Camisas y coctel     
 
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Camisas y coctel

Don Emilio Romero dice en •5>ueblo":

"El tema vidrioso del célebre Punto 27 de la Falange histórica, que fue suprimido en aquella Salamanca

de la guerra, ha sido abordado intrépidamente por el vicepresidente, seguramente porque falangistas de

buena fe pretenden restaurarlo. Aquel Plinto se refería a que en el objetivo político o revolucionarlo de la

Falange no se pactaría con otras fuerzas. E1 vicepresidente Fernández Miranda aclara esta cuestión

señalando que en aquella estructura de entonces, con la división política de la derecha y de la Izquierda

que mantenían latente la guerra civil, la Falange no pactaría con ninguno de esos separatismos políticos;

la Falange, por el contrario, aspiraba a ser un movimiento de Integración nacional, superador de las viejas

querellas y divisiones. Ha sido muy sutil la Interpretación de Fernández Miranda, y sagaz, mente actual,

porque no vaya a «er que nobles sentimientos falangistas nuevos, a fuerza de no querer pactar con nadie

por el impulso revolucionario, vayan a aceptar una estructura liberal de partidos o de grupos que les

permita resucitar su autenticidad en un marco que aspiró a destruir, y ofreció su vida por ello, José

Antonio Primo de River».

El otro asunto abordado por el vicepresidente del Gobierno es e1 de la célebre camisa azul y camisa

blanca. Cuando hace cerca de cuatro años tomó posesión de la Secretaría General del Movimiento,

apareció con camisa blanca y recibió no pocos reproches. En aquel tiempo no se vio con profundidad su

actitud. Siempre entendí que no era un acto para deshacerse de símbolos o mortificar a nadie, que el

nuevo ministro no podía cometer, por la tradición de sus Ideas y servicios y por su propio buen gusto

intelectual. Pensé en aquel tiempo que lo hito para decir a todos los españoles que había una actitud

abierta y no «xcluyente en el Movimiento, para recibir a todos aquellos que tuvieran una preocupación

por. adherirse o sumarse a la gran tarea nacional de hacer un país económicamente próspero, socialmente

Justo y políticamente habitable. Y esto . se decía, precisamente, desde la histórica sede de Alcalá, 44.

Don José Haría de Areílzí», conde de Motrico, antiguo embajador de España en Argéntina, Washington y

París, político de lo que podríamos llamar una "oposición moderada", ofreció su coctel anual a muchos

invitados. Tuve el honor de figurar entre ellos. Aparte del afecto personal a un personaje que conoideo

hace muchos años, tenía el deber de asistencia por las exigencias de esta sección. Era fácil imaginarse que

sería un coctel político. Y no quedé defrandado.. Allí estaba -una muestra brillante de la España de las

"opciones" (no creo que la España de las soluciones). Desde Fernández-Cuesta a Gil Robles; desde Tierno

Calvan a Antonio Garrigues; desde Cantarero al conde de los Andes; desde Sous a Ruiz Giménez; desde

generales a librepensadores; desde oligarcas a revolucionarios. Aquello me pareció deslumbradoramente

como el Palacio Esmeralda del Mago de Oz. No he visto un revoltijo mejor elaborado ni un pisto más

picante. Faltaban solamente ios chinos y los guerrilleros de Cristo Rey. Todos parecían altamente

cordlallzados por el coctel; pero si todas aquellas gentes —pensaba al salir—se desataran un buen día por

la política y se fuera cada uno a su lugar, o cada mochuelo a su ´olivo, ¿serían tan convivenciales? Eran a

veces, exactamente, las mismas divisiones de aquella primavera de 1936. Había hasta supervivientes

verdaderos. Si hubiera vivido Vallellano y estuviera allí, se me habría venido a la cabeza la reunión de la

Diputación Permanente de las Cortes tras el asesinato de Calvo Sotelo. ¿Se puede creer en sus lavados de

cerebro, en la superación de las espantosas querellas, en la sinceridad del abrazo y de la sonrisa de ahora,

en la confidencia amistosa y en la magia de Motrico? Castellana abajo me acordé´ de Larra, que nunca

creyó en la muerte de los resentimientos de Cádiz, y nada le hubiera gustado mas que hubieran muerto de

veras. A mí también, con los resentimientos de 1936."

 

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