Autor: Garrigues Walker, Antonio. 
   La democracia orgánica y las asociaciones     
 
 ABC.    06/12/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LA DEMOCRACIA ORGANICA Y LAS ASOCIACIONES

Por Antonio GARRIGUES

El Principio VIII de los del Movimiento dice: El carácter representativo del orden político es principio

básico de nuestras instituciones públicas.» Representar es tener un título, una justificación para hacer

presente a alguien Que. no lo está y que se hace presente por este medio de la «representacióna. En ese

Principio VIII es incuestionable que a, Quien se quiere hacer presente en "las instituciones públicas es al

«pueblo». «La participación del pueblo en las tareas legislativas y en las demás funciones de ínteres

general...» El citado principio Instaura un orden político auténticamente democrático. Toda democracia

en que los representantes lo son del pueblo y no de estamentos o corporaciones es una democracia

verdadera.

El adjetivo «orgánica» con que se califica y cualifica la. democracia, asi estatuida no desvirtúa ni

desnaturaliza este concepto democrático. Los procuradores en Cortes no representan ni a la Familia, ni a

los Municipios, ai al Sindicato. Así se establecc-categóricamente en el párrafo II del artículo segundo de

la Ley Constitutiva de las Cortes: «Todos los procuradores en Cortes representan al pueblo -español,

deben servir a la nación y al bien común y no estar ligados por mandato imperativo alguno» Si re-

presentasen a esas entidades a que se refiere el Principio Yin, no ge trataría de una democracia orgánica,

sino de un régimen corporativo que no es democrático.

La Familia, el Municipio y él Sindicato son cauces «a través» de los cuales el pueblo accede a participar

representativamente, pero no son sujetos de esa participación: en vez de votar directamente a sus

representantes, el pueblo, en la democracia, o-^nica española, los vota —salvo en el tercio familiar— a

través de las entidades dichas y demás con representation orgánica. Vola en el seno de ellas, es decir, no

con voto universal, pero en regruñen tan de pura democracia como en la inorgánica. Cuando se dice en el

Principio VIII que toda organización política, al. margen del sistema, en él establecido será considerada

ilegal, lo que se -quiere expresar es que las organizaciones políticas tendrán que utilizar, para promover a

sus miembros a las instituciones públicas representativas, de esos cauces, y no podrán hacerlo

directamente, como los partidos en la democracia inorgánica, pero en manera alguna se excluye en ese

párrafo la posibilidad de la existencia de asociaciones políticas que cumplan con ese condicionamiento.

«De jure», la representación orgánica es del pueblo español en su conjunto. «De facto», esa clase de

representación trata de llevar a las instituciones públicas no sólo representantes de ideologías políticas,

como en la inorgánica, sino la presencia de los intereses y situaciones reales de la sociedad, pero nunca

corporativamente, sino .a título individual y como representantes del pueblo.

Unas Cortes en las que esté representado el pueblo español como manda la Ley -Constitutiva de las

Cortes puede crear problemas técnicos constitucionales en la relación entre el Legislativo y el Ejecutivo,

en un sistema como el español, que no es al presidencial ni parlamentario; pero problemas que son

solubles por otras vías que la desvirtualización de los textos legales, asi como también hay que prever y

evitar que en el actual enfrentamiento ideológico que vive el mundo, tuerzas subversivas radicalmente

contrarias al espíritu y a la letra de nuestro sistema, constitucional puedan situarse dentro de él. Pero esto

se relaciona con el problema de las ideologías o programas políticos, de que se trata a continuación.

tos doce Principios ü«l Movimiento no constituyen un «programa» politico que excuse la necesidad y

excluya el pluralismo de una acción y progamacion políticas. En política internacional, ni el problema del

Sanara, ni el del Mercado Común, y la Comunidad Política europea, ni los Pactos.o no Pactos con los

Estados Unidos, ni el problema concordatario, ni la toma- de posición en el conflicto árabe-israelí, etc., ni

en política interior el problema energético, ni el de la inflacion, ni el del orden público, ni el de I»

propiedad privada a social, ai el educación»!, ni el laboral, ni el fiscal, etc., se pueden resolver recordando

que España es una, anidad de destino en lo universal, que es confesionalmente católica, que es tangible la

unidad entre los hombres y las tierras de España, que el hombre es portador de valores eternos, etc. Sobre

esta alta y genérica formulación principal cabe, por el contrario, una gran variedad de opciones políticas,

igual más o menos que en cualquier otro sistema, constitucional: desde una posición conservadora a una

socialmente muy avanzada..

Lo que los Principios —-más el Fuero de loa españolea y el Fuero del Trabajo— constituyen, aunque los

Fueros con otro ´raneo, es el marco, las fronteras inviolables en cue se puede instalar y mover esa

diversidad. Por ejemplo: cualquier sistema totalitario sería rechazable conforme al Principio VIII (ya la

Pastoral colectiva del Episcopado español dijo en 1936, en plena guerra civil:´ «seríamos los primeros en

lamentar que la autocracia irresponsable de un Parlamento fuera sustituida por la más terrible Be una

dictadura desarraigada de la, nación»); como un sistema cuya filosofía fuera el ateísmo: o que negara

cualquier forma de propiedad privada; o que envileciera, materializándole, el concepto de la persona

humana; o que sometiera los intereses del bien común a los individuales o de grupo, o que propugnara la

desintegración de la unidad patria, etc. Todo esto sin olvidar que en el artículo 37 de la Ley Orgánica del

Estado se confiere a las Fuerzas Armadas la defensa del orden institucional. Pero loa Principios rao

pueden, dentro de su marco, suplantar esa diversidad en que consiste I» vida politic» misma.

 

< Volver