El concordato que se haga va a consistir —si se firma— en el ultimo de los antiguos

concordatos. Se empleará quizá la misma palabra, pero esta palabra contemplará ya una situación muy

diferente. Se dirá que ha habido concordato con Colombia, pero esta realidad no sirve como argumento,

pues na consistido en la revisión de un concordato ya existente y no en la formallzaclón de otro nuevo.

En lo que a nosotros respecta, el que se llegue a acuerdos parciales, el que llegue a haber un solo

documento o varios es ahora cuestión secundaria."

LA IGLESIA, ¿EMPRESA MULTINACIONAL?

Un abogado catalán, el señor Pou, acudió a la posibilidad de que la Iglesia sea entendida como empresa

multinacional, precisamente sintonizando por el tema del día en la IV Semana Económica Nacional que

se está celebrando en esta ciudad de la Costa Brava.

Otro abogado catalán, el señor Mllian, preguntó si el Estado español tiene prevención ante una nueva

conciencia, ante un cristianismo comprometido con una nueva postura, de igual modo que algunos

empresarios descubren con alarma que entre sus empleados hay algunos curas-obreros. Quiso también

saber el señor Millan si, por lo que a Roma respecta, no existe una cuestión personal Móntlni-Benelll.

El señor Garrigues respondió: "Es evidente que la Iglesia española fue al Concilio Impreparada para

abordar temas teologicos surgidos preconcillarmente. Se trataba, en suma, de una Iglesia enormemente

tradicional, más papista que el Papa. Ahora bien, en las relaciones Iglesia-Estado hay dos aspectos: uno

concordatorio, que comprende esencialmente los problemas del derecho de presentación y del privilegio

del clero eclesial, conteniendo ambas la base de la negociación, y un segundo aspecto, que es la crisis de

la Iglesia. Si mañana _—agregó— se solucionan los .problemas comprendidos en el primer aspecto, no

por ello quedarían resueltos los problemas de fondo de la crisis religiosa que se producen en España, en

Holanda, en los Estados Unidos, etc."

Luego, aludiendo a su propia ejecutoria en el Vaticano, manifestó: "He procurado hasta el limite de lo

posible armonizar mi conciencia de cristiano con la de servidor del Estado español."

En cuanto al problema personal evocado por el señor Millan, el señor Garrigues mostró la opinión de que

los conflictos políticos son siempre, en gran medida, problemas personales. El ex embajador se abstuvo

de hacer ningún comentario sobre el Papa, en base al respeto que le merece, pero de monseñor Benelli

dijo: "Voy a utilizar una frase que no es mía: "benelllzar el problema de las relaciones Iglesia-Estado es

vanallzarlas"." Surgió entonces otro coloqulsta que aludió a las confusiones lingüísticas de la pregunta,

volviendo a poner terminologia económica, porgue no se reconoce a la Iglesia como lo que, a su Juicio,

es: una´sociedad política plurinacional.

El señor Garrigues: "Si la Iglesia fuera eso, yo no serla católico, apostólico, romano. Creo que la Iglesia

es una fundación de carácter divino. De lo contrario, me debería tanto a la Iglesia como a la ITT, a la IBM

o la Ford.

Fue entonces cuando el señor Auger decretó el punto final, precisamente en el momento en que algunos

comensales mostraban deseos de Intervenir en el debate.

 

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