Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   Dos notas sombrías.     
 
 El Noticiero Universal.    27/03/1973.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

DOS NOTAS SOMBRÍAS

EN nuestra política internacional, que ha alcanzado grandes objetivos, hay una nota sombría y una nube

de verano: Marruecos y Argentina. A Rabat voló ayer nuestro Ministro de Asuntos Exteriores, Gregorio

López Bravo, con su tradicional actitud resolutiva, y su imagen-Kissinger. Y en cuanto al asunto

argentino es probable que el Ministro haya empezado un planteamiento eficaz, veloz y oportuno.

Sobre ambos asuntos no hay demasiada información todavía, pero la situación parece clara. Todos

conocen que Marruecos amplió sus aguas jurisdiccionales y ha empezado a perturbar la vida de trabajo de

los pescadores que utilizaban aquella zona. Es sabido, por otra parte, que ciertos individuos marroquíes

estaban interesados con los pescadores españoles en ese negocio. Realmente la zona o el banco pesquero

no es tan dilatada como el espacio de aguas jurisdiccionales que han alargado; pero han querido dominar

el paso, e imponer unas condiciones de carácter económico. Los verdaderos bancos pesqueros están en el

Sahara.´ A todo esto, la prensa marroquí se ha desatado, otra vez, sobre España. .Y la política interior está

implicada en todo esto. La papeleta de López Bravo es difícil. Lo fue en su día también para el Capitán

General Muñoz Grandes, que era un interlocutor excepcionalmente válido para Rabat.

Poco antes de la última conspiración contra el Rey, que estalló en el aire, parecía que las relaciones

hispano-marroquíes iban a entrar en una etapa de gran esplendor. La escala técnica´ de Hassan II en

Barcelona, cuando el Monarca se dirigía desde París a Rabat, no fue por otra razón que por una

«mverssjrción altamente promete>lora y satisfactoria con López Bravo. Poco después ha surgido,

inesperadamente, imprevisiblemente, la nueva actitud inamistosa dé Marruecos con España. Creo que,

llegado su momento, debía arrojarse sobre este asunto toda la luz necesaria. ¥ hasta sospecho que dada la

confianza que. el Ministro López Bravo tiene depositada en la Comisión de Asuntos Exteriores del

Consejo Nacional comparecerá ante ella para dar una explicación. El asuntó, sin embargo por su enorme

gravitación histórica, merece salir —aunque fuera en parte— de la «puerta cerrada», y ofrecerse a la

opinión pública.

En cuanto á Argentina, las cosas tienen solamente un alcance de enfado familiar. Las desavenencias

ocasionales de los hermanos no alteran los lazos de la fraternidad.´ ni de la unidad familiar. La entrevista

de Perón con Cámpora en Roma no parece otra cosa que un enfado por el reciente viaje de Lanusse a

Madrid. Pero el Gobierno español sabía perfectamente que Lanusse no se presentaba como candidato a la

Presidencia de la República en los comicios de marzo. Aquí no se ha tomado partido. Por otra parte,

Lanusse, que había sido invitado a visitarnos hace dos años —creo que por cortesía diplomática— eligió

esta fecha para venir. ¿Cómo puede hacer depender un Estado su ritual de cordialidades internacionales

con las vicisitudes internas de los personajes que recibe? Efectivamente, el Presidente Lanusse estuvo

incorrecto en la rueda de prensa, pero son asuntos de su exclusiva responsabilidad; parece que el

temperamento, y las animosidades, juegan también malas partidas a los Jefes de Estallo que han de ser

monumentos de prudencia.

También hay que decir que España habrá recibido en diferentes etapas de estos últimos tres lustros el

reproche de los Gobiernos y de personalidades argentinas ante la presencia de Perón en Madrid, ciudad

donde una de sus grandes y modernas avenidas lleva orguüosamente, y legítimamente, el nombre del

general Perón, y uno de los parques más atractivos, el de su antigua y memorable esposa Eva Duarte. Es

seguro, igualmente, que si eu estos tres lustros no ha podido recibir los homenajes oficiales que su

comportamiento con España en el pasado y su personalidad merecían, habrá sido por no contrariar o herir

a los diferentes Gobiernos argentinos tan oste-´tosamente preocupados y contrariados por la presencia de)

ge.ieral entre nosotros. Pero naiiie ha impedido la relación del general con muchos españoles, algunos de

ellos con relevantes significaciones políticas, que le han visitado con frecuencia y le han ofrecido

admiración y afecto. Concretamente en las vísperas de su primer viaje fallido a la Argentina, aquel que se

denominó como «Operación Retorno», un grupo de intelectuales y políticos españoles, todos ellos

miembros del Consejo Nacional del Movimiento o de las Cortes Españolas, le ofrecieron un almuerzo de

despedida, y de buenos deseos. Y uña ilustre figura militar en activo figuró siempre entre los más íntimos

amigos españoles que acompañaron al general Perón en sus horas de incertidumbre.

El nuevo Presidente Héctor J. Cámpora ha venido a Madrid tantas veces como lo ha necesitado; y en los

últimos años el Gobierno español ha permitido las constantes actividades políticas del general, mediante

las visitas frecuentes de los políticos y sindicalistas, argentinos a su residencia de Puerta de Hierro. ¿Por

qué en esta hora de las celebraciones elude Madrid el ilustre ex Presidente argentino y elige un país donde

no hubiera podido fijar su residencia después de su derrocamiento, y dónde se han escrito las más

despectivas opiniones sobre su persona, asociándole siempre con personalidades americanas tan distintas

políticamente a Perón como Trujillo, Pérez Jiménez o Batista?

El Embajador de España en Buenos Aires, señor Ericé, se ha apresurado a decir al. Presidente electo

Cáiapota que puede viajar perfectamente a España donde seria recibido con los honores y el protocolo

que merece. El Embajador español en Roma, Giménez-Arnau, ha acudido en seguida a ver al general en

el hotel en que se hospeda, para testimoniarle la abierta, cordial y afectuosa actitud de España.

Seguramente hay más actividad de la que se sabe, orientada a destruir todos los malos entendidos que

hubiere.

De todas maneras creo que puestas así las cosas merece la pena hacer alguna revelación que contribuya a

despejar estas nubes de verano. Era Ministro de Industria Gregorio López Bravo cuando recorrí algunos

despachos ministeriales acompañando a la esposa de uno de los más leales colaboradores del general

Pe.rón, solicitando los buenos oficios de algunos Ministros para que intercedieran —tras la fracasada

«Operación Retorno»— en favor de una nueva autorización a este personaje para residir en Madrid y un

régimen sin rigideces en la residencia renovada al general Perón, a quien Franco consideró siempre en la

protección a su perosna a lo largo de todo su exilio. Los Ministros que más se distinguieron en este asunto

fueron Solís y López Bravo. Conctetamente este último llegó a tener una intervención decisiva

Perón ha tenido, y tiene, en Madrid amigos y admiradores verdaderos. El comportamiento ´ oficial ha sido

esencialmente bueno, y formalmente el que se suele exigir a cualquier país con una actividad diplomática

normal. Creo que aunque, no se ventila ningún interés económico fundamental para España en las

relaciones hispano-argentinas —--que es el lenguaje habitual de los italianos—, y únicamente los

intereses morales de nuestra fraternidad hispánica, podemos decir con tono familiar que si hemos sabido

estar a las duras, no se nos debe evitar en las maduras. No sería justo. Todo se va a arreglar, y es de

presumir que la representación española que-acuda a la ceremonia presidencial del 25 de mayo sea bien

expresiva del respeto de España al triunfo del 11 de marzo, y del deseo de prosperidad para los nuevos

rumbos de aquel país.

UNAS MANIFESTACIONES

JOAQUÍN Reguera Sevilla ha reaparecido tras un largo silencio con unas opiniones inquietantes e

inviables. Se da por supuesta la pureza de intención y el deseo de robustecer el edificio político del

porvenir. En síntesis propone que cuando en su día el Rey se vea obligada a designar Presidente de

Gobierno, entre la terna propuesta por el Consejo del Reino, son las Cortes quienes deberían hacer esta

designación, porque de esta forma se va a librar al Monarca de un encargo de grave responsabilidad.

La primera objeción, como el propio Reguera Sevilla reconoce, es que hay que modificar la Ley Orgánica

del Estado, y esto no puede hacerse sin Referéndum. Parece que lo más razonable es poner al máximo de

sus posibilidades nuestras Leyes ´Fundamentales, antes que una operación de mudanza. En esta línea de

tocar techo constitucional figuran personas que tienen constante actitud crítica como José María de

Areilza (desde fuera del sistema), o Gabriel Cisneros (desde dentro). No se da en este momento ninguna

circunstancia para recomendar una revisión constitucional.

Una de las manifestaciones más polémicas, y al tiempo más utópicas, de Joaquín Reguera Sevilla ha sido

ésta: «La Ley Orgánica del Estado dice que el Presidente del Gobierno será designada por el Jefe del

Estado a propuesta en terna del Consejo del Reino. Es de suponer que el Consejo del Reino —al utilizar

este especial derecho de presentación— eleve al Rey una lista con las candidaturas de tres tendencias

políticas distintas. AI pronunciarse «1 Rey por una de esas tendencias se enemistará con las otras dos. ¿Es

conveniente´obligar a quien ejerce el´poder moderador a que se incline necesariamente por un sector de la

opinión pública? No parece correcto.»

En estos instantes el antiguo Gobernador y Subsecretario ha hecho una espléndida labor de

prestidigitación; se ha sacado de la bocamanga tres tendencias. ¿Dónde están? Estoy seguro que estaría

pensando en las tres tendencias de marras apuntadas por Girón en Valladolid, y luego presentadas por un

periódico en su primera página. Cuando Girón se refirió a las «tendencias» en Valladolid es probable flue

se refiriera a ciertas corrientes de opinión no cristalizadas. Tal vez quisiera señalar cierto pluralismo

político latente, o en estado de larva. Pero no es probable, por muchas razones, que Girón tuviera un

esquema de este pluralismo que pudiera ofrecerse al Rey. Las tendencias son inclinaciones, y con éstas no

se forman nunca sectores o grupos políticos. Estos tienen su denominación clásica. Las Cámaras actuales

no están constituidas por tendencias políticas, y si las tendencias políticas no están en estas Cámaras, o en

la organización social, sino evaporadas en la atmósfera, con la destilación de la atmósfera no se pueden

hacer los Gobiernos.

El Gobierno además, en nuestras Leyes Fundamentales, no es originario de las Cámaras, como ocurre en

la democracia liberal parlamentaria, sino que nace fuera de ellas, sin que pueda decirse que a sus

espaldas, porque el Consejo del Reino —que ha de proveer el Primer Ministro— es un organismo

representativo constituido en una buena parte por los manantiales de aquéllas. El buen sentido dice que

llegado ese momento, el Consejo del Reino debe escoger aquellas personalidades que gocen de más´

asistencias, de más confianza y de más crédito nacionales, pensando en las Cámaras, y fuera de ellas. Y

lógicamente el Rey ha de asumir la responsabilidad, como todos los Jefes de Estado, al elegir aquel que

reúna la más alta suma d« condiciones positivas. No se tratará con esta legislación de proponer tres

tendencias, sino tres nombres. Sin perjuicio de la vocación imaginativa de los españoles para escribir

poemas, comedias, Programas y Constituciones, lo más prudente es confiar en que el Rey experimente

una Constitución que está pensada principalmente para él; y las deficiencias, las insuficiencias y los

errores de ésta, se van a ver mejor en la práctica del Reinado.

UN ORIGINAL REFERENDUM

ALFONSO Ossorio es una vocación política, y como los políticos a diferencia de otras épocas y otros

países, escriben poco en los periódicos, resulta grato leer alguna vez sus artículos. El escritor siempre

generaliza, trata los temas con mayor desinterés personal, y circula con mayor preferencia en el mundo de

las ideas o de las opiniones. El político escribe directamente sobre sus pretensiones, y aunque no

mencione a los personajes, se ven al trasluz. El escritor dice lo que piensa; el político, lo que quiere.

Alfonso Ossorio ofrece un «Manual del Inmovilista y del Aperturista». Así es como diferencia a la clase

política española (no se refiere a los grupos situados fuera de la colaboración con el Régimen o

extramuros de la legalidad, que son gentes y criterios que no es conveniente desmerecer, ni olvidar,

porque hay bastante juventud embarcada en ellos). A los «aperturistas» los define como partidarios de las

«asociaciones políticas», de la elección de los Alcaldes y de la incompatibilidad de los cargos de

designación con.los puestos electivo en el Consejo del Reino. Y después los considera partidarios de la

crítica a la gestión de los Ministros, y contrarios a una dogmática de la eficacia. A los inmovilistas ios

encuadra en todo lo contrario.

Creo que este manual es pobre. El aperturismo debe ser algo más, porqué si no sería bien, poca cosa, y el

inmovilismo no sería vigoroso, si fuera exclusivamente antiaperturista. Pero si la tentación del escritor

político —que este es mi caso— no estuviera conteni. da por el temor a las consecuencias de traducir las

insinuaciones de la política, me atrevería a poner nombre propios a las alusiones veladas de Alfonso

Ossorio. No es que se conmoviera la Corte, pero se animaría el cotarro; y no me siento animador de

cotarros. El propio autor lo desmentiría, porque la habilidad del político consiste en cubrirse la retirada. El

regodeo del lector es también muchas veces leer entre líneas. Todo no se le va a dar hecho.

Ocurre, sin embargo, que con estos combates en la noche, el país no acaba de ver expresada «la

concurrencia de criterios». Siempre es más claro referirse a un hombre, para discrepar de él, que lancear

actitudes. Es probable que se adivine el destinatario, o destinatarios, de las estocadas de Alfonso Ossorio,

pero todo queda en el patio interior de la política.

Además Alfonso Ossorio apunta la posibilidad de un Referéndum, para que el país se pronuncie por los

«aperturistas» o por los «inmovilistas». La original pretensión es imposible, porque unos y otros tendrían

antes que aglomerarse en dos grandes cuerpos o movimientos. Y hacer un «Referéndum» sobre las

Interpretaciones de las Leyes es arrancarles ese misterio que tienen los evangelios políticos de servir para

varias alternativas, y no para una sola. Porque si sirvieran nuestras Leyes exclusivamente para

«inmovilistas» o «aperturistas», tendrían sus días contados. Así fueron las Constituciones del siglo XIX.

Tratar de averiguar los verdaderos objetivos de las Leyes fundamentales, por una consulta a la Nación,

sería tan ingenuo como someter a los católicos a un pronunciamiento sobre el sexo de los Angeles.

Emilio Romero

 

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