Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   No es un gobierno de concentración     
 
 Pueblo.    19/06/1973.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

NO ES UN GOBIERNO DE CONCENTRACIÓN

MA de las curiosidades más grandes en orden a la creación del nuevo Gobierno, es la razón política de su

constitución o conformación, para de ese modo averiguar el rumbo en que estamos Nadie mejor para

explicar esto que el propio Presidente del Gobierno, pero no lo va a decir. La crónica sobre la elaboración

de esta lista sería una delicia, pero estas noticias de las interioridades de la Historia no suelen ser de

consumo. Y como aquella curiosidad mueve mucho los comentarios de estos días, es lícito aventurarse en

ello, sin ninguna garantía de certidumbre. Aventurarse en lo que puede pasar, no en lo que ha pasado.

En primer lugar es bueno decir que no parece advertirse ningún interés por haber hecho «un Gobierno de

concentración». No es un Gobierno de concentración. Esto hubiera significado aceptar la existencia,

como factores condicionantes del poder político, de los sectores, los grupos o las tendencias. En el pasado

se hicieron los Gobiernos con la representación de aquellas fuerzas políticas que tomaron parte en el

Alzamiento de Julio. El tiempo fue borrando los límites de esas fuerzas y empezaron a convocarse

solamente a las personalidades. El Gobierno actual es una reunión de personalidades que en su actividad

pública al servicio de la Administración, o en el Parlamento, han reunido un tipo de condiciones de

identificación del ministrable, extendidas a quienes van a alcanzar otros altos cargos. En algunos casos se

tiene en cuenta la especialización o el conocimiento de los problemas que van a tratar, y en otros, un

acreditado buen sentido que debe proyectarse en todos los asuntos que se pongan bajo su custodia.

En segundo lugar parece que se busca la coherencia de un Gabinete, a cuyo servicio se ha puesto una

Presidencia que la hará posible, con los mecanismos que la Ley Orgánica del Estado pone al alcance del

Presidente, como es la facultad de separación de los Ministros, si aquella coherencia resultara perturbada

por el excesivo individualismo, o por actitudes que olvidaran la responsabilidad colegiada del Gabinete en

todos los asuntos. Algunas experiencias anteriores aconsejan entender ahora el juego de los nuevos

Ministros como un fútbol-asociación, y no como una orquesta con partituras diferentes.

En este último aspecto hay que decir que el Presidente del Gobierno tiene por delante una tarea no fácil.

Los orígenes las características y los temperamentos de este Gobierno, no señalan una muestra brillante

de coherencia inicial. Tendrá que conseguirse. La tentación de algunos periódicos podría ser la de

exhumar el pensamiento de algunos Ministros en sus actuaciones anteriores, con el propósito de presentar

su imagen, y de hacerles una invitación a ser consecuentes, entre lo que dijeron antes y lo que van a hacer

ahora. Esta galería acaba de ser abierta por el periódico «YA» con la interesante figura de Cruz Martínez

Esteruelas Ministro de la Planificación del Desarrollo. No hay nada más maliciosamente ingenuo que

recordar a un político en el Gobierno aquellas cosas que probablemente menos pueden contribuir al logro

de la coherencia exigible del Gabinete. Es conocido que desde fuera del Poder se ven las cosas de manera

distinta, o más amplia, a como se contemplan en el Poder. Ya se sabe que e] acceso al Gobierno implica

dejar en la puerta algún equipaje. En ocasiones se recupera al salir; y en otras, lo único que lleva encima

el ex Ministro son responsabilidades y definiciones contraídas en el Gobierno. Por otro lado, las

reflexiones antes de vadear un río han de hacerse en la orilla, porque luego habrá que mojarse. El

comportamiento de cada Ministro no podrá ser otro que el aceptado en el Programa.

 

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