Autor: Ollero, Carlos. 
   Desarrollo económico y régimen político     
 
   23/06/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Desarrollo Economico y Regimen politico. Por CARLOS OLLERO

1

"Desacralización" de la idea de desarrollo.

Desde hace algún tiempo vengo preconizando la conveniencia de contribuir a lo que pudiéramos llamar

"desmitificación", o mejor aún, "desacralización" de la idea de desarrollo. El desarrollo, ese "gran

ascenso" de la Humanidad como le llamó Heilbroner, necesita probleematizarse para ser incorporado a la

serie de grandes empresas históricas. Es el mejor servicio que puede hacerse a los pueblos que se

encuentran embarcadas en la inmensa tarea, e incluso a loa hombres o sucesivos equipos de hombres que

han asumido o asoman en el futuro su su ejecución. Desacralizar el desarrollo quiere decir prever las

múltiples posibilidades existentes que para el "gran ascenso" pueda ser ma. logrado por un erróneo

planteamiento del mismo, y, lo que es peor, pueda convertirse en pistón de graves y peligrosos procesos

de toda índole que será preciso controlar. La movilización sicológica que la empresa requiere .puede

provocar el deslizamiento de la expectativa hacia cálculos y esperanzas excesivas basadas en una. errónea

creencia del desarrollo como talismán.

Por lo pronto se hac« preciso destingnir las diversas realidades que suelen comprenderse en ana gruesa

utilización de la expresión. La nmtizaclón más fita está ya hecha por B. Arón: "crecimiento" , "desarrollo"

y "progreso". Un crecimiento puramente cuantitaro puede causar efectos económicos también

cuantitativas; pero no tendrán ni el ritmo, ni el sentido de proporción, gue el alcance distribuidor

necesarios, sin una Mea medida planificación que efectúe las convenientes reformas estructurales; es

decir, no producirá un verdadero desarrollo, que, conducido racionalmente, logre los fines políticos

sociales de toda economía. Ello implica el que no haya- verdadero desarrollo sin planificación.

La existencia del simple crecimiento anterior a la planificación, ciertamente facilita hi acción de ésta; por

ello, en aquellos poises que parten de cero, los problemas de planificación en cnanto racionalización, son

mayores. Pero, a su vez, la preexistencia del crecimiento a la planificación del desarrollo exige una previa

corrección de] crecimiento mismo para evitar que los desajustes y deformaciones de un crecimiento

natural y preplanificajoo constituyan la base de la racionalización planificadora, y los resultados de un

crecimiento cuantitativo se perennicen o incluso se Idealicen como deseables.

Este es el riesgo y ventura del desarrollo planificado en los países que han experimentado previamente un

crecimiento. No les es preciso el esfuerzo ingente y casi taumatúrgico que han ,de realizar los países que

se vencen la necesidad de emprenderla! mismo tiempo la planificación y el crecimiento; pero, a esa

aventura corresponde el riesgo de iniciar un desarrollo moldeado en la situación de crecimiento, dando

lugar a posible^ cristalizaciones desequilibradas económicamente, socialmente deformes y, a la larga,

políticamente inquietantes.

Hay que ponderar positivamente en su justo valor los resultados cuantitativos de un crecimiento, pero

también es obligada la prudencia para no hacer nn recuento, efectista y superficial de esos resultados,

pues a veces se deben a fenómenos eventuales no siempre fácilmente controlables. En todo caso, el costo

social y político del crecimiento ha de guardar proporción con su importancia, solidez y fecundidad. La

operación del "gran ascenso" no ha de verse dificultada por angustiosos emplazamientos, y menos aún

acuciada con proselitisnto de emergencia. Por ello la empresa del desarrollo es particularmente apropiada

a sistemas que tengan despejado instltucionalmente el camino hacia el futuro.

2

Condicionamientos y consecuencias estructurales del desarrollo.

Para que una política- del desarrollo cumpla efectiva y felizmente su destino como primer capitulo de una

verdadera historia universal, ha de cobrar conciencia de ciertos condicionamientos de los cuales puede ese

destino, pues, como cada, vez se pone más en evidencia por autorizados especialistas, el éxito del

desarrollo no está incondiclonalmente asegurado.

El primero y tal vez más importante condicionamiento del desarrollo es que una vez iniciado pone en

movimiento tantos factores) que ha de mantener el ritmo no sólo Ininterrumpido, sino acelerado, de

realización. La disminución del ritmo, y aún más, claro esta, sn paralización, por breve que sea, pueden

producir un trastorno en la economía, en la estructura social y en las organizaciones políticas, cuyo

sentido será siempre peligroso y cuya dimensión dependerá del grado en que la disminución acaezca o la

interrupción se produzca.

A ese condicionamiento acompañan otros que reiteran perspicaces economistas y sociólogos políticos); el

ritmo ha de ser sincronizado, esto es, que no puede haber decalag«, por ejemplo, entre el desarollo

industrial y el agrícola, pues el crecimiento de la producción industrial desproporcionado con la

productividad agrícola es, en principio, incompatible con el éxito del "gran ascenso"; además, el ritmo ha

de ser análogo no sólo en la producción de todo orden, sino en su dimensión espacial, y que difícilmente

pueden coexistir en un mismo país sensibles diferencias de desarrollo entre regiones o amplias

demarcaciones geográficas, sin que el desarrollo general se dificulte y se haga punto menos que imposible

conectar situaciones sociales y políticas diferentes, e incluso antagónicas, bajó nn mismo control político

social.

Distintas en cuanto a su naturaleza pero de tanta importancia como los anteriores condicionamientos >Sel

desarrollo, son ciertas consecuencias estructurales del mismo cuya presencia hay que prever y cuya

acción es preciso enderezar. Unas son de índole sico- sociológica (el hecho, verificarle, de que el

desarrollo produce una satisfacción relativa, ya que se moviliza progresivamente las apetencias colectivas

e individuales que suelen anticiparse a los logros concretos] ú otras, de carácter necrosoclológico (la

movilidad social que el desarollo produce e incluso, a veces, estimula, puede ir creando por su rapidez

estratificaciones d e desplazados, gentes "disponibles", aspirantes impacientes de poder, de prestigio y de

"status", como nos demuestra LJpset}; otras, de carácter internacional (la urgencia de la participación

activa en las asociaciones económicas de ese carácter que en realidad determina la situación de mochas

fuerzas productivas).

Peto de las consecuencias del desarrollo, las más genéricas y universales son las de naturaleza política.

Con planteamiento que llamaríamos enunciativo, podríamos, con palabras de Fueyo, esbozarlas así: "Hay

que elevar a categoría técnica la Imagen global de desarrollo para in. seriarla en la filosofía política de nn

constitucionalismo en apertura hacia nn mundo históricamente determinado por la movilidad constante de

sus estructuras básicas, y, por lo mismo, inscrito en una problemática continua y renovada de sus formas

de orden político."

Que el desarrollo económico comporta Implícito nn desarrollo político, y que una planificación de aquél

ha de estar instrumentada con una planificación política es incuestionable. Como parece serlo también el

que puede haber opción—salvo en casos límite de condicionamiento político-social y determinantes

económicos—entre dtverses patrones de desarrollo planificado. Pero una vez iniciado el despegue y

comenzada la planificación con arreglo a uno de ellos, la decisión es prácticamente irreversible. Esa

elección arrastra a nivel político otras inevitables: si hay algo económica, sociológica y políticamente

imposible, es el intercambio y coexistencia de planes políticos y económicos contradicto. ríos. La

asociación entre planificación económica social y planificación política es, por naturaleza, interorgánica.

El desarrollo tiene también su propia ideología según e] patrón de desarrollo escogido.

3

Países de "clase media": conflicto, integración y sistema político.

Las incidencias del desarrollo en la vida social y política adquieren una inflexión particular si tenemos en

cuenta «rué la díctomía de países superdesarrollados, e infradesarrollados es demasiad o esquemática y

que cualquiera que sea el índice más seguro para calibrar la evolución —en lo que existen no pocas

vacilaciones de los expertos—los grados de la misma ofrecen una variadísima gama.

Tanto en la descripción de los fenómenos económicos como para la explicación de los sociales y

políticos, la tarea no es difícil contemplando tan sólo los extremos polares más o menos prototíplcos. Pero

se complica cuando se trata de países a los que no puede aplicarse sin grave contorsión dialéctica y

repudiable licencia técnica ninguna de las dos categorías extremas; son los países considerados por

Myrdal,, con ana trasposición expresiva, países d« "clase media". Sobre todo cuando se trata de países

que aún pertenecientes a ella desde el punto de vista económico tienen una larga experiencia histórica

nacional. Esa experiencia comporta factores que en principio tienen un signo negativo para el desarrollo

económico y político. , Un lúcido examen de estos factores permiten descubrir que pese a su inicial carga

negativa, muchos de ellos contienen gérmenes de positividad; es decir, que son susceptibles de cambiar

de signo, de transformarse de factores de conflicto en instrumentos de integración, o como diría Gurvitch,

de elementos de sociabilidad estática y pasiva, en motores de sociabilidad activa y solidaria. El que así

ocurra dependerá en definitiva de que el sistema político, por su continuidad, fácil identidad histórica,

capacidad de convocatoria y abierta, resolución, tenga energía y vitalidad para ello; sistema que por sn

historia y significación actual pueda "nacionalizarse" en el sentido que fue empleado hace lustros por ana

figura señera de la cultura española contemporánea.

 

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