Autor: Ollero, Carlos. 
   Reforma constitucional y constitución "abierta"     
 
 Madrid.    07/07/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

REFORMA CONSTITUCIONAL Y CONSTITUCIÓN "ABIERTA"

1. Rigidez, flexibilidad y "apertura"

Uno de los problemas básicos de fodo ordenamiento jurídico-polífico es el de hacer compatible la

deseable fijeza y perdurabilidad de la Constitución, con la obligada adaptación de su contenido a las

circunstancias históricas por esencia cambiantes: tal es el tema de la "reforma constitucional".

Sabido es que desde que lord Bryce fleto Ja terminología, las Constituciones se clasifican en "rígidas" y

"flexibles", según la mayor o menor dificultad que ofrezcan para su reforma. Una Constitución es tanto

más flexible cuanto el procedimiento de revisión difiera menos del legislativo ordinario, y tanto más

rígida cuanto más tramitaciones complejas y excepcionales requiera.

Parece claro que la fórmula preferible es la de que el procedimiento de reforma constitucional guarde un

equilibrio entra la flexibilidad absoluta y la rigidE; extrema. Una excesiva flexibilidad puede estimular

fáciles movimientos revisionistas, crear permanentes expectativas, a veces tensas, y someter el orden

constitucional a continuas e inconvenientes mudanzas. Una rigidez extrema puede provocar inquietantes

crisis sociales y políticas, pues al quedar superada una Constitución, o parte de ella, ante nuevas

coyunturas, la existencia de dificultades poco menos que insuperables para la reforma legal, anunciará el

advenimiento de incontrolables proc3Sos constituyentes.

Fuentes muy autorizadas y conspicuos apologistas de la llamada Constitución española (y digo llamada,

porque la expresión, que yo sepa, no es oficial) la han caracterizado y la con-tínüaa caracterizando en

forma reiterada e insistente, como Constitución "abierta". Para la derogación o modificación de las Leyes

Fundamentales se precisa además del acuerdo de las Cortes el referéndum tie la Nación, lo que nace que

no se la pneda considerar "flexible", sino "rígida" según la clasificación universalmente admitida. ¿Quiere

dio decir que por no ser "flexible" no quepa considerarla "abierta"? Entiendo que no, puesto que la

flexibilidad y la apertura pueden no ser conceptos Incompatibles, siempre que se logre interpretar el

calificativo de "abierta" de manera que se justifique su uso, y se concrete su alcance y sentido. A ello van

encaminadas estas lineas escritas con el propósito de hermanar la deseable corrección hermenéutica con

la objetividad argurnental exigible.

2. Constitución "abiería": iníerpreíaciones

Creo que es preciso distinguir dos etapas divididas por la promulgación de la Lsy Orgánica del Estado.

Antes de promulgarse esta Ley, existían considerables lagunas e incluso desajustes en r _:estro

ordenamiento constitucional. En tal situación el t´-mino "abierta" podía hacer referencia a- la siempre

latente posibilidad de completar la Constitución y homogeneizar técnica y políticamente su contenido. La

Constitución española era "abierta", sencillamente porque no estaba cerrada en el sentido de conclusa,

ultimada, completa.

Pero después de promulgada la Ley Orgánica estimó que para una adecuada interpretación del término

"abierta" bay que emprender otro camino, pues com:i fca sido puesto tie manifiesto, entre otros por un

querido y prestigioso colcha en un. eajundio-so libro, "la Constitución española ya está hoy completa,

aunque con cierto desorden, consecuencia del prolongado procesa de elaboración".

El que pese a estar completa U Constitución española, se la continúe denominando "abierta", no puede

significar que por establecerse tm procedimiento de reforma, el texto fundamental queda abierto a futuras

modificaciones, y no creo aceptable esa interpretación porque en este caso todas las Constituciones—

incluso las más rígidas— serían abi:rtas y la aplicación del término a la española le vaciaría de

singularidad.

Cabe también la interpretación de que la apertura se refiere a que en la Constitución se establecen unas

bases normativas de la comunidad política que permite adaptaciones diversas en el desarrollo de la

legislación complementaria. A Juzgar por las polémicas políticas sobre asuntos constitucionales

importantes surgidas con motivo de esa legislación—y por ciertas inflexiones de la legislación mis-ma—.

tal interpretación podría ser congruente. Pero prefiero ensayar otra que evite el peligro de problematizar

un valor que debe ser esencial a todo texto constitucional´ el de no poder eer distorsionado por ría de

complementaried ad, ya. «pie ésta implica respeto—sin cambios ni tergiversacl-anes—al espíritu y la letra

de las normas fundamentales. Por lo demás, esa vía de complementariedad puede parecer de mes obligado

alcance Innovador en constituciones "breves y confusas", como las que deseaba, con astucia y sagacidad

evidentes, una gran, figura del pensamiento y la política europea. No es éste el caso de la Constitución

española, que un día puede figurar tal vez entre las más «stensas y pormenorizadas del mundo.

3. Una interpretación razonable

¿Cuál es en definitiva la Interpretación adecuada del término "abierta" con el que se quiere singularizar la

llamada Constitución de España? A mi entender—y ciñéndome al texto fundamental para buscar en el

sustantivo lo que pueda y Justificar el calificativo—la proclamada apertura radica en algo muy

importante: el amplio repertorio de posibilidades que ofrece para la institucionaliza c ion ds la más alta

Magistratura del País.

Examinaré sobre el propio articulado cuáles son las posibilidades institucionales de la Jefatura del Estado.

Por lo pronto, hay una que podríamos llamar previa: la Constitución española dibuja—al menos en

principio—dos tipos de Jefatura del Estado: una la encarnada en la actualidad por el titular de la misma;

otra, la que en el futuro ostente su sucesor. No creo que esto ofrezca serias dudas ni en el aspecto juridico-

constítucional ni en el politico-existencial. Ahí están, hoy por hoy, las disposiciones transitorias de la Ley

Orgánica con claridad y contundencia irrebatibles. Es más, como la posición, las funciones y los poderes

del actual Jefe del Estado y del que haya de sucederle, tienen una dinámica constitucional que incide en

importantes extremos del mecanismo constitucional en su conjunto, cabría incluso considerar que la

proclamada apertura puede referirse a un distinto alcance de la Constitución según quien sea el titular as

la. suprema Magistratura del país.

En la regulación constitucional sucesoria se parte, como sabemos todos, de dos hipótesis principales: la de

designación de sucesor por el actual Jefe del Estado, y la de designación por los órganos colegiados

previstos. La primera hipótesis abre posibilidades diversas: designación de Bey; designación de Regente;

sustitución del propuesto con uno u otro titulo, a,ro.qne ya, hubiera sido aceptado por las Cortes. Estas

posibilidades están a su vez matizadas por márgenes ds interpretación en cuestiones no precisadas. Asi,

por ejemplo, no está previsto el caso—formalmente posible—de que las Cortes no aceptaran la persona o

título del propuesto; la expresión Me estirpe regia" no se menciona en la hipótesis a que nos estamos

refiriendo, sino en la segunda; cabe plantear la duda de si la propuesta puede ser testamentaria o es

preciso que no lo sea.

Las posibilidades abiertas en la segunda hipótesis son éstas: propuesta de Bey; segunda propuesta de Rey;

propuesta de Regente; segunda propuesta de Regente; sucesivas propuestas de Regentes con variación, en

el "quorum" necesario para su nombramiento, A su vez, en el caso de Regente—y siempre a tenor de la

Ley de Sucesión— hay qae tener en cuenta dos observaciones. Una es que el Regente puede ser

nombrado: con plazo y condición; sin condición, pero con plazo; sin plazo, pero con condición; sin

condición ni plazo. La otra es que—al reformarse la anterior Ley de Sucesión—puede advenir una

indefinida sucesión de Regentes cada uno de los cuales son de aplicar las modalidades mencionadas en la

observación anterior:

4 Apertura formal y apertura real: resumen

El repertorio de posibilidades que abre la Constitución española no es un puro juego verbal, sino rué

presenta, o pue6 de representar, un amplio haz de significaciones políticas distintas, o al menos bastante

diferenciadas, no sólo desde un punto de vista teórico o doctrinal, sino—y sobre todo—en el plano real e

histórico concreto.

A algo de esto ha aludido sagazmente no hace mucho un importante órgano de información que no ofrece

sospecha alguna de tibieza en su identificación con él slstKoa. En ]a generosa apertura que sobre la

institucionalización de la prevista Jefatura del Estada consagra la Constitución española se incluysn—

latente y analógicamente— diversas configuraciones políticas: Monarquía en sentido estricto; Regencia

circunstancial a la expectativa de un Monarca —Reino en sentido específico—; Regencias sucesivas con

diferentes combinaciones de plazo y condición, lo que en la práctica asemejaría mucho la situación a la de

un régimen presidencialista; Regencia tíe continuidad indefinida e incondicionada, que vendría a

cristalizar un autoritarismo atemperado por el mecanismo constitucional.

En resumen, el que la llamada Constitución española sea técnicamente "rígida" no rechaza la exactitud y

corrección con que ha sido y sigue siendo calificada de "abierta" por las más autoriza das fuentes

interpretativas y más competentes comentaristas. Las líneas anteriores pueden representar una

interpretación del término "abierta" a la exclusiva luz de sus preceptos fundamentales. Acertada o no la

interpretación, queda ofrecida como argumento para la legitimación del calificativo. No es otra la

intención de estas lineas.

Por

Carlos Ollero

 

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