"El gallo en corral ajeno". 
 Tiene que estar hecho un lío     
 
 Pueblo.    07/11/1969.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

"EL GALLO EN CORRAL AJENO"

TIENE QUE ESTAR HECHO UN LIO NUESTRO Director, Emi- lio Romero, publica desde hace

algún tiempo en la revista >Sábado Gráfico» una seccion de actualidad, con el título >El gallo en

corral ajeno». En el último número aparece un comentario que reproducimos a continuación, dentro de

la variedad que constituyen estos textos, que —dicho sea de pase— están levantando verdadera

curiosidad y polvareda.

MIS aires me dicen que el Gobierno no va a retirar el proyecto de ley Sindical de las Cortes. Eso es un

gran acierto. Lo que se ha organizado es un verdadero ferial de opiniones alrededor de lo que debe ser una

ley Sindical. Unos expertos de tres países distintos vinieron un día comisionados por la O. I. T.

(Organización Internacional del Trabajo) y emitieron un largo informe sobre todo lo que pasa aquí en

materia social y sindical y sus consecuencias políticas o económicas. Los obispos catalanes han lanzado

otra manifestación. Ahora distribuyen otro documento un grupo de profesores de Teología, Filosofía, etc.

Se esperan documentos más concretos del Episcopado. Recientemente, el ilustre «padre de la Patria» y

bullicioso aperturista Alberto Bailarín Marcial ha explicado muy bien su fórmula.

El periódico «Ya» publicó una serie de artículos, y su habitual colaborador Villar Arregui hizo también su

critica de oreja a rabo al proyecto de ley. Otros periódicos y múltiples especialistas de reconocido crédito,

y hasta nuevo." en la plaza, se han referido al tema. Ríos de tinta, torrentes de palabras, octavillas

clandestinas, sermones, anegan y agotan esta cuestión., Entonces, oprimido en mi condición de

ciudadano, abro mi caparazón y me sumerjo en esta reflexión candida: ¿Y cómo se oye menos que a nadie

a los obreros, si el Sindicato es, preferentemente, su sociedad? El empresario se defiende en sus

patronales, en sus consorcios, en sus ventanillas de la Administración, en sus casinos, en sus relaciones;

mientras que el pobre obrero no tiene dónde caerse muerto, más que en su Sindicato. Y de su Sindicado

hablan: el consultor del Secretariado Romano «pro non credentibus», el secretario de la Comisión

Nacional «iustitia et pax», el prior del convento de San Pablo, de Valladplid; maestros1 de Eclesiologia,

un notario de Madrid, condes (de Montarco o no), terratenientes, jurisperitos, abogados del Estado,

catedráticos de Psicología, etcétera. El obrero, que ha oído decir que el Sindicato lo fundaron hace cerca

de cien años para reducir la jornada laboral, aumentar los salarios y humanizar el feroz capitalismo de

entonces, y que después ha vivido, y sigue y víendo. para poner al trabajo en el sitio que merece y hacer

justicia distributiva, debe estar hecho un lío. Es muy fácil que se pregunte: «¿De qué Sindicato hablarán?»

 

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