Autor: Garrigues Walker, Joaquín. 
   Los grandes temas nacionales  :   
 La política. 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 15. 

LOS GRANDES TENAS NACIONALES

LA POLÍTICA

DESCENDAMOS ahora desde el mundo de los principios al de las cosas concretas. Desde la teoría de

los cambios posibles hasta las instituciones del Estado. Descendamos con cautela porque el Estado es una

cosa muy seria.

El Jefe del Estado, en su discurso de fin de año, ha dicho que «el Movimiento y las instituciones no son

sistemas estáticos, sino un orden político abierto y dinámico con capacidad innovadora», pero también

dijo que «el desarrollo político de las Leyes Fundamentales no sólo no puede significar una ruptura, sino

que, por el contrario, ha de ser la más rotunda afirmación del Movimiento Nacional». Por su parte, la

última Conferencia Episcopal ha recomendado «la transformación en profundidad de las instituciones».

¿Cabe esa Tansformación en un orden político abierto y dinámico? ¿Cabe la evolución que consiste «n

partir desde donde estamos »ara llevar a cabo —en palabras del profesor Jorge de Esteban— «los ajustes

juridíco-politicos necesarios, dentro del marco constitucional, para conseguir una liberalization real y no

ficticia de la vida política española»?

La evolución, decíamos «n un artículo previo, sólo se puede hacer desde el Poder. Desde la calle se puede

hacer la revolución. Aquélla desde arriba. Esta desde abajo. La revolución es acelerada en su ritmo. La

evolución, por el contrario, exige una cadencia, un «tempo» más acompasado. Pero el objetivo en uno y

otro caso es el mismo.

Para llevar a cabo «sa evolución, para «transformar en profundidad las instituciones del Estado»,

empecemos por examinar hoy el punto de partida.

Las Cortes no son representativas de las tendencias ideológicas del país.- Esto no lo digo yo. Esto lo dicen

las Leyes Fundamentales. Los procuradores que se sientan en las Cortes no son demócrata-cristianos, ni

socialistas, ni liberales, ni conservadores, ni progresistas. Ni monárquicos ni republicanos. Tampoco son

falangistas. O mejor dicho, pueden ser todas esas cosas a título individual, pero en las Cortes no se sientan

en representación de esas ideologías. ¿A quiénes representan, pues, nuestros procuradores? Según la

Constitución vigente, los procuradores representan al pueblo español. ¿Y cómo se canaliza esa

representación? Pues a través de la Familia, de los Municipios y del Sindicato. Y de los Colegios de

Abogados, de Economistas, de Notarios y de Veterinarios, entre otros. Y de los rectores de Universidad y

las Cámaras de Comercio y de la Propiedad Urbana. Esto es lo que se llama la representación orgánica.

Según las Leyes Fundamentales, toda otra organización política al margen de este sistema representativo

será considerada ilegal.

Pero ¿representan en verdad los procuradores al pueblo español a través de la Familia? ¿Lo representan a

través de los Ayuntamientos y de los Sindicatos?

El profesor Aranguren, en ocasiones varias, dijo que él se habría conformado con que el Régimen hubiese

hecho válidas, verdaderas, sus propias instituciones. Y en este punto de vista, pienso, coincidían muchos

españoles. Sin embargo.

después de treinta y cinco años, y de cara al futuro político del país, no parece que las actuales

instituciones políticas —sin su previa transformación en profundidad— puedan ser representativas de

todo ese conjunto de aspiraciones de una sociedad tan plural corno la española.

¿Se siente la familia española representada en fas Cortes? ¿Y los ciudadanos de Barcelona, Bilbao, Jaén,

Madrid o Santander? ¿Se sienten representados a través de sus alcaldes —a quienes no han elegido^- en

esas mismas Cortes? ¿Y los trabajadores del Sindicato vertical y único?

¿ Y las otras instituciones del Estado español? ¿Saben, por ejemplo, los españoles para qué les sirve el

Consejo Nacional? Según las Leyes Fundamentales, para fortalecer la unidad entre los hombres y las

tierras de España, para formar a las juventudes en la fidelidad a los Principios del Movimiento y para

defender y perfeccionar esos Principios.

Y en esta respuesta de las Leyes Fundamentales a esa pregunta sencilla y sin trastienda de los españoles

radica el quid del problema. No hay desacato en la pregunta ni mala fe ni segundas intenciones. Las

instituciones políticas son para el pueblo. Para él se crean. El las tiene que hacer suyas, entenderlas, saber

para qué les sirven y servirse de ellas. Esas instituciones no pueden ser doctrinales ni etéreas.

¿Y el Consejo del Reino? Muchos españoles -sabemos que en momentos de crisis el Consejo del Reino se

reúne. Así en el caso del asesinato de Carrero para proponer una terna de posibles presidentes de

Gobierno al Jefe del Estado. Sabemos también que ese Consejo será importante en el momento de la

sucesión. De vez en cuando, en tiempos de bonanza, leemos en la Prensa que el Consejo del Reino se ha

reunido para «tratar cuestiones de su competencia». Y luego como una coletilla final se nos recuerda que

las materias que se tratan en el Consejo del Reino son siempre reservadas. Es decir, secretas. Los

españoles no podemos saber de qué se trata en esas reuniones del Consejo del Reino que tan decisivas son

para el presente y futuro de nuestra convivencia civil y política. Pero «s que, además, si se hiciese una

encuesta nacional pienso que una mayoría abrumadora de españoles diría que las decisiones del Consejo

del Reino son válidas en tanto en cuanto Franco las inspira. Con lo que se viene a decir que es Franco

quien hace funcionar las instituciones, que sin él estas mismas instituciones producirían resultados

distintos o, lo que es más grave, que quizá no funcionasen. Y este convencimiento de los españoles es

válido tanto para el Consejo del Reino como para las Cortes como, en definitiva, para todas las demás

instituciones del Estado español.

Los Sindicatos y uniones de trabajadores en el mundo occidental tienen por su parte dos características

esenciales y comunes a todos ellos que las distinguen de nuestro Sindicato vertical; son representativos a

todos los niveles e independientes del Estado.

El Sindicato vertical fue la solución de José Antonio y de la Falange al difícil, complejo y a veces

violento tema de la lucha de clases. Yo no soy de los que me apunto al programa de Gobierno falangista.

Pero estoy de acuerdo con ellos cuando dicen que el Sindicato vertical era una pieza más de ese

programa, una pieza de un conjunto de reformas político-económicas que tenía su razón de ser, que

encajaba en el contexto global de ese programa. Sí, tienen razón los falangistas cuando dicen que su

filosofía y sus principios han sido adulterados por este Régimen. Pero en la historia la razón no es

suficiente. Ese programa tuvo quizá su hora. La viabilidad de aplicar en su totalidad el programa

falangista no es hoy, en mi opinión, realizable. Y en esta situación no nos queda otra alternativa que

aceptar la fórmula "de sindicación obrera de las democracias occidentales. Porque no´ se trata de que los

políticos y los empresarios opinemos sobre la eficacia o ineficacia del Sindicato vertical. Se trata aquí

también de saber si los propios trabajadores consideran a ese Sindicato —en «1 contexto de una economía

de empresa privada— el instrumento adecuado de sus aspiraciones económicas, políticas y sociales.

Es que, se dirá, esos Sindicatos independientes y representativos de la clase trabajadora pueden ser una

fuerza político-social ingobernable. Eso es lo^que se dice. Pero lo que en realidad se piensa y se teme es

que puedan llegar a convertirse en el grupo de presión, en la fuerza política más importante del país. Qué

duda cabe! Las fuerzas sindicales en Estados Unidos, Francia, Inglaterra o Alemania tienen un peso

determinante en las decisiones políticas de cada uno de esos países. Pero esas fuerzas no son allí iu tienen

ipor qué ser aquí fuerzas irresponsables. Si lo fueran, si pretendiesen el colapso de la economía y la

instauración de la llamada dictadura del proletariado, -ellas mismas se podrían fuera de la Ley.

Falta, por último, en este breve examen de las instituciones políticas del país una referencia a las

asociaciones políticas. Allí, en las democracias occidentales, son los partidos los principales motores de

todo el sistema político. Aquí, las asociaciones han visto la luz en el «Boletín Oficial» con las mismas

cautelas con las que yo escribo estas líneas. Pero este tema queda para una próxima ocasión.

Joaquin GARRIGUES WALKER

 

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