Autor: Ollero, Carlos. 
   Radicalismo y realismo políticos     
 
 Madrid.    28/07/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

Por Carlos Ollero

1. Contenidos políticos y estructuras mentales

Los términos "radicalismo" y "realismo" suelen contraponerse como expresión de actitudes políticas

antagónicas vinculadas respectivamente al progresismo y al conservadurismo o, si se quiere, a la

izquierda y a la derecha. Es siempre de excepcional interés la aguda descripción que de ambas actitudes

hizo Maneimh hace años en un libro realmente importante, ti conservadurismo pretende sustituir factores

individuales y concretos de la realidad por otros factores igualmente concretos e individuales; el

progresismo combate lo concreto, no para sustituirlo por otra forma de lo concreto, sino porque quiere

producir un nuevo punto de partida sistemático. Es decir, que el conservadurismo se enfrenta con aspectos

particulares de la realidad, mientras el progresismo tiende a enfrentarse con el sistema en su conjunto.

Ello supone una distinta manera de experimentar el tiempo, ya que el conservadurismo piensa en relación

con "gérmenes" y ve el presente como último momento del pasado, mientras que el progresismo piensa en

relación con "normas" y ve el presente como comienzo del futuro.

Lo dicho supone que en la distinción entre radicalismo y realismo juegan dos clases de ingredientes: unos

de carácter específicamente politico que hacen referencia a los contenidos programáticos o idológicos;

otros de naturaleza más compleja que guardan relación con diferentes estructuras mentales. Los primeros

plantean la cuestión en la Ciencia Política propiamente dicha: los segundos la sitúan en la teoría—o

sociología—del conocimiento.

Desde la perspectiva específicamente política, programática o ideológica, la asociación del radicalismo

con el progresismo, y del realismo con el conservadurismo, equivale a una disyuntiva O enfrentamiento

de contenidos: el radical o progresista piensa, proyecta y aspira a la realización de un contenido político

opuesto al contenido político que piensa, proyecta y aspira a realizar el realista o conservador. Esa

diferencia tie contenido es lo que permite considerar al radical como izquierda y al realista como derecha.

Desde la perspectiva de una teoría—o sociología—del conocimiento, la cuestión se matiza de forma

distinta, pues entonces la base diferenóiadora está, como dije, en la oposición de dos tipos de estructura

mental que corresponden a distintas actitudes antropológicas y psicológicas. Desde esta perspectiva el

término radicalismo—>que no empezó a cargarse de contenido político especifico hasta el primer Reform

Bill del Parlamento inglés—viene a significar esto,: nnilateralidad en la percepción de los problemas,

abstracción en la interpretación de los hechos, apresuramientos en la deducción de consecuencias y

artificialidad en la propuesta de soluciones.

2. Radicalismo conservador y realismo progresista

Interpretado el radicalismo más como actitud mental que como contenido político, parece claro que las

ecuaciones "radical-progresista" y "realista - conservador", se entrecruzan y descomponen. Puede existir,

y de hecho existe, tanto un radicalismo conservador o de derechas como un realismo progresista o de

izquierda. En alguna ocasión planteé la pregunta de si no se habrá operado durante los últimos lustros una

sorprendente inversión de las características clásicas, en la que el progresismo—izquierda—se nos

aparece con actitud más realista, evolutiva y reformista, mientras que el conservadurismo—derecha—

tiende hacia la generalización, la abstracción y la utopía. La causa posible de esa posible inversión tal vez

anide en el optimismo producido por la situación de prosperidad material advenida en Occidente tras la

última conflagración universal que coincidió en muchos casos con la gestión de equipos gobernantes

conservadores.

E~e optimismo puede haber prove .ado «i na interpret ación simplista e hiperbólica de las verdaderas

causas del fenómeno de la prosperidad, y con ello la •tendencia a unlversalizar datos reducidos y

concretos, a elaborar dudosas conclusiones y a anticipar alucinantes paraísos: ¿cuáles serían log

ingredientes de esa propensión conservadora a lo que podríamos llamar "political-socicologica fiction"?;

o como algún día expresé: ¿cuáles serían los barbitúricos ensoñadores del nuevo conservadurismo? A mi

entender pueden reseñarse así: en el horizonte social, la desaparición de las clases; en el horizonte

institucional, la tecnocracia; en el horizonte político, la desaparición de las ideologías; en el horizonte

económico, el advenimiento inexorable de la "opulencia"; en el horizonte constitucional, la necesidad de

una personalización autoritaria del poder.

3. Teoría, politica, ideales políticos y realidad política

Cuando el hombre se enfrenta con la realidad, puede hacerlo cc-i dos propósitos distintos: uno, el de

pretender explicársela mediante un análisis intencionalmente objetivo para tratar de definirla; otro, el de

configurar un juicio sobre la conveniencia de mantenerla como es, o de transformarla. Cuando el hombre

trata de explicar, conocer y definir una realidad política, hace una "teoría" de la misma: cuando se

propone mantenerla o transformarla elabora una "idea", e» decir, formula un proyecto.

La teoría política—en correspondencia al origen etimológico del .sustantivo—nos proporción» una visión

o interpretación de la realidad, mientras que la "idea"´política vale tanto como "ideal" arrojado sobre la

realidad con vistas a su mantenimiento o alteración. La teoría trata de explicar la realidad; la idea se

propone conducirla.

Pero tanto la Idea como la Teoría políticas—una orientada bacía el proyecto, otra hacia la

interpretación—quedan internamente trabada* a la realidad, pues no se pueda influir sobre ella sin

conocerla, ni al describirla puede darse la asepsia absoluta de valoración. Uno de los mas lúcidos

descubrimientos de la sociología política es el de que no hay auténtico pensamiento político sin una

verdadera actitud política,, lo que nos puede llevar a la afirmación de que no hay pensamiento político

pura y genulnamente teórico, ya que en definitiva todo pensamiento político se endereza, a la acción. No

es absurdo afirmar que "el pensamiento politico surge cuando él mismo es acción". A BU vez, sin un

conocimiento de la realidad sobre la que ae pretende influir con nn "proyecto", éste resultará tan

impracticable que será simplemente utópico. De ahí la importancia de un concepto como el de

"posibilidad" que tanto puede influir en la genuina calificación política de las idea» como proyectos.

Basándose en esas consideraciones, escribía yo hace ya muchos años: "Estrictamente hablando, la

atribución del carácter político a una idea, no ´depende sólo del campo sobre el que pretende operar—la

realidad ´política—, sino del grado de posibilidades de realización que entrañe. Este camino nos

conduciría a examinar si a ciertas posturas ideológicas radicales, si a ciertos radicalismos—de distinto

signo — cuadra realmente la calificación de ideas políticas. La actividad humana que se especifica como

"política" se propone "realizar" nn orden de convivencía. Si hay "proyectos" irrealizables, ¿se le» puede

considerar, con rigor, políticos?".

4. El nuevo Jano realista y radical

Pero una cosa es la relación dialéctica entre el ideal y la •realidad, entre la interpretación

y el proyecto y, en resumen entre radicalismo y realism o, y otra muy distinta la yuxtaposición mezcla, y

manipulación simultánea de las actitudes contratistas. Desentenderse de la realidad para construir un

esquema o programación de soluciones ideales que pueden ser lógicas, e incluso ejemplares en sí mismas,

formuladas atendiendo más a su valoración intrínseca que a los datos empíricos que las hagan posibles, es

radicalismo. Pero también es radicalismo confundir la exterioridad superficial de la realidad y preconizar

un proceso ligado más a lo que aparece como realidad que a lo que auténtica y profundamente es.

Hay quienes se dicen realistas en determinadas dimensiones, y actúan como radicales en otras: realistas

para propugnar la aceptación de la realidad que les es más próxima y les resulta más grata—como es, o

como la suponen—, y para rechazar toda dinámica socio-política que no sea la que vaya ofreciendo esa

llamada realidad a causa de procesos que ellos mismos no están dispuestos a acelerar; radicales, para

construir una versión simplista y esquemática de .realidades distintas y denunciar a sus defensores como

partidarios de la simple negatividad destructora.

Son los que se consideran únicos autorizados definidores de la realidad más inmediata y se proclaman los

administradores exclusivos de su evolución. Ante la alusión a realidades políticas ajenas, decretan su

crisis irremediable y fatal describiéndolas según sus gustos o preferencias. Si se les admite que las

circunstancias y singularidades de cada país dan lugar a adaptaciones diversas de nn mismo sistema

político-social—hoy unlversalizado—, construyen ellos mismos la adaptación, tergiversándolo con

apodos y salvedades que escamotean su virtualidad y sustancia. Algunos, tras la operación

prestidigitadora se proclaman ejemplos de demócratas y socialistas con un desenfado o ingenuidad

enternece dor es. Y no pocos —bien instalados social, económica y políticamente—repudian la

Monarquía, porque traería consigo la instauración de una oligarquía exclusivista favorecedora de los

poderes económicos y monopolios capitalistas, de la enseñanza privada clasista y de los grupos de interés

o presión; régimen por esencia contrario a la reforma de las estructuras, a los valores intelectuales, a la

participación verdadera y activa del pueblo y a no sé cuántas cosas más. Posiblemente estos hechos se

produzcan -en las Monarquías europeas, y de ocurrir en nuestro país representarían una grave conmoción.

Inventan realidades propias o ajenas, arbitran soluciones óptimas y sitúan a los demás al borde del

Sanatorio psiquiátrico, o del Código penal. Si se les intenta mostrar que la democracia y el socialismo

poseen y utilizan sus precios correctivos de transformación y "agiornamento", prefieren vincular la

primera a una metafora de Rousseau y encerrar al segundo en media frase de Marx. Montan "maniqueos"

para hacerles entrar en su ángulo de tiro y disparar a gusto sobre blancos supuestos y no sobre blancos

reales. En una palabra, ejemplifican a la perfección los rasgos con que líneas más arriba describíamos el

radicalismo.

Admito que por parte de no pocos hay buena fe y verdadero entusiasmo; no trato de formular un dicterio,

sino de convocar a la reflexión; ni pretendo cristalizar un encasillamiento incomunicable, sino un abierto

y auténtico diálogo nacional, o si se prefiere un sincero "contraste de pareceres" que no tenga la acritud de

una estéril lucha de opiniones irreconciliables, pero que tampoco sea un "minnetto" de discrepancias

retóricas.

5. Un "maleíilla" realista

Entre unos bromistas de dudoso gusto surgió en cierta capital andaluza la idea de empujar a un jovenzuelo

aficionado a los toros para que hiciera apresurada y temerariamente su debut; con objeto de animarle le

obsequiaron con una especie de manual de oficio titulado "El libro del torero". Pasadas unas semanas, y

como vieran que el chico no acudía a la cita concertada, le buscaron en su domicilio y le anunciaron que

si se había aprendido el libro, organizarían rápidamente su presentación ante los públicos. Sintiéndose

amenazado con semejante compromiso, el rapaz solicitó una demora indefinida, y exigió de los bromistas

que antes le ofrecieran para su estudio, "el libro del toro". He aquí, se me ocurre pensar, una reacción,

intuitiva e ingenua, pero aleccionadora y prudente, de auténtico "realismo".

 

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