Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   Lo que se ve     
 
   09/03/1967.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

LO QUE SE VE

USTEDES, queridos y Heles lectores, « darán cuenta, satis qut» signen ei itinerario de cierths políticos;

que no pocos de ellos son úlstintas personas, y hablan de manera diferente, si están en los cargos o si no

están. Cuando están en los cargos son adoradores íntegristas de lo gubernamental; saltan en sus asientos

ante la crítica; desdeñan a los que expresan Ideas, sepultándoles con el temible apelativo de teorizantes, y

sostienen que el Régimen está bien como está, y que todo Intento de modificación o de reforma es obra de

enemigos o de ilusos. Pero cuando cesan en sus cargos su transformación es casi maravillosa. Entonces se

vuelven reticentes con los que permanecen en los cargos o se incorporan a ellos; piensan que el Régimen

necesita una renovación; que el Gobierno esta constituido por seres humanos que pueden equivocarse >y

empiezan a sostener que determinados gobernantes se equivocan con frecuencia), y, en conjunto,

empiezan a aspirar los purificados aromas liberales y a defender la crítica necesaria, las elecciones libres,

el pluralismo político o de pareceres, y se muestran inquietos por una intranquilidad nueva como es que la

continuidad del Régimen no parece asegurada, ni siquiera por la Ley Orgánica del Estado.

Algunos políticos no han cambiado respecto a las conocidas y famosas definiciones de Larra o de los

constltudonalistas del siglo pasado. Seguramente «la política» está llena de inconsecuencias, de sutilezas

y de acrobacia. Si los políticos a que me refiero están sentados frente a] sol. y reciben su calor, su luz y su

bienestar, consideran que todo es placentero y hermoso, mientras que si los naturales azares de la

peripecia política les priva de este privilegio—o de este servicio—, entonces todo es diferente y sienten

como un ansia de mudanza. Hay no pocos políticos digitales que cuando cesan se muestran liberales. Los

que han decidido todo en su demarcación, con una gran libertad de movimientos, y han escogido a sus

colaboradores no pensando precisamente en que fueran los más listos o los más eficaces, sino los más

cómodos; los que han mediocrizado su propia gestión por la absurda selección de unos equipos incapaces

de hacer una obra útil, cuando lo inteligente es lo contrario, sacar el jugo a los listos; o ban estado

dispuestos a todo para que su autoridad resplandeciera de fuerza y de poder, luego se vuelven respetuosos

y madrigalescos con los ciudadanos, esbozan programas políticos intrépidos, se vuelven humildes y

dubitativos en sus opiniones y echan la culpa al sistema. ¡Claro! Desde dentro hay que conservar, y hay

que ver las cosas que hacen ciertos politicos para conservarse. Es, desde luego, una de Jas vocaciones más

conmovedoras. Pero desde fuera se aspira a regresar a los cargos, y hay que ver las cosas que se dicen. No

ha sido este tiempo malo en movilidad de opiniones de los políticos e incluso pueden recordarse

verdaderas categorías humanas; pero a medida que el proceso de pluralism, politico avanza, y el contraste

de pareceres cristaliza en personalidades y en grupos, empieza a cobrar esplendor la política como juego,

como partida o como Arte de la disposición para ocupar el poder, y entonces, aunque todo prodigio

resulta lícito, el sentido crítico del espectador toma nota y lo registra.

Hay una necesaria actividad, a niveles de pensamiento, sobre la manera de construir una democracia que

se corresponda con el mundo que tenemos delante, y con la España de nuestros días. Existe una lógica

preocupación por encontrar unas formas prácticas de «posición para moderar el poder. Cometeríamos un

grave error histórico si no tratáramos de hacer una democracia moderna de las posibilidades que ofrece la

Ley Orgánica del 14 de diciembre. Pero contribuirá mucho a hacerlo viable, sanear los ambientes,

purificar las discrepancias reales y oficiales, impedir la confusión y en hacer menos dramática y más

natural la aspiración política o-el ~deseo de gobernar. Mudar de opinión es de sabios, pero ha de hacerse

por algo más sustantivo y presentable que por la situación de estar a caballo o de estar a pie. Se advierten

con la «Ubre expresión de las ideas» las ardorosas carreras políticas, mientras que aparece un entusiasmo

más débil por la Política, que es desde donde se contempla el panorama de lo que se desea para el país,

con sus problemas, sus dificultades y su esperanza. Tras una ojeada desde fuera, y con

desapasionamiento, a lo que sucede se ven menos vocaciones políticas enterizas y más carreras políticas

con urgencia y angustia de colocación. No pocos escepticismos sobre los regímenes representativos, y

algún endurecimiento politico, encuentran en estas actitudes sus más validos argumentos.

 

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