Autor: Carreño, Pedro. 
   Emilio Romero contesta a la "gran prensa"  :   
 (Declaraciones en exclusiva del director de "Pueblo"). 
 Sábado Gráfico.    10/06/1972.  Página: 6-9. Páginas: 4. Párrafos: 67. 

EMILIO ROMERO

EL despacho de don Emilio Romero se encuentra en la séptima planta del edificio «Pueblo», en cuya gran

fachada de cemento un reloj marca las horas un poco a su aire y como quiere. «Pueblo» es como una gran

fábrica en altura, con doce plantas sobre el nivel del suelo y varias de sótano. Desde éstos surge por

momentos un rumor de grandes máquinas, como si un buque estuviese alejándose de los muelles. En los

sótanos están unas rotativas enormes, que cuentan entre las mejores de España, y que han costado —hoy

el arte de imprimir se ha puesto por las nubes— varios cientos de millones de pesetas. También parece

que serían capaces de producir muchos cientos, de miles de ejemplares y que, pese a la circulación de

«´Pueblo», se encuentran por debajo de su capacidad de tirada.

MADRID DESDE LO ALTO Y EL PRADO, ENFRENTE

El despacho de1! señor Romero —pequeño, casi íntimo, sin lujo de ninguna clase—, está al final de un

pasillo tapizado con .vulgar linoleum, y en la secretaría domina un gran reloj, que parece marcar la hora

de los corresponsales de «Pueblo» en varios continentes. En el despacho del señor Romero hay gallos por

todas partes, al parecer, procedentes de obsequios muy diversos: valiosos gallitos de cerámica, gallos sin

gran valor, de barro cocido —acaso «galos» portugueses—; gallos de metal, gallos plateados... £4 gallo es

el animal totémico del director de «Pueblo», que algunas veces lleva en su solapa un gallito de oro y

zafiros, obsequio de la Redacción en los años, hoy ya algo lejanos, de la ascensión a la fama.

Don ´Emilio mira a sus visitantes y´al mundo a través de unas gafas cuadradas, penetrantes y algo

diabólicas, tras las cuales el brillo malicioso de unos ojos miopes casi se adivina como un destello. El

director de «´Pueblo» es simpático con aquellos a quienes recibe, o con quien quiere. Una gran luz,

tamizada con persianas de plástico, penetra por los grandes ventanales del edificio, que es como una

enorme jaula de cemento, cristal y hierro. Al fondo queda el viejo Madrid, y los desvanes de antiguas

casas isabelinas se extienden a ´lo largo y al fondo de la calle de Huertas. El leve «tic-tac» de un reloj

parece rasgar el velo del silencio. Con sus rotativas ahora inmóviles, «Pueblo» es como un gran navio

inerte, anclado en el puerto. Al fondo, la Casa Sindical mira al Museo del Prado, y la estatua de don

Eugenio D´Ors queda por medio.

«UNA FINCA DE LOS INTERESES CREADOS»

—Señor Romero —preguntamos—, se está discutiendo mucho, y con apasionamiento, el proyecto de ex-

pansión de «Pueblo». Ante todo, ¿podría usted explicamos tal proyecto y en qué consiste esta

implantación de su diario en otras provincias?

—Se trata de un perfeccionamiento en el mecanismo de Redacción y distribución del periódico, a la

manera como se hace en otros países. El sistema español de transporte no puede atender la demanda, en

volumen, de nuestro periódico. Los aviones cargan cantidades insignificantes. Por otra parte, no podemos

dar satisfacción informativa y de opinión a los numerosos problemas que tienen las regiones más

dinámicas de nuestro país. Los periódicos de Madrid son, prácticamente, periódicos locales que se

distribuyen en toda España. Por eso, la única formula de hacer verdaderos periódicos nacionales es

«regionalizándolos». El programa es establecer tres talleres y tres Redacciones en Cataluña, Provincias

Vascongadas y Andalucía. De esta manera solucionamos el problema del transporte y dedicamos grandes

superficies a los problemas regionales. La obra parece positiva; pero los intereses privados de familia y de

grupos conspiran otra vez contra un verdadero interés general. Alguien quiere monopolizar voz y

negocio, y sostienen, con su conducta, como si España fuera una finca de los intereses creados y no un

patrimonio común y renovable de todos los españoles. El asunto es todavía más feo, y los conjurados ya

se han destapado. Verá usted: los «cuatro grandes» en tirada (control de la O. J. D. mil novecientos

setenta y uno) de la prensa española son:

»"La Vanguardia", de Barcelona, doscientos veintiséis mil cuatrocientos treinta y seis ejemplares.

."ABC", de Madrid, ciento noventa y nueve mil trescientos cincuenta y siete ejemplares.

«"Pueblo", de Madrid, ciento ochenta y ocho mil doscientos ochenta ejemplares. (En el primer semestre

de este año su incremento asciende a doscientos treinta y un mil novecientos cincuenta y siete

ejemplares.) Y »"Ya", de Madrid, ciento cuarenta y dos mil novecientos catorce ejemplares,

CADENAS, PROPIETARIOS, INTERESES... »"La Vanguardia", o conde de Godo, es accionista de

"Cristal", "Tele-Exprés", "Garbo". "Boccaccio Setenta". "La Codorniz", "Gaceta Ilustrada", "Historia y

Vida", "Margen", "Diario de Barcelona", "Destino" y Prensa Económica, Sociedad Anónima.

»"ABC" es también propietaria de "ABC" de Sevilla, "Blanco y Negro" y Agencia Foto Press, y

accionista de "Cosmópolis", "Miss" (Lumefa, Sociedad Anónima) y "Trofeo". Y ahora una hijuela de esta

empresa, "ABC de las Americas", se expansiona hasta América.

»Y "Ya", cabecera de La Editorial Católica, es cadena de propiedad con Agencia Logos, "Hoy", "Ideal",

de Granada; "El Ideal Gallego" y "La Verdad", de Murcia; accionista de "El Correo de Andalucía" y

pariente espiritual de "La Gaceta del Norte". »"La Vanguardia", "ABC" y "Ya", coa|igados y constituidos

en grupos de presión, tienen a su competidor "Pueblo" en provincias, y están empleando la coacción, por

medio de artículos, editoriales, etcétera, para influir sobre el Gobierno, asustar a la Organización Sindical

y ofrecer a la opinión pública un falso panorama del lobo que quiere devorarse a las palomitas. Las

palomitas son las familias conde de Godo, marqués de Lúea de Tena y la Editorial Católica, de obediencia

romana, con los obispos detrás, e inspirada por el Espíritu Santo

CONTESTA A LA «GRAN PRENSA»

El señor Romero habla con pausa, pero con leve énfasis. Parece plenamente convencido de cuanto afirma

y en lugar de citar fas cifras de memoria, las recoge de una ficha, comoun médico que extrajese un caso

de su fichero. Emana de Romero algo como un auténtico convencimiento. No polemiza, sino que

diagnostica sin alzar la voz. Es frío en la exposición, y sólo una nerviosa mano, a veces cerrada, denota un

mínimo de apasionamiento.

LA «ORFANDAD DE LOS SECTORES MAS MODESTOS»

—Usted lleva muchos años dirigiendo «Pueblo», ¿se ha encontrado alguna vez ante críticas tan apasiona-

das y directas?

—Estoy avezado en estas cosas. Cuando toco aquellos problemas que afectan a los intereses, estoy

agitando una vasija de serpientes. Entonces se me suben a los hombros. Pero tengo las suficientes

cicatrices para que la piel sea cada vez menos sensible.

Las cicatrices del señor Romero ciertamente no se observan. Es un Joven que habrá rebasado la

cincuentena y cuyos años —que aún son pocos— no revelaremos, aunque también nosotros tenemos una

ficha enfrente. El señor Romero cruza y descruza sus piernas y, más que respaldarse, casi se recuesta en la

butaca, no demasiado cómoda, en la cual ha tomado asiento. Un par de veces, entre frase y frase, ha

sonado el teléfono. Un redactor, un ministro... y Sesé, el telefonista, que es como una institución del

diario «Pueblo». Parece como si aquí, al igual que en la «cumbre» de Moscú, sólo hubiese dos «grandes»

mano a mano: Sesé. y Romero.

—¿Cómo ve usted un periódico sindical publicándose simultáneamente en varias provincias? ¿No es este

el caso del propio «ABC»?

—«ABC» se adelantó a esta idea, fundando «ABC» de Sevilla. Pero a lo que parece, quiere estar solo en

ese territorio, aspira a medievalizar Sevilla. La densidad económicosoclal de las tres regiones a que he

hecho referencia, aconseja tener periódicos como «Pueblo». La orfandad informativa y política de los

sectores más modestos de la población española es pavorosa, y cuando un gran oligarca informativo de

Barcelona, como el conde de Godo, recaba la función de defensa de esos sectores, la provocación a la

carcajada resulta incontenible.

El director de «Pueblo» no fuma, o lo hace muy raras veces, pero sobre su mesa abundan los ceniceros.

Dice las frases más duras con sencillez, dando por descontado que sus afirmaciones son rigurosamente

ciertas.

Romero está irónico, pero en ningún momento colérico. Sería importante escuchar a «la otra parte», pero

aquí sólo tenemos al director de «Pueblo», que también parece creer en la libre empresa y en su

crecimiento.

CADENA «CON UN SOLO TITULO PRESTIGIADO»

—Hace años se habló de la absorción por la Organización Sindical de varios periódicos vespertinos del

Movimiento, ¿por qué no se realizó el proyecto? ¿Acaso el nuevo no es una variante, más moderada en su

proyección y en sus consecuencias?

—Efectivamente, la Organización Sindical ha querido siempre tener más de un periódico. Es un hecho

natural. Tiene enormes exigencias informativas y de comunicación para toda la población trabajadora y

empresarial española, y los boletines no son nunca eficaces, porque ni se difunden ni crean corrientes de

opinión pública. Lo que ocurrió entonces es que los periódicos que se ofrecían desde la Prensa del

Movimiento eran los menos rentables, política y económicamente, y, por esta razón, nunca se llegó a un

acuerdo. El programa actual nace del prestigio y popularidad de «Pueblo» y, por eso, en lugar de hacer

una cadena con varios títulos problemáticos, se quiere establecer una cadena con un sólo título

prestigiado. De esta manera, política y administrativamente, es más razonable.

EL DIARIO «PUEBLO», ¿PIERDE DINERO?

Los «títulos problemáticos» parecían ser alguno de Barcelona, de Bilbao, de Valencia, de Zaragoza...

Ciertamente, inyectar vida a un periódico viejo puede ser más difícil que sacar adelante uno nuevo. Pero

el problema, tal como hoy se debate, nace de querer crear algo inédito. Pocos luchan contra lo viejo.

Hay una pregunta que subyace en las críticas formuladas en algunos diarios en torno a «Pueblo». ¿Puede

un periódico perder dinero, y es cierto que se pierde? La pregunta tiene que ser ésta:

—Se dice —se está diciendo— que «Pueblo» pierde dinero. ¿Es esto así? ¿Qué relación existe entre

pérdida y tirada? ¿No será que su periódico vende más de lo comercialmente aconsejable? ¿Por qué lo

hace?

—Textualmente, nos contesta don Emilio Romero:

—Esta es una leyenda, como otras. El periódico «Pueblo» no pierde dinero. En cumplimiento de lo que

dispone la vigente Ley de Prensa, publicamos, con fecha veintiuno de diciembre de mil novecientos

setenta -y uno, nuestra rendición de cuentas. Y vamos a repetirla: Gastos: primeras materias, ciento

ochenta y tres millones setecientas sesenta mil trescientas cincuenta y una coma setenta y una pesetas;

personal, ciento cincuenta y cinco millones ochocientas siete mil ochocientas cuarenta y siete coma

cincuenta y cinco pesetas; gastos informativos, diecisiete millones setecientas doce mil ochocientas doce

coma ochenta y dos pesetas; gastos industriales, dieciocho millones doscientas veintisiete mil ciento

diecisiete coma cincuenta y cinco pesetas; gastos de venta, nueve millones trescientas, noventa y seis mil

ciento sesenta coma cuarenta pesetas; gastos de publicidad, sesenta y seis millones setecientas noventa y

nueve mil setecientas cinco coma ochenta y nueve pesetas; gastos generales, catorce millones quinientas

sesenta y siete mil ochocientas noventa y seis coma treinta y cuatro pesetas. Total gastos, cuatrocientos

sesenta y seis millones doscientas setenta y un mil ochocientas noventa y dos coma veintiséis pesetas.

Ingresos: publicidad, doscientos veintiún millones ochocientas treinta y cinco mil trescientas dieciocho

coma veinte pesetas; venta y suscripciones, doscientos tres millones doscientas dos mil novecientas

cincuenta y siete coma quince pesetas; residuos, ocho millones trescientas cuarenta y tres mil

cuatrocientas ochenta coma cincuenta y nueve pesetas; servicios informativos, treinta y dos millones

ochocientas noventa mil ciento treinta y seis coma treinta y dos pesetas. Total Ingresos, cuatrocientos

sesenta y seis millones doscientos setenta y un mil ochocientas noventa y dos coma veintiséis pesetas.

«COMO SI ESPAÑA FUERA LA FINCA DE LOS INTERESES CREADOS...».

El tema económico no es ameno, y cada cual es soberano de sus propias cuentas. Emilio Romero se ha

levantado un momento para reclamar las cifras exactas, y el administrador ha entrado con unos papeles.

Parecen constituir una gruesa Memoria —«Pueblo» tiene un Consejo de Administración— pero las cifras

son las ofrecidas a finales del pasado mes de diciembre. Ciertamente, en esto no surge nada nuevo, ni, que

se sepa, fue nunca objeto de redamación.

—Señor Romero, todos sabemos que usted es tan discutido, al menos, como- «El Cordobés^. ¿Se fe

combate sólo por su éxito o será que usted se complace un poco en que le ataquen? ¿No será también que

piensa usted: «que hablen de mí, aunque sea bien»?

Tras las gafas oscuras y de cerco cuadrado surge una chispa, como dicen que sucede en los trópicos

cuando el sol se oculta. El señor Romero cambia la posición de sus piernas: ahora es la izquierda la que

descansa sobre la derecha.

—Una de mis diferencias con «El Cordobés» es que yo no pienso retirarme. Una de mis coincidencias

con «El Cordobés» es que los dos llenamos las plazas.

¿UN PERIÓDICO O DOS PERIÓDICOS?

«¿Pueblo» compró hace pocos años una segunda rotativa, al parecer alemana, de gran rendimiento. La

verdad es que la mitad de la prensa de Madrid podría editarse en estas dos grandes máquinas cuyo rumor

comienza a llegar hasta nosotros. Todo el edificio tiembla un poco, como si este barco inmóvil pusiera en

funcionamiento sus calderas.

—´Después de la Ley Sindical, que ha dado existencia plenamente legal a ´los Consejos de Trabajadores y

Empresarios, ¿no sería mejor que la Organización Sindical tuviese dos diarios, uno órgano de los

trabajadores y otro órgano de los empleadores? ¿No fue acaso para eso por lo que hace años compró

«Pueblo» una gran rotativa que importó bastantes millones de pesetas?

—He defendido siempre la idea de que la Organización Sindical debería tener dos periódicos, uno de

línea social y otro de Iinea económica. Pero pienso también que la línea económica está suficientemente

defendida por un buen grupo de periódicos conservadores españoles. Sería conveniente que existiera este

periódico económico de la Organización Sindical, pero no representa una verdadera necesidad. Sin

embargo, los medios sociales españoles, los obreros, necesitan la existencia de «Pueblo», porque es un

sector de problemas que siempre ha tenido voz, y sería injusto que no la tuviera ahora. La moderna

rotativa ha asumido los incrementos de tirada de «Pueblo».

ESPAÑA MERECE UN PERIÓDICO DE 500.000 EJEMPLARES

La Organización Sindical, cuyo enlace con el Gobierno es el señor García Ramal, ministro de Relaciones

Sindicales, está gobernada por un Comité Ejecutivo, del cual forman parte los más altos cargos de la

Organización, unos nombrados, los más electivos. En la enorme Casa del Paseo del Prado nada

importante puede hacerse sin que él Comité Ejecutivo I o determine. Después, existe una Junta

Económico-Administrativa, que es quien tiene los cordones de la bolsa. En pequeño, algo así como en las

Cortes la Comisión de ´Presupuestos.

—Don Emilio, una pregunta algo indiscreta. En la ampliación de «Pueblo», ¿cuenta usted con él respaldo

del Comité Ejecutivo de la Organización Sindical, al cual creo que pertenece como experto?

—El Comité Ejecutivo de la Organización Sindical decidió por unanimidad hacer ta programación

expansiva de «Pueblo». Si ahora tuviera que reconsiderar el asunto, por la acción de los grupos de presión

periodística del país, yo me reduciría a decir exactamente lo mismo que dije entonces: que la opinión

pública Es casi ocioso advertir que estas opiniones que don Emilio Romero ha tenido la amabilidad de

confiarnos, son sus puntos de vista acerca de un tema de notable interés público. El señor Romero dispone

del periódico que dirige, en eí que el pasado lunes día 5, expresó, con su firma, parecidos argumentos a

los que ha expuesto a nuestro redactor en estas páginas; también la acra parte tiene en su mano la más

fuerte concentración de prensa diría y no diaria. No obstante, estas modestas páginas están a la

disposición de quienes, aludidos por unos, deseen utilizarlas para mejor esclarecer este tema que,

ciertamente, interesa a todos los españoles cultos.

Española no puede depender, err sus demandas y en su Información, de dos periódicos de naturaleza

familiar; que los Sindicatos están indefensos de información y de opinión en el país, y ello resulta una

paradoja, en cuanto a que los Sindicatos españoles encuadran al ochenta por ciento de la población activa;

que a los trabajadores les interesa vitalmente un periódico de gran circulación; que España merece un

periódico de quinientos mil ejemplares, que ya tendría cierta imagen europea; que los beneficios políticos

y socioeconómicos de un periódico de quinientos mil ejemplares compensaría con creces una pérdida

razonable, si la hubiera, a la manera como algunos grupos económicos españoles están costeando otros

periódicos privados para la defensa de sus intereses; que no hay ninguna ley. que impida la expansión de

una empresa periodística; que hay, sin embargo, leyes contra la limitación de la competencia, y que un

periódico de gran compromiso social, como «Pueblo», está en condiciones´ de impedir el monopolio

informativo y político que se oculta bajo algunos periódicos denominados privados o independientes.

LOS «EMPRESARIOS MEDIEVALES» Y LAS «GRANDES FAMILIAS».

¿Cuáles son esos grupos que están costeando periódicos, y qué les mué* ve? No es momento de preguntas

tan indiscretas, pero, más o menos, todos conocen parte de la posible respuesta. Ahora sí que en la voz

del.señor Romero ha surgido como un leve enojo. Por lo menos, ha golpeado fuertemente con su mano la

mesa. Un gallo, que ocupa él centro, ha temblado levemente. Después de examinar todo lo expuesto,

queda una curiosidad: ¿Qué es exactamentete «Pueblo»?

—Entrando en otro orden de consideraciones, señor Romero, ¿cómo definiría usted al periódico

«Pueblo»?

—Un periódico responsable, que no elude la crítica objetiva ni la información; un periódico moderno, qué

no acota espacios, ni tiene tabúes; un periódico vibrante, constituido por las gentes nuevas del país; un

periódico diverso, que incluye y valora . todo aquello que tiene una expectación en la calle.

Ahora, Emilio Romero habla como quien ha repetido cien veces lo que está diciendo. En ´la sala grande

del periódico, donde se celebran exposiciones de arte, estuvo, en tiempos, un gran letrero: «Todo para el

pueblo, pero con el pueblo». Era el «slogan» de un periódico, sobre todo, político, porque parece que un

Sindicalismo sin raíces políticas es como un gran árbol seco. ¿Es posible hacer política y vivir de los

propios ingresos? La pregunta es esta:

PERDER O NO PERDER DINERO

—Los periódicos políticos, en casi todas partes pierden dinero y tiran poco. Con «Pueblo» sólo sucede

una de las dos cosas. ¿A qué se debe este fenómeno de tirar mucho y, sin embargo —como le censuran a

usted—, perder dinero?

—El «milagro» de «Pueblo» ha sido este. Los periódicos institucionales suelen tirar poco, mientras que

«Pueblo» forma parte de los cuatro grandes de la prensa española. La única diferencia en el orden

económico, que tiene «Pueblo», respecto a los otros tres, es que ellos tienen más publicidad, por estas dos

razones: porque la prensa de la tarde tiene menos publicidad que la de la mañana, y porque la publicidad

suele ir menos a los periódicos institucionales, aunque se dé la paradoja, como en este caso, de su gran

tirada. En cualquier caso, nuestra publicidad media viene siendo del veinticinco por ciento, que no tiene

precedente en toda la historia de la prensa institucional española. Y le reitero que el periódico «Pueblo»

no pierde dinero, aunque tampoco gana. Nuestro proceso de crecimiento -es ininterrumpido desde mil

novecientos cincuenta y seis.

¿Por qué «ellos» tienen más publicidad? Hay una cierta limitación, establecida en normas concretas, para

que al lector no se le dé gato por liebre, o un boletín de anuncios en lugar de una información de los

sucesos y el comentario correspondiente. Claro, que la prensa tiene que vivir de ´la publicidad. Sin ella, no

pagaríamos el papel y la imprenta. El siglo diecinueve trajo a la prensa tres grandes inventos: la rotativa,

la publicidad y el telégrafo. Hoy la publicidad llega como puede, y la información por las agencias. Pero

sin publicidad —esto es, sin anunciantes y amigos—. la prensa se muere, pues no alcanza a pagar sus

costes, que son inmensos.

Tras el director que responde —y es legítimo que lo haga «pro domo sua»— está el hombre que ha hecho

otras muchas cosas. Libros políticos, comedias, novelas... Discursos, bastantes propios y acaso alguno

ajeno. Hay que conocer —más allá de la persona del director— los gustos de este hombre complejo que

se llama Emilio Romero.

«HAY QUE PAGAR UN PRECIO. LO ESTOY PAGANDO»

—¿Qué le gusta más a usted? ¿Hacer editoriales, escribir comedias, dar conferencias o recibir ataques?

¿O le gusta a usted todo, y al mismo tiempo?

—Mi oficio de escritor no me hace profesionalizar los géneros. Pero hay una idea equivocada sobre mi

espíritu polémico. Lo que me ocurre es una circunstancia original que es propia de nuestro país. Quien

expone criterios, se indispone. Dice el profesor Fueyo: «Quien escribe se proscribe». Nos llenamos la

boca diciendo que nos gusta la libertad, y lo que únicamente nos gusta es la libertad propia, pero no la del

prójimo. Por otro lado, he tenido la fortuna de algunos buenos resultados en mis empresas literarias,

periodísticas o políticas. Entonces hay que pagar un precio. Lo estoy pagando.

Lo cierto es que en este mundo todo se paga: la popularidad, la vida, incluso el éxito. Hace muchos años

escribía Unamuno que quien pesa se hunde, y el necio —como el corcho— flota siempre. Seguimos

teniendo bastantes corchos, y de ellos se dice que «están a flote». En cambio, cuando de alguien se dice

«ese hombre tiene peso», o está perdido... o es demasiado gordo.

«LOS EMPRESARIOS MEDIEVALES DE LA PRENSA ESPAÑOLA»

Está acabando la entrevista con Emilio Romero, que sólo parece haber mostrado una pequeña parte de su

pensamiento, o, como se diría popularmente, apenas ha abierto el saco y mostrado lo que lleva dentro.

Esperábamos rayos y sólo han caído algunas chispas. Si ´los empresarios —algunos empresarios—

combaten a Romero, ¿no es también Romero un empresario, porque en «Pueblo» es el director gerente?

Por eso, acabamos preguntando:

—Ultima pregunta, señor Romero; en el Sindicato de Prensa, donde los empresarios le combaten, ¿no es

usted también un empresario, con el mismo derecho que todos a plantear la ampliación de una empresa?

—Tiene usted razón. Los empresarios que se oponen a la expansión de «Pueblo» se han expansionado y

se expansionan. Pero se oponen a que se expansione «Pueblo» invocando solamente una ley: la del

embudo. Finalmente, tengo que decirle que ´no entiendo cómo se ha personalizado este asunto. El

periódico «Pueblo» no es mío; soy, exclusivamente, el director. El problema. debe plantearse entré la

empresa propietaria de «Pueblo» y los empresarios medievales de la prensa española. Lo único que me

pertenece es la opinión, que coincide exactamente con las razones expuestas, y con el acuerdo del Comité

Ejecutivo de la Organización Sindical.

La entrevista ha acabado: don Emilio Romero, los «feudales», la Ley de Prensa, la libre competencia, la

«ley del embudo»... España es todavía diferente, y de fronteras afuera sería inimaginable que un

periódico, o grupo de periódicos, se opusiesen a la expansión de otro. ¿Tiene razón el señor Romero, y a

«Pueblo» se le tiene miedo? ¿Es cierto que hay que dotar de prensa diaria a quienes hoy leen sólo la de

ciertos grandes feudales, que se reservan a los lectores como si fuesen las piezas de un coto de caza?

«Privado, prohibido el paso». Pero, ¿será toda España un coto de caza? Un día, un senador

norteamericano afirmó que «los Estados Unidos son el enorme melonar de unos cuantos». En el fondo de

la cuestión no entramos. Simplemente —perdónese esta precaución— la transitamos. Los primeros

espadas de la gran prensa tienen la palabra, ´aunque acaso algo tengan que decir también la

Administración y la sociedad y... Pero, ¿no hemos dicho que no opinamos?

Vuelve a sonar el teléfono, y esta vez no es ni un ministro, ni una primera actriz, ni siquiera Sesé quien

llama. Es el redactor-jefe, que pregunta si el director ha aprobado la primera página. Nos vamos, porque

habíamos olvidado que «Pueblo» tiene que salir cada^tarde. ¿Ofende por ser sindical o porque realmente

se le espera en.,la calle? No, decididamente, no opinamos. • PEDRO CARREÑO.

 

< Volver