Autor: Ollero, Carlos. 
   Las fases de un desarrollo político     
 
 Madrid.    27/10/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

LAS FASES DE UN DESARROLLO POLITICO

Por CARLOS OLLERO

1. UN PROCESO HIPOTÉTICO, PERO POSIBLE

En toda sociedad política, por equilibrada, estable y sólida que sea, existe una dinámica saludable

producida por el Juego permanente de factores de conflicto y factores de integración, ordenado mediante

un constante proceso de asimilación y reajuste. Pero la dinámica de esas sociedades política equilibradas,

estables y sólidas —en Europa occidental casi todas lo son—, no afecta a la estructura general y básica de

sus sistemas políticos, sociales y económicos, que en virtud de múltiples circunstancias están firmemente

arraigados en la vida pública. Se trata de los países que hoy solemos llamar, salvando lógicos matices y

gradaciones, plenamente desarrollados y democráticos.

Cuando se habla de países que están en vías de desarrollo, se hace referencia a aquellos otros cuya

dinámica, por el contrario, afecta, o tiene que afectar, a esa estructura general y básica de sus sistemas

económicos, sociales y políticos. Precisamente de que tal cosa ocurra dependerá que su "vida" sea la

adecuada y su "dinámica" la conveniente. La simple existencia de un crecimiento económico cuantitativo,

de cambios semánticos en el orden político-constitucional, y de transformaciones sociales sorpresivas y

espontáneas, no implica que un pats se esté efectivamente desarrollando; significa tan sólo que ese país

está en movimiento, o, más sencillamente, que está "movido". Pero el simple movimiento, de por sí no es

siempre proceso de desarrollo: ésta implica un adiestramiento y preparación permanente y planificada

para la consecución de una sociedad equilibrada estable y sólida. TJria cosa es hacer gimnasia educativa y

otra padecer el "mal de San Vito".

Estas lineas no pretenden abordar el problema enunciado, sino tan sólo—y quede claro que a nivel teórico

y sin referencias concretas—ensayar una descripción elemental y sumaria de ciertos procesos generales

de desarrollo. Me refiero a la evolución desde tipos de organizaciones políticas iniciales basadas en la

máxima personalización del Poder, hacia sistemas de plenitud democrática. En esta evolución cabe

distinguir tres fases, difíciles de individualizar, pues BU descripción yuxtapuesta, ilustra, pero no capta, el

proceso mismo. Cabría decir que un proceso político social no es fotogénico, sino cinematograñable sin

perjuicio de que algunos se produzcan con la rapidez de un documental, y otros con la lentitud—a veces

fatigosa—de un superlargometraje.

De esas tres fases, la primera y la tercera son más claras y esquemáticas por constituir los puntos de

partida y de llegada; no ocurre así con la segunda, ambigua, imprecisa y llena de tensión interna a causa

de ]a atracción contradictoria que en ella ejercen la fase inicial de la que parte y la fase final a que se

encamina.

2. MAN DO, SEQUITO Y "PUEBLO - OBJETO"

Caracterizada a la primera, fase la existencia de un único centro de poder personalizado—mejor aún

subjetivado—, advenido por diferentes motivaciones y equipado con legitimidades de diversa índole,

según los casos. El centro tíel Poder es servido por un grupo de colaboradores en el que may

posiblemente desde su inicio existen matizaciones ideológicas y de intereses que no afectan a su cerrada

homogeneidad en tanto que "séquito" del centro subjetivo del Poder. La asistencia o adhesión popular al

centro de Poder y su "séquito" podrá ser mayor o menor y por lo general tiene un fundamento

"carismático". En realidad sólo existen en un primer momento dos niveles: el centro de Poder con su

séquito como sujeto protagonizador, y el pueblo como objeto protagonizado.

La inevitable necesidad de actuar sobre el segundo se cubre con una organización nacional fuertemente

jerarquizada—Partido Único—que irradia la acción del centro de Poder, a través del "séquito", hacia toda

la base espacial y humana comunitaria. Al montarse esa Organización, una parte del "pueblo-objeto" es

incorporada a la misma y ocupa los diferentes mandos y servicios funcionales y secundarios, desde el

plano nacional al local, sin participación de la base. Con ella son ya tres los niveles perceptibles: el

mando subjetivado, el séquito y los cuadros servidores de la Organización. £1 resto permanece como

"pueblo-objeto" y transita como puede en las zonas no afectadas por las proyecciones radiales del

mecanismo organizador.

3. UNA META OCCIDENTAL DE DESARROLLO POLÍTICO

La tercera fase culminadora del proceso no ofrece tampoco especiales dificultades de descripción: el

centro de Poder y título de legitimidad reside en el pueblo. El pluralismo político y social se canaliza

hacia arriba a través de diversas organizaciones, de libre creación y funcionamiento: unas son de Intereses

socioeconómicos (Sindicatos, Trust, Cámaras Profesionales, grupos de intereses...); otras reflejan

creencias religiosas, tendencias culturales o simples preferencias de recreo y esparcimiento (desde una

Iglesia a una asociación d« filatélicos); otras, en fin, agrupan a cuantos coinciden en un proyecto fie

organización global de la convivencia colectiva (los partidos políticos).

En cada una de ellas, y por diferentes procedimientos internos, se cristalizan minorías rectoras que

configuran la clase políticamente representativa y dirigente del país. Es representativa porque proviene de

la base, y es dirigente porque sus miembros no son simples receptores o mandatarios, sino también

orientadores y modeladores. De aquí, que cuando se les denomina "responsables" el concepto tiene un

doble matiz: responden ante la base porque de ella provine su situación, pero responden también ante la

comunidad por representar a un sector de la misma en cuya configuración y actitud tiene la obligación de

influir; es decir, son "representantes", y a la vez por serlo, "líderes". Esa doble función culmina en el

equipo gobernante tíel país sometido a un ordenara i en t o político-constitucional . que establece el

procedimiento para que la libre organización encuadre a la Sociedad haciéndola efectivamente orgánica, y

para que se asuma por el pueblo la misión de elegir a sus gobernantes, y por éstos la de conducir y

representar a aquél.

4. LA PRUEBA DE FUEGO DEL DESARROLLO POLÍTICO

Como dije, la segunda fase es de más difícil descripción en forma de síntesis discursiva. Por eso creo

preferible referirme a alguno de los hechos y tendencias que en ella se producen. La relación no es

exhaustiva, ni los hechos y tendencias son excluyentes, pues aunque a veces resultan contradictorios

suelen producirse con simultaneidad.

1. El centro de Poder en´ cierta forma se "desnbjetiviza", aunque siga personalizado y se va perfilando

institucionalmente; cabía decir que del "mando" se pasa a la "jefatura". La selección de los más directos

colaboradores del centro de Poder se produce a veces tratando de representar en ellos matices distintos de

ideas y de intereses. Ello provoca el que los miembros del grupo colaborador acentúen sus diferencias de

actitud, en parte para ser fieles a la supuesta intención del centro de Poder, y en parte también para ir

creando lo que Max Weber llamaría una "clientela," política que respalde y robustezca su situación actual

y en todo caso suministre para el futuro la etiqueta respectiva. Podríamos decir que del "séquito" se pasa

al "equipo", cuyos componentes cobran una mayor autonomía funcional en ocasiones excesiva e incluso

anárquica.

2. Formalizadas más o menos difusamente las respectivas "clientelas", éstas se van ensanchando hacía

la liase con la intención de reclutar "subclientelas". En la medida que esta acción de los miembros del

equipo, clientelas y subcüentelas se vayan configurando verticalmente y responda a alguna, efectiva

diferenciación ideológica o de intereses, puede hablarse de un cierto pluralismo informal y

preinstltucionalizado, que, no obstante, en el plano teórico supondría un avance más o menos tímido y

milimétrico en el proceso democratizador.

3. Para que el a ranee exista realmente, por tímido y milimétrico que fuere, es preciso que la

homogeneidad o solidaridad política de las estratificaciones diferenciales verticalmente, se mantenga con

más fuerza que las homogeneidades y solidaridades horizontales determinadas por el grado de proximidad

al centro de Poder; o sea, por su grado de participación en el mismo. Si la. solidaridad y

homogeneidad verticales existentes entre el miembro del "equipo", su clientela y las subclientelas, son

más débiles que las que se produzcan horizontalmcnte entre los diferentes miembros del equipo, entre

las distintas clientelas y entre las varias subcüentelas, entonces el pluralismo es ficticio, y ficticio, por

tanto, el presunto avance en el desarrollo político democrático.

4. Así ocurre cuando habiéndose consolidado actitudes distintas sobre algunos problemas generales e

Importantes, llegado el momento de decidir sobre opciones políticas en que se plantean precisamente esos

problemas, se olvidan las discrepancias produciéndose sorprendentes unanimidades que contradicen las

anteriores y dispares actitudes, pese a haber sido utilizadas, como dispositivo de enganche proseliíista, e

incluso como título representativo para formar parte del "establishment" dominante.

5. Estas situaciones pueden poner en evidencia que no exista proceso democratizador propiamente

dicho, sino tan sólo la admisión de distintos pareceres accidentales que dejen a salvo creencias y

estructuras básicas cuyo inmovilismo se considere indiscutible. Lo que quiere decir que tan sólo para

los que acepten esa comunidad de creencias y se encuentren instalados en esas estructuras inconmovibles

existen unas ciertas posibilidades de exteriorizar opiniones esenciales y realizar algún juego de efectiva

competencia por el Poder. El que a ese sistema se le denomine democrático, no deja de ser por lo menos

una licencia terminológica, pues siempre está latente, y preconizado, el repliegue hacia las fases

originarias del proceso.

5. DEMOCRACIA "INTRAMUROS" Y DEMOCRACIA "NACIONAL"

A veces se ha utilizado para salvar las apariencias en situaciones como las que aludo la expresión de

"democracia intramuros". Indudablemente, han existido y existen sistemas políticos a los que la expresión

pudiera aplicarse con analogía más o menos justificada. Así a las "polis" helénicas donde un gran sector

de la población no tenia derechos de ciudadanía; asi también, en los comienzos del constitucionalismo

liberal, cuando la participación efectiva en la vida pública estaba limitada por el sufragio "censitario" a la

burguesía económica. Hoy—marginando ahora su esencial diferencia con los ejemplos históricos y con

algunos regímenes políticos contemporáneos—, desde Yugoslavia a la República Popular China aceptan

un pluralismo epidérmico a través de "bloques" que albergan tendencias y matices diferencidos en lo

accidental para integrarlos en la ortodoxia oficial y controlados por su aparato de Poder.

, Con las asociaciones integradas en esos—o semeja ntes— "bloques" ocurre lo que—según dicen—con

algunos detergentes ofrecidos bajo marcas comerciales distintas: que se lanzan a una hábil y fingida

competencia para dar la impresión al consumidor de que se trata de productos distintos cuando en

realidad la diferencia está sólo, o esencialmente en los envases.

Pero cuando me refiero a los procesos de democratización no aludo a la "democracia intramuros", sino a

la "democracia nacional" de Occidente: los muros de esta democracia son sin más las fronteras del país, y

su sujeto activo la unidad global de todos sus hombres identificados histórica y culturalmente como

"pueblo" en cuanto protagonista colectivo de una existencia comunitaria.

 

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