Autor: Garrigues Walker, Antonio. 
   "En la hora política crucial…"     
 
 ABC.    26/02/1975.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

"EN LA HORA POLÍTICA CRUCIAL..."

En la hora política crucial presente, las posiciones respecto al Régimen se pueden reducir a estas tres: el

«sí absoluto»; el «sí, pero../»; el «no».

El «sí absoluto» supone no sólo el espíritu del 18 de Julio, sino dar a ese espíritu un carácter intemporal,

conforme a los Principios del Movimiento, que son «por su propia naturaleza permanentes e inalterables».

Supone también la continuidad del Régimen en el post-franqnismo, tal y como el mismo ha sido realizado

al amparo de la personalidad de Franco y de la Ley de Prerrogativas, con un neto predominio del Poder

Ejecutivo. La Monarquía ha de ser rigurosamente continuista. En lo social, puede ser muy avanzado y de

signo anticapitalista. Internacionalmente tiende al antieuropeísmo., ya que el preconizado fracasa de las

democracias acercará Europa al Régimen español y no al contrario. Eclesialmente, reafirma el Concilio

de Trento frente al Vaticano II. y al Papa Pío XII frente a Juan XXIII y. sobre todo, frente a Pablo VI.

Dentro de esa. posición hay dos tendencias, una que trata de reforzar el sistema autoritario hasta

convertirlo en un sistema pseudo-totalitario, y otra que acepta el pluralismo, pero restringido, de hecho, a

las tendencias que protagonizaron el Alzamiento del 18 de Julio y ganaron la guerra. En el post-

franquismo, la victoria en la guerra, seguiría siendo´ la única fuente de legitimidad del Poder.

El «sí, pero...» supone: 1) la institución monárquica en la persona de Don Juan Carlos como Rey de todos

los españoles. 2) la afirmación del Régimen como fundamento vivo de una evolución, y la negación de su

posible suplantación, por vía de hecho, por un sistema constitucional distinto. 3) la puesta en operación

del Régimen como una democracia orgánica, pero como una democracia. 4) su apertura al pluralismo,

con la aceptación de una oposición leal y la exclusión del marxismo. 5) la erradicación de las fuerzas

subversivas y de la violencia, sea cualquiera su signo. 6} su evolución en cuanto Régimen constitucional

abierto, realizando por la vía legal establecida, y no al margen de ella, los cambios estructurales que

aconsejen en ca´da momento su adaptación a la convivencia nacional e internacional, en un proceso

gradual, pero incondicionado. 7) una descentralización que no atente a la unidad de la Patria. 8) un

sindicalismo unitario, pero más representativo. 9) la aceptación del espíritu del Vaticano II. Dentro de

esta posición hay una actitud más radicalizada: a) en cuanto al «tempo», que quiere acelerarlo; b) en

cuanto al cambio de estructuras, una tendencia a la democracia inorganica.; c) en cuanto al aperturismo,

hacerlo mínimamente excluyente; d) en cuanto al sindicalismo, que sea exclusivamente profesional, no

político, pero libre.

El «no» representa una variedad de cosas heterogéneas, ya discrepantes, ya coincidentes entre sí: a) el

revanchismo de los vencidos y de lo vencido en la guerra civil; b) la Monarquía de Don Juan en la versión

de sus partidarios; c) la Monarquía de Don Juan Carlos, pero sujeta a referéndum; d) el republicanismo; e)

la democracia liberal, ios partidos políticos y el sindicalismo libre; f) el totalitarismo de derechas o de

izquierdas; g) la subversión y la violencia como formas del «no» absoluto; h) o simplenvente la vieja

tentación hispánica del borrón y cuenta nueva.

Los matices personales dentro de estas posiciones se soslayan, porque no hay ciencia más que de lo

general. La liberta´d, igualdad, fraternidad, justicia social, orden, progreso, moralidad, etc. constituyen,

con distintas dosificaciones, un denominador común de ese conjunto.

Con estos materiales, sacando de lo viejo y de lo nuevo, hay que construir en el post-franquismo la «vera»

imagen de la España eterna. Lo difícil es decir lo que hay que hacer; lo fácil, lo que no hay que hacer: No

hay que excluir más que lo que se auto-excluye. La Dictadura de Primo de Rivera excluyó a la clase

política de la Restauración, donde muchos conocían » fondo el oficio de la política. La República añadió

a esta exclusión la de los políticos civiles incorporados a la Dictadura, entre los que había gentes muy

capaces; rechazó además, como un cuerpo extraño, la derecha no monárquica, sino accidentalista, que le

aportaba Gil Robles. Finalmente, la guerra civil, sobre tantas vidas perdidas, puso fuera de las fronteras

cientos de miles de españoles.

Luego, no hay que olvidar que España, bajo el mándalo de Franco, ha alcanzado un orden, base de un

progreso y bienestar desconocidos; que la gente, gente, no quiere aventurar a ningún precio lo que tiene

conseguido; que a la gente, gente, que es abrumadoramente gente joven, no se la puede movilizar con un

pasado, sino con un futuro que dé cuerpo a una nueva fe y una nueva esperanza. Y, finalmente, que no

puede haber dos Españas, porque la España dividida es la «no España».

Y todavía,*´después del final, tener presente que ni los problemas son tan grandes, ni sobrepasan la

estatura de los españoles, que, además, por más que hagan, no pueden añadir ni un codo —liada— a

ella.—Antonio GARRIGUES.

 

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