Autor: Garrigues y Díaz Cañabate, Antonio. 
   Francisco Franco Bahamonde     
 
 ABC.    06/04/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

HE aquí el hombre. El hombre del que hay que hablar en este crujiente momento de España, Hora no de

optimismo ni de pesimismo. Canoras decía «qae son los optimistas ya que no los mis malos, ciertamente

los ´más peligrosos de los hombres»; y Chesterton, de los pesimistas, que su pecado «no consiste en que

les enmienden la plana a los dioses y a los hombres, sino en que na aman lo qae pretenden corregir».

No es la hora de pensar «que el futuro es lo que hay de peor en el presente», ni tampoco de que «todo

marcha inmejorablemente en el mejor de los mondos». Es sencillamente la hora de la verdad, una hora

bien española, de peligro y de fiesta, de temor y de esperanza. La verdad no es optimista ni pesimista.

«Andar en verdad» es la humildad de aceptar la realidad tal cual es, en sa desnudez.

Esta es la hora de la mayoría de edad; la hora no del olvido ni la prodigalidad de lo que se ha conseguido

con tanto esfuerzo, sino de la conciencia y la madure» de aceptar una herencia; no a beneficio de

inventario, sino con su activo y su pasivo, al tiempo qne con la libertad y la responsabilidad del heredero;

que no es sedo el beneficiario de unos bienes, sino ei depositario, el eslabón y el propulsor de un proceso

vital que debe ir cin crescendo».

El nivel económico alcanzado bajo Franco, aun con las desigualdades y desequilibrios de todo

crecimiento rápido, es extraordinario. Esta prosperidad está amenazada por la crisis económica mundial

que es difícilmente controlable y por cansas internas que caen bajo la prudencia política de los españoles

—si es que existe—. Es una amenaza realfelma. Si las reservas de divisas disminuyeran a fin de.año por

debajo de 4.000 millones - se llegaría a una situación difícil, sumando al fuerte y crónico déficit de la

balanza comercial el, endeudamiento exterior, situación de la que hay que tener conciencia.

Otro activo de la política de Franco es su combate contra el comunismo y el separatismo: «Pero allí

faunos de claudicación en claudicación (frente al comunismo) y cuando quisimos darnos cuenta

estábamos copados.» «Se reaccionó contra la influencia comunista a destiempo y se reaccionó como

consecuencia no de que nosotros... cambiáramos nuestra concepción respecto a lo qne convenía al partido

socialista y a la guerra...; se reaccioné por coacciones como la de qae quien en los frentes y en las

trincheras rechazaba el carnet comunista tenía los minutos contados.» «SÍ alguien reputa posible...

restaurar las instituciones democráticas en España a- base del predominio comunista está loco.» «Esa

doble exarcebación (el separatismo del País Vasco y de Catalana) me preocupa extraordinariamente

porque puede dañar la anidad española... To no me sumaré por nada a quien quebrante la anidad

española... a nada que contribuya a despedazar España.» (Indalecio´Prieto: «Palabras al viento».)

Pero, de otro lado, Rusia, bajo el comunismo, ha logrado ser la segunda gran superpotencia mundial, y

China, tras erradicar la plaga del hambre, está en vías de fabricar la «grandeur» de su grandeza bajo el

mismo sistema. Es dudoso que el transito de estos países del feudalismo a la sociedad Industrial ,y

tecnológica, se hubiera podido hacer con otro sistema de una disciplina menos férrea y «ortodoxa» que la

del comunismo y de menos capacidad que él para promover igual grado de fe y esperanza en ciertas

«élites» intelectuales y en las masas desheredadas; como será dudoso que cuando esas sociedades

alcancen on nivel más alto de vida, y de libertad, el «alma» de esos sistemas no cambie de dueños

colectivista, a más personalista.

España no tiene que levantar so bandera frente a ese comunismo exterior. Ya dio y perdió su batalla en

Flandes, en Inglaterra y en gran parte de Europa por la ortodoxia católica. También la ha dado y la ha

perdido Norteamérica en Asia por la ortodoxia de la democracia y la libertad. Y si cae todo el Sudeste

asiático, incluida Tailandia, será una derrota de largas, incalculables consecuencias para toda Asia y para

el resto del mundo.

España no sólo debe extender sus relaciones diplomáticas a los países del Este europeo, especialmente a

Rusia, sino mantener con ellos relaciones de amistad y de cooperación. Pero tiene que «preservar» su

alma cristiana frente a todo indoctrinamiento coactivo, sea cualquiera su signo, es decir, preservarla en la

libertad. Por añadidura, los partidos comunistas nacionales, que son el problema, tienen de los grandes

señores del comunismo un apoyo más incierto y versátil de lo que puede parecer, mientras que su

obligada fidelidad a ellos les constriñe a una política ambigua que les hace muy vulnerables al ataque de

las otras fuerzas políticas en su propio ruedo nacional. (Asi el discurso de Poniatowski en la- Cámara

francesa contra él partido comunista galo.)

Franco ha seguido siempre con el mayor interés el desarrollo del comunismo en Busia, en China y en el

Vietnam (le ha Interesado mucho la personalidad de Ho Chi-Minh) y ha admirado la disciplina y el orden

de los países comunistas, así como el espíritu de sacrificio y la capacidad combativa de sus hombres. Pero

su fe inquebrantable no sólo ha sido el anticomn-nlsmo, sino que ha tenido además la intuición de que no

se le «podía combatir dentro de las ¡propias fronteras coa un totalitarismo Igual y contrario. Por eso, al

partido único que nace de la «unificación», y que será llamado más tarde el Movimiento Nacional, no le

dio nanea el control del

Estado cerno acaece típicamente en los regímenes comunistas, sino que le tuvo siempre al servicio del

mismo, instromentalmente. Ser Instrumento del Estado, se entiende; ser partido único, también, pero si no

es ni lo uno ni lo otro hay qne explicarlo, porque lo que no puede haber después de las asociaciones es

una pieza tan Impértante del sistema que no se sepa claramente lo que es.

La corriente de los tiempos no puede llevar más que hacia la democracia y la libertad. Pero sabiendo,

primero, que tiene que nacer, que generarse de lo qne hay establecido, qne ha, sido sancionado por un

plebiscito popular, que será impugnable como podía serlo el nuevo, porque en política todo .es

impugnable, porque todo es manejable y manejado; y, segundo, que si na nace de lo que hay y por sus

canees, sino al margen y no digamos contra lo vigente, la Institución monárquica quedaría en ana

situación límite porque el Príncipe Don Juan Carlos ha Jurado el sistema constitucional en vigor y porque

las Fuerzas Armadas y las del Orden Público tienen, además de sus misiones específicas y tradicionales,

la especial de la defensa del orden constitucional vigente. La política tiene que aspirar a cambiar la

realidad, pero no puede desconocerla.

Sabiendo además qne si el nuevo orden a que España aspira, y sobre todo su juventud, que no tiene

pasado ni casi presente, sino sólo futuro, naciera no sólo de espaldas a lo estatuido, sino también

ignorando e infravalorando, con una mentalidad decimonónica, la intensidad de las tensiones propias del

progreso, de la inflación, de las Injusticias sociales, de la violencia de la subversión, así como el precario

sentido politico d los españoles, sería fiar d« un día. La democracia y la libertad tienen que sn verdaderas,

no ficticias, pero con «na veracidad viva, actual, no anacrónica ni utópica, .porque oacerían muertas.

Finalmente, sobre el hombre,´el ser humano Francisco Franco Bahamonde, El presidente Carlos Arias, en

su ultima rueda de Prensa, ha aludido a la Incecita qne, en la noche, brillaba en el Palacio de El • Fardo, y

al gesto o la palabra que, como un golpe de timón, seguía orientando, en los momentos difíciles, la nave

del Estado. Lo primero significa un trabajo incesante, lo segundo el peso de la más grave responsabilidad.

Una y otra cosa las sigue sobrellevando Francisco Franco por el empeño tan generoso como Imposible de

tratar de descargar al Principe Don Juan Carlos, cuando acceda al Poder, de los problemas más difíciles y

amenazadores que gravitan sobre la España de hoy. Empeño imposible porque los problemas, además de

que su generación es ininterrumpida, se conllevan y pasan, raramente se resuelven, y cuando ocurre dejan

como las guerras victoriosas la simiente de nuevos conflictos.

Pero la cuestión, la gran cuestión, es si España y el Régimen vigente tienen derecho, desde la más limpia

y clara lealtad, a seguir haciendo gravitar indefinidamente sobre los hombros, ya tan largamente

sobrecargados, de Francisco Franco, ese trabajo y esa responsabilidad que ponen en riesgo, estérilmente,

una vida que debe sobrevivir a la implantación incondicionada de la Monarquía.

Antonio GARRlGUES

 

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