Autor: Marco Linares, Victoria. 
 Lo que no se dijo del Sahara. 
 Extrañas casualidades     
 
 El Alcázar.    01/02/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 19. 

EXTRAÑAS CASUALIDADES

DURANTE el último año de permanencia en el Sahara hubo algunos hechos que quizá

para cada uno de sus protagonistas carecieron de importancia y conexión, pero

que, vistos en conjunto, indudablemente se relacionaban tomando otro

significado. Hubo allí demasiadas anomalías para que pudieran ser casuales.

DESMEDIDA CURIOSIDAD

Como en el caso de aquel documento, que de haber sido secreto no debió

averiguarse su contenido, y menos tal como se hizo, y si no lo era, parece

excesiva tanta maniobra para averiguarlo.

Sea como fuere, el hecho es, que a punto de despegar un avión en el que iba para

Madrid el intérprete oficial del Gobierno, a fin de entregar y traducir un

documento de suma importancia, se dio orden de que descendieran del aparato y

regresara al edificio del Gobierno junto con el documento en cuestión.

No obstante ello no fue posible, porque iba guardado en una de las primeras

maletas que habían sido embarcadas en el avión y no era posible sacarla; sin

embargo, como la memoria del intérprete era verdaderamente excepcional, la

persona tan interesada por conocer el contenido del documento le pidió que lo

reprodujera y yo vi en el ante-despacho de la Secretaria del Gobierno General

del Sahara cómo el interprete tenia que escribir a máquina toda la traducción

para entregársela a quien la pedía.

También con los periodistas hubo algunas arbitrariedades, como en el caso de

J.A., un compañero que llegó en mayo cuando la visita de la triple comisión

enviada por la ONU y al que se le exigía diariamente la previa lectura de sus

crónicas antes de que fueran transmitidas, hasta que comprobó que tal medida no

tenia más fin que el de saber las noticias que él hubiera podido detectar, para

adelantarse a transmitirlas incluso antes de que a él se le devolvieran sus

crónicas con el visto bueno para su publicación.

Este fue un lamentable avasallamiento que yo también padecí, pues frecuentemente

se quería entorpecer mí labor dándome fechas y datos de actos oficiales,

deliberadamente equivocados. Afortunadamente, en cuanto comprendí el juego fue

muy fácil invertir los papeles y que fueran otros los chasqueados.

Otras cosas me parecieron también bastante curiosas, como el hecho de que

algunos "telex" llegados a la Secretaría de Gobierno, antes de ser llevados al

gobernador —bien al Cuartel General si se encontraba en él, o en su casa, que

estaba allí en la misma plaza—, no sólo eran llevados primeramente a un despacho

de Radio Sahara, sino que cualquiera que se encontrase con quien lo llevaba

podía leerlos, como pude comprobar varias veces,

EL PLURIEMPLEO DE UN SOLDADO

Hubo también una marcada predilección por cierto elemento perturbador y

subversivo, cuyos comentarios eran difamantes y demagógicos.

Antes ya de conocer sus actividades las sospeché; eran tales sus críticas y

argumentos, que no pude dudar de su misión allí, aprovechando que estaba

haciendo el servicio militar en la Policía Territorial. Y al comentarlo así con

uno de sus jefes, me informó que en efecto J.L. y otros cuatro o cinco

"camaradas" hablan llegado al servicio militar con sendas notas preventivas de

sus actividades políticas.

Sin embargo, lo más particular del caso era que J.L. al que en buena lógica no

debieran haber dado facilidades para desarrollar sus "tareas", no sólo estaba

empleado en Radio Sahara y en el diario "La Realidad", sino en un sitio de mayor

responsabilidad, como era la Secretaria General del Sahara.

Y es que contaba con la particular protección y ayuda de aquél que tanto

interés tuvo por conocer el documento al que antes hice mención.

En verdad, para gozar de su favor, sólo había que atacar de alguna forma al

Ejercito, especialmente si se trataba de La Legión, y con particular encono

al IV Tercio. ¿No llegó incluso a recomendar en el diario La Realidad que se

mantuviera la misma línea hostil? Alguien comentó una vez la perplejidad que

sintió al oírle comentar confidencialmente "...porque ya conoce Vd. Mi actitud

anti-ejército", y esto era tanto más chocante, cuanto que quien lo afirmaba era

teniente coronel y nunca consiguió verle nadie vestido de paisano.

Afortunadamente, Gómez de Salazar no permitía arbitrariedades, pero esto

ocurría generalmente cuando, por la razón que fuese, él faltaba de Aaiún y

el teniente coronel Valdés no le sustituía todavía interinamente.

Y en cuanto a la consigna dada al diario "LA REALIDAD", teníamos allí a Jaime

Palleja, que, siendo el mejor periodista de todo aquel equipo, tampoco invitaba

a ciertas "recomendaciones", como demostró siempre que pudo. Fue una lástima que

la suspensión de "La Realidad" le afectase también a él, cuando por el contrario

su labor había sido siempre altamente positiva.

DISTINTAS FORMAS DE COMENTAR

Hubo también algo muy particular, aunque posterior al Sahara. Era perfectamente

lógica la avidez con que se nos preguntaba al llegar a las Palmas, o luego a la

Península, cómo había sido la salida a cuantos la habíamos vivido, pero entre

unas y otras preguntas se acusaba muy diferente intención. Refiriéndose a los

oficiales de las Patrullas Nómadas, que, apenas salidos de la Academia, hubieron

de afrontar la terrible experiencia de su secuestro, no era lo mismo decir:

"¡Qué primer experiencia para comenzar una carrera!" que afirmar: "Esos, a

partir de ahora, no querrán complicaciones y se dedicarán a vivir su vida

alegremente", lo que, además de encerrar un juicio erróneo y temerario,

demuestra la misma intención que hablar de "dos patrullas nómadas que se

amotinaron contra la oficialidad", en vez de referirse al secuestro de que

fueron victimas, aunque no haya que aludir en principio a la instigación pro-

marroquí de aquella maniobra filtrada entre los saharaui, como una imagen de

traición que hiciera ya imposible la confianza y el esfuerzo entre ellos y

nosotros.

Tampoco es igual oír: "Ha sido vergonzoso que dejáramos el Sahara", que: "¿Por

qué os habéis bajado los pantalones?", porque en unos comentarios hay

solidaridad y amargura compartida, y en otros se delata la malsana alegría de un

deseo inconfesable.

Algo parecido ocurrió antes de la Marcha Verde. Volvíamos de Fuerte Chacal en

Edchera, donde se había impuesto el fajín de general a Eduardo Marinas, hasta

entonces coronel del Tercio Alejandro Farnesio IV de la Legión, cuando uno de

los periodistas me hirió profundamente por la forma en que se refirió a la

acción de Edchera, a la que precisamente el general Marinas acababa de aludir

en su alocución, como uno de los hitos más gloriosos que la Legión cumplió en el

desierto con tres de los espíritus de su Credo. El "espíritu de acudir al fuego"

desde un hombre hasta la Legión entera, de día, de noche y siempre, aunque no

tenga orden para ello; el "espíritu de la muerte, que hace de la muerte, en

combate el mayor honor, y "El espíritu de compañerismo", con ese juramento

sagrado de no abandonar jamás a un hombre hasta perecer todos, por el que el

capitán Jáuregui se inmoló conscientemente, yendo a morir allí como uno más

entre sus legionarios.

Victoria MARCO LINARES Fotos: Autor y Archivo

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