Autor: Fernández-Cuesta Illana, Nemesio. 
   No podemos guardar silencio     
 
 ABC.    24/03/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

NO PODEMOS GUARDAR SILENCIO

Por Nemesio FERNANDEZ-CUESTA

EL problema de la economía española es político. En cualquier caso su principal problema es político. De ahí el error de unas directivas económicas divorciadas de toda posibilidad política: es decir privadas de actualización. Cuando la economía esta en la calle carece de sentido diseñarla en. los despachos. Cuando el pulso de la economía es débil y los precios y el desempleo se disparan la conflictividad social es inevitable. O se aplasta o se encauza: Conciliar tal situación y las aspiraciones democrática,- exige el pacto social, que ahora todos coincidimos en pedir. El pacto, a su vez es imposible sin un consenso político, lo que significa pasos adelante y negociación.

La democracia soporta difícilmente el paro. Avanzar hacia ella con un fuerte desempleo es prácticamente inviable. Aquí la economía es la que impone sus condiciones. Resolvemos pronto el problema económico o la política se vera maniatada Sólo la victoria sobre _la crisis facilitará la aceleración política.

Primacía de la política o de la economía en esta hora. No debemos plantearnos el dilema. Podemos cortar el nudo gordiano si no dejamos que una y otra se deterioren más La realidad aconseja trasvasar cuanto antes la extralegali-dad a la legalidad para que cada cual juegue su verdadero papel. Sólo asi acabaremos con la ficción y el simulacro y cobrará sentido ese pacto social, irviable si se prescinde de sus auténticos protagonistas.

Por ello, la empresa se ha convertido en concepto polémico y campo de controversia. No sólo en España. Se postula la reforma de la empresa para alcanzar el pacto social, sin el que no son posibles ni la política ni la .economía. La economía queda en el epicentro de la estrategia política Se pide una empresa nueva porque se quiere una sociedad distinta y esta tarea se carga sobre los hombros del empresario. Ya no basta asumir el riesgo de una inversión, aportar un valor añadido, asegurar puestos de trabajo, dotar al Estado de una base impositiva y crear, en suma, riqueza nacional. Ahora se le impone la tutoría de la paz social, como si el empresario fuera el gran responsable de su alteración Se le presenta como el villano de la historia y los Gobiernos enarbolan las banderas políticas del torniquete tributario y de la reforma de la empresa para encontrar un chivo expiatorio y íparentar sentido social.

Ciertamente, en España llevamos mucho retraso en las reformas de nuestra empresa. Reformas de mentalidad, de estructura y de legislación. La empresa no puede vivir disociada de la sociedad y de su organización política. No monopoliza la inocencia ni la culpabilidad, pero es injusto, y casi suicida, que la convirtamos: en un rompeolas del temporal político con la ingenua pretensión de eludir otras responsabilidades.

La política, lo primero Las transformaciones que requieren nuestra sociedad y nuestra empresa son políticas, pero si contemplamos indiferentes el hostigamiento al empresario, la destrucción de su imagen, la desaparición de toda rentabilidad y estímulo: si continuamos encadenándole a un sindicalismo oficial, carente de credibilidad por su probada ineficacia, y no le ofrecemos un mínimo horizonte de certidumbre y coherencia económicas, la factura que pasará nuestra economía puede echar por tierra cualquier planteamiento político. Hace muy poco Schmidt replicó a Giscard: «¿Revaluar el marco? Un suicidio ante las elecciones.» La devaluación del franco ha sido un duro golpe a las posibilidades futuras del presidente francés. La política, por serlo todo, está hecha también de economía, a la que paga siempre un oneroso dividendo. ¿Lo olvidamos en España?

No guardemos silencio cuando- el peligro es tan cierto y la amenaza tan grave. Los empresarios españoles no pueden guardar silencio por más tiempo, cuando se pone en juego el entramado económico y social del país, que hoy permite plantearnos las reformas política estas reformas son las que harán posible el pacto social, sin el cual el proceso económico será el tejer y destejer del manto de Penélope. Un proceso económico, téngase muy presente, cuya pérdida prolongada de ritmo provocaría frustraciones sociales de i» calculables consecuencias políticas justamente en el discurrir auroral del reinado de Don Juan Carlos.

Córtese este nudo gordiano por quien pueda cortarlo. No podemos cambiar la realidad del país y sus exigencias. El empresario, hombre siempre de realidades, lo percibe claramente. Por ello no puede guardar silencio y pide dejar de ser un mero objeto de experimenta-cion política. Y, hombre de realidades, sabe que será así mientras no organicemos democráticamente nuestra sociedad, ganemos la convivencia, autentiquemos las representaciones de empresarios y trabajadores y nos abramos el crédito de nuestra propia confianza y nuestra firme decisión de hacer cada vez más España. En otro caso, será cierto eso de que. «nos estamos cargando el páis».—N. P.-C.

 

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